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Los guateques del 18 de julio

Lola, Paquita y Carmen Sevilla eran como hermanas. Las tres recibieron invitaciones de Franco para uno de sus guateques del 18 de julio.

Rosa Belmonte
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El balcón de la luna | Archivo

A Lola Flores no le gustaba la idea que Luis Saslavsky tenía para El balcón de la luna. "Está usted un poquito equivocado", le dijo. El director de la película quería un final triste y que Paquita Rico, es decir, Pilar Moreno, muriera al final. Tampoco era tan grave, Paquita Rico obtendría su mayor éxito cinematográfico muriéndose en ¿Dónde vas Alfonso XII?. Lola, Paquita y Carmen Sevilla eran como hermanas. Recordaba Paquita que, además, iban a los estrenos con grandes pañuelos para que no se las viera reírse tanto como se reían. Y ya se sabe que los nombres de los tres se pusieron en aspa en el cartel para que no destacara ninguna (hombre, el de Carmen, en vertical, era el menos legible).

En la misma entrevista de Mario Niebla del Toro donde Paquita contaba lo de los pañuelos, recordaba que todos los 18 de julio Franco la invitaba. "Era el Caudillo y había que cumplir con él". Y también: "Eran fiestas muy importantes. Éramos muy bien tratadas, desde luego. Franco era el Jefe del Estado. No nos planteábamos nada. No habíamos tenido tiempo de leer mucho. Nos preocupaba más no pasar hambre. Franco era muy agradable con todos los artistas. Me llamaban y yo iba sin más reflexión. Éramos las estrellas del país. Nunca he tenido una tendencia política definida. Soy artista".

Algo parecido sostenía Lola Flores sobre esas recepciones que tuvieron lugar de 1940 a 1975 (y lo mismo se podía decir de los festivales navideños del Teatro Calderón). En 1977, según recoge Juan Ignacio García Garzón en El volcán y la brisa, decía: "Yo he vivido, como todos, con Franco y soy franquista. Nunca he entendido de política. Ahora es cuando empiezo a enterarme y no he encontrado nada que me convenza". En sus memorias iba al asunto de la Granja: "Muchos de los que hoy dicen que no han ido nunca y hablan mal de Franco allí estaban, que me acuerdo de sus caras y sus nombres. La gente le decía a Franco Generalísimo. Yo le decía Franco, que es más corto". Recordaba que era muy serio pero que sonreía siempre que ella le cantaba o bailaba. En 1961, estaba llorando por molestias en el embarazo y él se le acercó para preguntarle. "Si acaso para llorar, yo, que estoy lleno de problemas, pero tú…". Lo cierto es que en esos actos tampoco es que hubiera mucho contacto con Franco y su mujer. Según Lola, había un besamanos, se hacían una fotografía que luego les regalaban y ya no se veían más. Pero se lo pasaban en grande entre ellos con aquellos "guateques y buffets" mientras ensayaban.

Imperio Argentina era de las que reculó. De una de las recepciones en los años 40 escribe en sus memorias: "Fui porque me habían invitado y no me parecía prudente excusar mi asistencia". "Aunque la recepción al Cuerpo Diplomático tenía lugar por la noche, los artistas teníamos que acudir por la tarde para ensayar en el antiguo teatrito". En todo caso, Imperio Argentina también cuenta que no se mezclaban con los invitados, que comían aparte. "Al terminar de cenar vinieron a saludarnos el general y su esposa, doña Carmen Polo, pero no venía con ellos ninguno de los invitados, ni siquiera el embajador argentino, a pesar de que allí se encontrara una compatriota".

Antonio el bailarín también habla en sus memorias de la invitación que recibió en 1950. "Me acuerdo perfectamente de que cantó Victoria de los Ángeles, tocó el guitarrista Regino Sáinz de la Maza y nosotros bailamos. Después nos pusimos en fila y ‘su excelencia’ nos saludaba a todos los artistas". Al llegar a él le dijo: "Baila usted muy bien, parece de goma".

Al que le cayó la gorda de verdad fue al maestro Quiroga, que había sido depurado e inhabilitado para cargo público pero al que llamó la Casa Civil de Franco para que organizara el espectáculo (y los artistas le debían favores, así que no se negaban). Le dijeron que se trataba de "Un servicio a España en horas de dificultad". También le explicaron que el agasajo, pese a la fecha elegida, no era para Franco sino para el cuerpo diplomático en tiempos en que la aislada España necesitaba mimar a los embajadores. Esos embajadores con los que los artistas no se mezclaban.

La democracia se diferencia de la dictadura en que la gente se mezcla. Las recepciones del 18 de julio y las del 24 de junio en los Jardines del Moro con motivo del santo del rey Juan Carlos tenían poco que ver. Pero la gente invitada era casi la misma. Entre otras, Lola, Carmen y Paquita. Hoy ni existen ellas ni las recepciones. España es más aburrida.

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