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Katy Mikhailova

Cirucomplejines

Dejemos las cosas como Dios las hizo y dediquémonos a darle más uso a las neuronas.

Katy Mikhailova
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Observo con gran detenimiento últimamente, en ciertos círculos, un tipo de moda que es la de crear –quizá recrear, porque algunos ya están avanzados- complejos. Y se trata de la cirugía estética. Son cirujanos plásticos que se dedican a generar complejos en mujeres, en contextos, además, poco apropiados. Véase por ejemplo una fiesta agradable con unos amigos. Yo sin ir más lejos aparecí, de casualidad, en uno de esos saraos, porque uno de mis compañeros de paddle cumplía años. Pues bien. Imagínense al clásico cirujano cincuentón, en plena crisis existencial o más bien económica, buscando clientela y ya de paso ligar con toda falda que se mueva.

La táctica es la siguiente: acercarse a chicas monas, del montón, pero resultonas. Primero hay que halagarlas; después sobornarlas a través de frases –y cito textualmente-: "He tenido 16 amantes al mismo tiempo", "mi divorcio me ha costado 10 millones de euros", "por suerte me he quedado con mi barco y mis coches"-; y pasar, a las dos horas, a dar consejos sobre su estado físico sin que las pobres víctimas lo soliciten. "Eres un diamante en bruto, pero hay que pulirte", escuché decir semejante banalidad a este orangután. El cirujano –que debería empezar por operarse el cerebro; y después sus orejas de soplillo, adelgazar al menos 10 kilos, y arreglarse los dientes - proseguía diciéndole "sí, eres una chica muy guapa, pero con una talla más de pecho y con algo más de pómulos serías una top". Esperanzada de que la chica en cuestión le mandara a freír espárragos, no pude menos que sorprenderme al ver que la niña mona se rió y le siguió preguntando por precios y demás informaciones.

Pero la cosa no se había quedado ahí. Otra del mismo grupito cayó en las garras de aquel cirucomplejín. El tipo le prometía algo así como una rinoplastia sin intervención quirúrgica, que consistía en la inyección de ácido hialurónico en los laterales de la nariz. Todo ello, con el fin de jugar con el efecto óptico que dicho producto proporcionaría para darle un "acabado" más "perfecto". Como les pasará a ustedes, no tengo ni la menor idea de la efectividad de la "sencilla" intervención, pues más bien sonaba aquello a un destrozo de la nariz a base de inyecciones que Dios sabe en que acabaría.

La crisis achaca tanto a este sector que algunos cirujanos, cuales leones hambrientos y desesperados, se lanzan a la selva –sí, a la noche, que es una selva más- a buscar presas. Presas débiles, frágiles y que, acomplejadas por los cánones que venden los medios de comunicación, terminan cayendo en las manos del cincuentón avaricioso -que vayan ustedes a saber qué concepto de belleza tiene-. ¿El concepto de las chonis de turno de Mujeres y Hombres y Viceversa?, ¿esas, con cerebros de mosquito, pechos inflados de silicona cuales vacas frisonas, inertes extensiones en sus huecas cabezas y minifaldas -que se asemejan a maxi compresas- que buscan a un futbolista para pegar el braguetazo del año? ¿Quiénes se han creído, ustedes, cirujanos con complejos, para intentar hacer lo que Dios no hizo, lo que la naturaleza no dio? Y, si una mujer decide, usando sus propios argumentos racionales, ponerse en manos de un profesional persiguiendo un cambio en su físico porque se sentirá mejor – ¡que conste que es legítimo querer mejorar! ¡Otra cosa es obsesionarse!-, que vaya ella misma a visitarles, pero no promulguen su estropeada y simulada visión de la belleza, pues lejos quedan de estar en lo cierto. La arruga es bella, decía el eslogan de Adolfo Domínguez. Dejemos las cosas como Dios las hizo y dediquémonos a darle más uso a las neuronas, que eso es lo que nos diferencia de los monos, al fin y al cabo. Y saquemos al país adelante, pero sin complejos, por favor.

Directora y presentadora de esModa y colaboradora de Es la Noche.

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