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De Juan Pliego a las arpías

No nos acordamos, pero Lola Gaos era mucho más beligerante que todos los Bardem juntos.

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Juan Diego | Efe

Saza, un señor de derechas de toda la vida que iba por Los Alcázares en su BH, decía a Amilibia que no sabía lo que era el Estatut (había nacido en Barcelona). Que no se lo había leído, que jamás había entendido las cosas que decían los políticos. Que le parecía muy bien que los actores se expresaran políticamente pero que él prefería trabajar y callar. El otro día salía Joaquín Kremel en Qué tiempo tan feliz para recordar a Lina Morgan, con la que trabajó en Hostal Royal Manzanares. Además dijo que, como gracias al IVA cultural es difícil sacar adelante un proyecto teatral, se dedicaba a disfrutar de su papel de abuelo. Desocupado, Joaquín Kremel está muy presente por lo que pone en Twitter. Por sus críticas al Gobierno, a Rajoy y al PP en general. Como diría Saza, me parece muy bien que los actores se expresen políticamente. Algo que es absolutamente natural. Aquí y fuera. Ahí están Ricardo Darín, Depardieu, Sean Penn, Martin Sheen, Susan Sarandon y Tim Robbins. O Marlon Brando en su día. Y en España, los Bardem o Guillermo Toledo.

No nos acordamos, pero Lola Gaos era mucho más beligerante que todos los Bardem juntos. En 1976 la llegaron a detener por apoyar a los trabajadores de Lever Ibérica en una reunión sindical. En sus memorias, María Asquerino, recordaba que en los 70 la actividad política era intensa y que en esa actividad estaba el compromiso de la firma: "Era la época en que Juan Diego iba siempre con un papel en la mano. Cómo sería que le llamaban Juan Pliego". Eran otros tiempos, pero también son otros tiempos los de ahora en Cataluña. Y por eso es lógico que haya actores y artistas que se signifiquen.

Lluis Llach es el cabeza de lista de Junts pel Sí por Gerona. El cantante no considera que los de Catalunya Sí que es Pot sean adversarios. Tiene gracia que Vicky Peña, a la que Victoria Federica Marichalar cada vez se parece más, esté en Catalunya Sí que es Pot y su madre, Montserrat Carulla, en la candidatura Junts pel Sí. Sobre todo porque no son Joan Crawford y su hija Christina. Carulla, la extraordinaria madre de Pepe Sancho en Crematorio, ha aclarado sus palabras de 2013 al recoger el premio Gaudí (lo de los trenes de Franco llevando gente a castellanizar y diluir Cataluña). "Falta el fragmento de la grabación donde decía que el efecto fue el contrario: la inmensa mayoría de los inmigrantes se integraron perfectamente en Cataluña y la quiere como si fuera su tierra. Al margen de qué identidad sientan propia cada uno, saben que esta tierra les acogió, que han ayudado a mejorar a Cataluña, que no le deben ningún favor a nadie y que es aquí donde nacieron sus hijos y sus nietos, que son tan catalanes como yo".

En 1998 se estrenó en Barcelona La reina de la belleza de Leenane, de Martin McDonagh. Las protagonistas eran Vicky Peña y Montserrat Carulla. Interpretaban a dos mujeres cuyo único fin parecía ser hacerse daño mutuamente. "Dos arpías temibles y horribles en una dura y ácida confrontación. Malevolencia, odio, resentimiento… Tenebrosa poética de un realismo minucioso en una Irlanda inhóspita tan abrupta como sus acantilados", escribió Javier Villán de la memorable exhibición de ambas actrices.

Lo peor de las elecciones (y de los pretendidos plebiscitos) es cómo nos ponemos de los nervios. Por ir en candidaturas independentistas (y por los trenes), a Peña y Carulla hay quien las ve, en la vida real, como dos arpías temibles y horribles. Como a la cuñada de Pol Pot. Con lo tranquilo que estuvo Saza.

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