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Ni una palabra de más

La actriz Merritt Wever, inesperada ganadora en los Emmy, pronunció el discurso más breve de la historia.

Rosa Belmonte
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En ese bazar de las sorpresas que fue la ceremonia de los Emmy, destacó Merritt Wever, la actriz de Nurse Jackie, al recoger su premio. Subió y lo agradeció: "Muchas gracias... Muchas gracias... Me tengo que ir. Adiós". Y se fue como el conejo de Alicia, que siempre ha tenido más prisa que el conejo de la Loles. Viva tú (es lo que le dijo Rocío Jurado a Chavela Vargas una vez). Es lo que me sale para elogiar su brevedad. Llega a subir Julianín Contreras (el hermano del novio) y todavía estamos escuchándolo. A nadie, quizá a su familia y a sus amigos, le importaba lo que pudiera decir Merritt Wever, así que ella correspondió con el discurso más corto de la historia. También es verdad que se quedó tan muerta como nosotros al escuchar el nombre. "And the Emmy goes to... Merritt Wever". ¿Quién? Claro que la conocemos, somos lo suficientemente frikis. La conocemos de Nurse Jackie, de New Girl, de Tiny Furniture o de Studio 60 on the Sunset Strip. Pero estaba de relleno. Demonios, que las otras candidatas eran Jane Lynch, Jane Krakowski o Julie Bowen. Vale, también Mayim Bialik, Sofía Vergara y Anna Chlumsky.

Pero ese tiny discurso, tan anti Greer Garson, la reivindica. La protagonista de La señora Miniver recibió su Oscar en 1943 apoyada en una mesa baja y con Joan Fontaine detrás a punto de que le diera un soponcio. Garson estuvo cinco minutos y medio hablando, aunque las crónicas llegan a decir que su discurso duró una hora (todavía no se televisaba la ceremonia). Otras fuentes aseguran que la tabarra duró más que su papel en la película. Puede parecer que esas cosas ya no pasan. Pero, aunque te pongan música disuasoria y amenazante, los pesados de los discursos siguen ahí. A mí qué me importan tu marido y tu agente. Como si no tuviéramos bastante con escuchar (y ver) a Elton John. Más allá de que Wever se viera obligada a balbucear por la sorpresa, la brevedad está infravalorada. "He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta", escribía Pascal. La brevedad (la buena) es un mérito. Y fruto de un esfuerzo.

Veo esos libros que lee la gente en el metro y me pasmo. Y tampoco es que tiren de Thomas Pynchon (los americanos escriben libros que se tienen que leer en mesas de matar marranos). Se lee basura al peso. Un libro gordo que no sea de Tolstoi, Dickens, Proust o Sterne me parece una pérdida de tiempo. Dos de mis escritores vivos favoritos tienen libros que caben en el bolsillo del vaquero. Me refiero a Fleur Jaeggy y a Jean Echenoz. La suiza, con esa prosa de frases afiladas y ni una palabra de más. El francés, tan incisivo y profundo como minimalista, capaz de condensar la Gran Guerra en 98 páginas. Claro que Merritt Wever no es comparable, pero me ha ganado. Parece que siguiera los consejos de John Wayne: "Habla en voz baja, habla despacio y no digas mucho". Quédate sin palabras. El mundo te lo agradecerá.

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