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De Molière a La Chumina

Casillas no sabe quién es Molière, pero si lo supiera también lo mandaría a tomar por saco. En realidad, pocos se toman bien las malas lenguas.

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Iker Casillas | Cordon Press

Casillas no sabe quién es Molière. Pero si lo supiera también lo mandaría a tomar por saco. El dramaturgo francés, muy sensato (muy zen-sato), sostenía que un hombre sabio es superior a cualquier insulto que se le dirija y que la mejor respuesta al comportamiento indecoroso es la paciencia y la moderación. Y no el "A tomar por culo ya, hombre" que el portero del Madrid dirigió al público del Bernabeu que lo abucheaba cuando ya había recibido dos goles del Valencia. JK Rowling se ha hartado también de los insultos en Twitter por haber apoyado a los laboristas en Escocia. "Todos los abusos que estoy recibiendo provienen del UKIP o de los nacionalistas escoceses". Encima que arrasan, montando bronca. También es cierto que la autora de Harry Potter dio un millón de libras a la campaña del no en el referéndum escocés. Entre otras lindezas, los trolls le decían: "Jódete, desgraciada y babosa zorra" o "Todos los izquierdosos como tú estáis acabados en este país". Eso además de invitarla a dejar Escocia.

Manuel Fraga no tenía Twitter pero sí trolls. En un acto público en Santiago en 2003, unos alborotadores empezaron a gritarle de todo. "¡Que pasen los antidisturbios!", fue su reacción. A Rita Barberá le ha salido la Fraga que lleva dentro. Iba por un mercado haciendo campaña y se cruzó con una joven que la acusó de quitarles el dinero. "Estás mintiendo, eres una manipuladora", dijo la munícipe por antonomasia. Como la otra seguía, Rita la señaló con el dedo: "Estás incitando a un delito y te voy a identificar en este momento". Pero la cosa quedó ahí. Rita Barberá es muy partidaria de usar el dedo. Lo hizo con un periodista en una rueda de prensa cuando este le criticó la construcción del circuito de Fórmula 1 y lo hizo con un chico que la increpaba en el barrio de Benimaclet (esto se ve en el maravilloso tumblr ‘Rita mirando cosas’).

Una tarde de junio de 1983, Curro Vázquez estaba siendo increpado por un sector de Las Ventas (el de siempre) a pesar de una gran faena de muleta. El diestro miró al tendido y fue cogido, como si se ofreciera en sacrificio a quienes lo insultaban. La cornada en la femoral hizo que la sangre brotara como de un surtidor. Hay formas más graciosas de enfrentarse al público en una plaza. Un amigo preguntó al Gallo cómo había estado una tarde. "Las opiniones estaban divididas". "¿Entre tú y El Bomba?". "No. Unos se metían con mi madre y otros con mi padre". Más de El Gallo. Toreaba una de esas corridas en las que había seis toros para dos toreros. Había matado al primero sin mucha suerte. Un espectador gritó: "A la cárcel con El Gallo". Su reacción: “Que más quisiera yo, con lo que me queda ahí dentro”. Y El Tato (el del s. XIX), que perdió una pierna en una cogida y tenía una postiza que llegó a exponerse en una farmacia, estaba un día en el callejón cuando un toro saltó. Y el público: “El cojo, que coge al cojo”. El Tato se volvió al tendido: “Coño, dejad al toro tranquilo, que coja a quien quiera”.

Dice La Chumina, la madre de Chiquetete, que se teme más a las malas lenguas que a la mano de un verdugo. Qué genia. Pero, como esos toreros, hay quienes se toman bien las malas lenguas. El poeta Carl Sandburg brindó una vez en una cena por Gary Cooper diciendo: "¡Por uno de los más grandes analfabetos que ha conocido el país!". El actor respondió: "De lo único que estoy verdaderamente orgulloso es de los muchos amigos que tengo en esta comunidad". Anda, como Casillas con su pandilla de periodistas.

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