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Carlos III, el rey que instauró la tradición del belén en España

El monarca popularizó los nacimientos con figuras al abrir al público el 'Belén del Príncipe' en Madrid, con más de 200 piezas.

El Portal de Belén, nacimiento, pesebre o sencillamente, el Belén deriva del nombre de la localidad donde nació Jesús de Nazaret, y cuya evidencia encontramos en los Evangelios de San Lucas y San Mateo.

La representación del belén tiene orígenes antiguos, ya que los primeros cristianos pintaban y esculpían las escenas del nacimiento de Cristo en las Catacumbas romanas. En el año 320 se estableció la festividad de la Natividad del Señor el 25 de diciembre. Durante el pontificado de Sixto III trasladó a Roma, desde Tierra Santa, algunos fragmentos de la "santa cuna", y los dispuso en una pequeña capilla habilitada en la iglesia de Santa María en el Pesebre, que con el tiempo se convertiría en una de las cuatro basílicas de la ciudad eterna: Santa María la Mayor.

No sería hasta 1223, cuando San Francisco de Asís llegó, junto con su hermano León, a la población italiana de Greccio. Para intentar evangelizar a la población de la región, mayoritariamente analfabeta, San Francisco pidió una dispensa al papa Honorio III para poder representar la Natividad y crear el primer belén en una cueva muy cerca de la ermita de la localidad. La tradición dice que durante la misa en la cueva, en la Nochebuena de 1223, apareció en el pesebre un niño de carne y hueso, al que Francisco tomó en sus brazos.

A partir de ese momento, la costumbre de representar el nacimiento de Jesús se difundió por toda Italia. Unas décadas más tarde, se creó el primer belén con figuras.

De la representación teatral y con personas reales se pasó muy pronto a la realización de las figuras con diferentes materiales, algo que se empezó a popularizar durante los siglos XIV y XV en las iglesias italianas, que decoraban con belenes durante las celebraciones navideñas.

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Retrato del rey Carlos III

La llegada al trono de Carlos III en 1759, que antes había ocupado el trono napolitano, introdujo este tipo de belén en la corte española. Suele decirse que Carlos III fue quien introdujo el Belén en España, aunque el belén fue introducido por los frailes franciscanos y las clarisas, convirtiéndolo en un medio para transmitir la fe católica.

Carlos III y su esposa, María Amalia de Sajonia, ordenaron instalar un Belén en el Palacio del Buen Retiro para su hijo Carlos (el futuro Carlos IV) que se conoció como el "Belén del Príncipe". Era una forma de educar, de transmitir valores y de ofrecer al heredero de la Corona una visión sensible del mundo a través de la devoción religiosa que la reina María Amalia transmitió a sus hijos. Se trataba de un belén que incluía más de doscientas figuras, y que abrió al público para que todo el mundo pudiera admirarlo. Ese gesto hizo posible que la tradición se extendiera.

Actualmente se mantienen únicamente 89 figuras originales, a las que se añadieron, en 2001, un nuevo conjunto de 143, adquiridas en Nápoles. Son más de 200 figuras napolitanas, genovesas y españolas que se remontan desde el siglo XVIII hasta el XXI. Constituyen este conjunto conservado el grupo del Misterio con San José, la Virgen y el Niño, con figuras españolas; los ángeles realizados en madera policromada; los pastores del anuncio; y el cortejo de los Reyes, con piezas realizadas en Génova.

Aunque varía cada año en su disposición, su organización siempre responde al mismo principio, con el Misterio como eje principal en torno al cual se agrupan numerosas escenas pobladas de figuras de carácter popular efectuando diversas acciones cotidianas y que recrean la vida bulliciosa de Nápoles del siglo XVIII con calles empedradas, posadas, lavanderas, mercados, mujeres que lavaban ropa en el río, mendigos, músicos, nobles, carniceros y diablos al acecho, porque aquí todo cabe porque en todo bien debe haber un poco de mal. Y ahí está la genialidad del belén napolitano: la de integrar lo divino en el caos cotidiano de la ciudad. Lo sagrado y lo profano, lo antiguo y lo contemporáneo, lo celestial y lo carnal, todo se mezcla sin escándalo.

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