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Ingrid y Harpo

Bimba Bosé cree que demasiada gente la vincula con la firma Bimba & Lola. Y a lo mejor tiene razón.

Rosa Belmonte
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Bimba Bosé | Archivo

Bimba Bosé tiene razón. Demasiada gente la vincula con la firma Bimba & Lola. Aquí conocíamos el pan Bimbo. O ‘El bimbó’ de Georgie Dann. Pero Bimba sólo conocíamos a la nieta de Lucía Bosé. Hasta que llegaron las sobrinas de Adolfo Domínguez con sus tiendas. Bimba hizo una encuesta para demostrar en los tribunales que la gente se confundía. Pero es que, cuestiones monetarias aparte, estará ofendida (yo lo estaría) por el hecho de que se la relacione con ese tipo de ropa cursi y wannabe. Con ese quiero y no puedo con ínfulas de Isabel Marant. Es como si a Rosendo lo relacionaran con Flamenco. Bimba ha perdido en el Tribunal Supremo el pleito que inició en 2006 por la anulación en la Oficina de Patentes y Marcas de la denominación que María y Uxía Domínguez pusieron a su marca. Según ellas, los nombres de sus perros. Otra cuestión es que el perro del logo sea exactamente igual que el de Galgo, la famosa empresa de papel. Al fin y al cabo, la ropa también es como otras (y no voy a decir que la de Zara no lo sea). La sobrina mayor de Miguel Bosé, como informaba LOC, tenía registrada Bimba desde 2003. El Supremo dice que ambas marcas pueden convivir en el mercado. También pueden convivir Donnatella Versace y Marine Vacth, pero esa no es la cuestión.

Hace poco nos enteramos de que los herederos de John Wayne habían demandado a la Universidad de Duke por el derecho de la familia de comercializar botellas de bourbon con la denominación de Duke (como era llamado el actor, apodo que arrastraba desde niño y que, curiosamente, también era el nombre de su perro). La prestigiosa universidad de Carolina del Norte dice que nunca ha estado en el negocio de la producción, marketing, distribución o venta de alcohol, por lo que quiere evitar que su nombre se vea salpicado por productos que le afecten de manera negativa. ¿Y la gente va a pensar que el whisky es de la universidad?

Una vez Ralph Lauren demandó a la Asociación Argentina de Polo, fundada en 1922, porque en su logo había un polista. Pero la más ridícula de las reivindicaciones de este tipo fue la de Warner Brothers a los hermanos Marx por querer usar Casablanca en el título de su película. La de Bogart y Bergman es de 1942; Una noche en Casablanca, de 1946. El estudio amenazó a los Marx con acciones legales (luego se olvidaron). Lo mejor del disparatado asunto fue la carta que Groucho remitió. Empezaba diciendo que no tenían la menor idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a Warner Brothers. "Parece ser que en 1471, Ferdinand Balboa Warner, su tatara tatara abuelo, al buscarle una salida a la ciudad de Burbank, se tropezó con las costas de África y, levantando su bastón (que más tarde cambió por una centenar de acciones en bolsa), la denominó Casablanca". Y continuaba: "Aun cuando pensaran en la reposición de su película, estoy seguro de que el aficionado medio al cine aprendería oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo".

La serie Cuéntame tuvo que cambiar su nombre en 2002 a Cuéntame cómo pasó (título que TVE tenía registrado hacía años) porque una compañía había registrado Cuéntame. Pretendía cobrar. Otra cosa es que todo el mundo siga llamando a la serie ‘Cuéntame’ a secas. Como Bimba a secas (su cuenta de Twitter es @bimbasecas).

Algunos tenemos estas cosas claras pero es verdad que hay gente que no sería capaz de distinguir a Ingrid Bergman de Harpo.

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