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Mila Ximénez: una vida de lujo, ruina, pasiones y broncas

Mila Ximénez anunció esta semana que sufre cáncer de pulmón. Una mujer de carácter fuerte, luchadora, que plantará cara a la enfermedad.

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Mila Ximénez anunció esta semana que sufre cáncer de pulmón. Una mujer de carácter fuerte, luchadora, que plantará cara a la enfermedad.
Mila Ximénez en 1990 | Gtres

Me permito transcribir estos hermosos versos del gran poeta Ángel González, de "Palabra sobre palabra": "Añorar el futuro que no existe / es aceptar la vida despojada de sus días mejores, / y vivir es igual que haber vivido ya, / sin que ese haber vivido / suponga - por desgracia - estar ya muerto". Fragmentos de un poema que Mila Ximénez incluyó al comienzo de su libro autobiográfico "Perdón, si no hablo de mí".

Si los traigo a colación no es caprichosamente. Me empuja a ello la dolorosa noticia que ella misma dio a conocer el pasado martes, día 16, en el transcurso del programa Sálvame, anunciando que padece cáncer. Inicia ahora una larga travesía para someterse a los cuidados médicos: duras sesiones de quimioterapia y radioterapia. "Tengo miedo", ha confesado, apoyándose en sus compañeros. Su hija Alba, de treinta y seis años, se reúne con ella, viajando desde Amsterdam, donde reside junto a su marido, Aviv, con quien tiene dos retoños, Alexander y Victoria. Amigos de la colaboradora del programa de Telecinco le han enviado mensajes de ánimo. Y a través de su sobrina Anabel, Isabel Pantoja, que en otros tiempos tuvo sonados enfrentamientos con ella, también le muestra su apoyo. Digo de resaltar ese gesto. También la creadora de "Se me enamora el alma" tiene su corazoncito; que ella ha sufrido lo suyo y tampoco se han solidarizado mucho con ellas en el pasado.

Milagros Ximénez de Cisneros Rebollo, Mila, es un personaje bien conocido en toda España por sus apariciones televisivas en un montón de programas. Su modo de actuar en esas tertulias de chismes e historias sobre los habituales de la prensa del corazón resalta que es mujer temperamental, directa, que no vacila en adjetivar conductas, peleándose verbalmente en directo con quienes no comulgan con sus predicamentos. Visceral siempre. Encaja a la perfección con el argumentario de Sálvame, como antes lo fuera en otros espacios de similar factura; de ahí que su ausencia por unos meses a causa de su enfermedad (siempre ha sido fumadora impulsiva) ha de sentirla la audiencia.

Pero ¿quién es Mila Ximénez, y cómo llegó a conseguir esa popularidad, a veces revestida de signos negativos? Nació en Sevilla hace sesenta y ocho años, cumplidos el pasado 21 de mayo. Su primer amor, que ella definía como alto, rubio, de ojos azules (o sea, el ideal de toda fémina, en el aspecto físico) se llamaba Ramón. De porte aristocrático, además. Una especie de príncipe azul. Él acabó dejándola, con la excusa de que "era aún muy niña". Primera desilusión, de unas cuantas que iba a sufrir en adelante. Por lo visto Mila no pertenecía a una familia pudiente. Pasados los años, se reencontraron y ella le dijo: "Algún día seré portada de ¡Hola! ¡Y vaya si lo consiguió! Y en Diez Minutos, Semana, Lecturas

Antes de conseguirlo, se convirtió en enfermera. En el hospital Nuestra Señora del Rocío, en Sevilla, gracias a una gestión de su padre con el entonces gobernador civil, luego Ministro, Utrera Molina. Y de su trabajo con bata sanitaria a las órdenes del jefe del departamento, doctor Roberto Pastrana, paso a convivir con éste, que era un señor casado. En consecuencia, las amistades del médico le dieron la espalda, razón por la no tuvo más remedio que dejar la capital de la Giralda e instalarse en Madrid. Mila, loca por el facultativo, lo siguió de la mano. Y acabaron en el Departamento de Rehabilitación de un macrohospital que dirigía el "yernísimo" del General, Cristóbal Martínez-Bordiú, con el que la pareja hizo buenas migas y hasta jugaron al "padel".

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Mila y Manolo Santana | Gtres

Nueve años, que ya duró su amor prohibido, fue el tiempo de las relaciones extraconyugales de Roberto con Mila. No podían casarse, aún el divorcio estaba lejos, vivía Franco. Y en esas que Mila Ximénez conoció a Manolo Santana, que gozaba de un prestigio internacional como campeón de tenis. La sevillana de aire pizpireto y ojillos vivaces "se coló" por el as de las pelotitas. ¡Entró, entró!, que jaleaba aquel locutor catalán de las retransmisiones tenísticas. Y el doctor se quedó compuesto… y si novia, en tanto ésta se casaba civilmente con Manolo Santana en año 1983 con un padrino de excepción: Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno, que era muy amigo del novio, quien lo había instruido en el arte de la raqueta y jugaban a menudo en La Moncloa. Al tenis, se entiende, no a otras cosas. Para las partidas de mus ya estaban Sancho Gracia y el director teatral Gustavo Pérez Puig.

Pero aquella impetuosa pasión de Mila y Manolo se fue apagando. Por culpa de éste, quien con sus continuos desplazamientos, dejando sola en casa a su mujer en el apartamento que vivían frente a las Salesas, tuvo buena culpa de la ruptura final de la pareja. Antes de separarse, el tenista, un seductor a tiempo completo, coronó a Mila cuantas veces tuvo a tiro algunas de las muchas admiradoras que lo asediaban. Una de ellas, con nombre festivalero, Otti, fue quien desencadenó sin ella saberlo el divorcio del matrimonio. Cuando Mila se enteró de esos tejemanejes de su marido, gracias a Alexandra Fierro, que le chivó haberlos visto "metiéndose mano" en una "boÎte" de París, ya no tuvo dudas de que era una cornuda. Manolo terminó celebrando su tercera boda con la susodicha, y luego hasta festejó una cuarta. Entre tanto, Mila Santana, que es como se hacía llamar en ese periodo de su vida, soltera y sola en la vida como rezaba aquel viejo cuplé, lamentó haberse casado con Manolo, aunque lo mejor, dentro de su desgracia, fue haber sido madre de una preciosa criatura, Alba, que hace unos años la convirtió en joven abuela. Mila nunca se desentendió de su hija, aunque hizo de tripas, corazón, cuando por falta de dinero, hubo de recurrir a Manolo para que se hiciera cargo un tiempo de Alba. Y él, dígamoslo en su honor, aceptó. Semanas, meses, años en los que Mila, como madre, sufrió lo suyo al verse lejos del fruto de sus entrañas. No tenía medios para pagar sus estudios, para alimentarla. Quizás su época más dura.

La biografía sentimental de Mila Ximénez ha sido intensa. Cuando ya vislumbraba que su unión con Santana se iba a pique, cayó en las redes de un "play-boy" muy conocido en Marbella, Antonio Arribas. Había sido "doble" en películas de acción, tuvo un accidente que le impidió seguir ejerciendo esa pintoresca profesión, y acabó formando parte de un singular cuarteto de vivales que lideraba el hijo del dueño de unos importantes laboratorios de Cataluña. Yeyo Llagostera pidió a su progenitor que en vida le hiciera acreedor de la parte que le correspondería en el testamento. Y con mucha antelación pudo obtener un montón de millones que dilapidó en apenas quince años, en interminables noches de farra acompañado por sus cuates Luis Ortiz y Manolo Morán Jr, amén del citado Arribas, que tenía buena fama de amante según le corroboraron a Mila Ximénez sus buenas amigas Carmen Ordóñez y Lolita. Total: Mila quedó encandilada con Arribas. Y se llevó un berrinche cuando él murió de manera un tanto curiosa. Resulta que para soportar cuanto tomaba cada noche, bebidas a tutiplén, iba varias veces al cuarto de baño y vomitaba. Hasta que ese ejercicio le pasó factura y se fue al otro mundo de la noche a la mañana.

Antonio Arribas fue uno de los hombres que Mila más ha echado de menos porque, en poco tiempo, la hizo más feliz en la cama que muchos otros, incluyendo el tenista. En esa lista de varones que compartieron lecho con ella destacó también José Sacristán. Se conocieron durante una entrevista que Mila le hizo para las páginas de ABC. Y de aquel encuentro pasaron a mayores. Hubo en la vida de esta activa y vitalista mujer otro hombre casado, otro que se pavoneaba en Puerto Banús de su yate y un controvertido abogado, siempre metido en líos y a punto de ser un día asesinado a tiro limpio por una de sus mujeres, Emilio Rodríguez Menéndez. Eso ocurría en una época negra para nuestra protagonista, cuando le dio para superar sus miserias por beber y tomar alguna de esas sustancias alucinógenas, con las que viajó cierto tiempo en pos de algún paraíso artificial. Hasta que se dio cuenta que así no iba a ningún sitio. Las ojeras de Mila eran un poema al día siguiente de sus correrías nocturnas.

Para el final, aunque el asunto no tiene que ver con la cronología de lo hasta ahora referido, hemos dejado su relación con Encarna Sánchez. Mucho se habló al respecto. Se produjo entre los años 1985 y 1987. Mila fue una estrecha colaboradora de la locutora almeriense. Dentro y fuera de la emisora. Aconsejada por Encarna, Mila vendió los apartamentos que había concertado con su "ex", Manolo Santana y adquirió un chalé en la privilegiada zona de La Moraleja, a las afueras de Madrid. Compleja, equivocada operación, que al cabo de unos meses la dejó casi en la más completa ruina. Perdió un montón de millones de pesetas. Dejó a Encarna (o viceversa). Porque apareció de pronto Isabel Pantoja y la locutora bebió los vientos por ella. Fue su colaboradora ante los micrófonos y también una amiga muy especial. No entremos en más detalles. Proceloso asunto que dejamos ahí, con los respetos que siempre nos merecen estos personajes abocados a una vida que no es precisamente camino de la santidad.

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Mila, Isabel y Encarna | Archivo

¿Qué fue de Mila Ximénez después, ya en el nuevo siglo XXI? Poco a poco cambió de vida. Había adquirido una vivienda en Marbella. Pero se cansó de tantas noches de cenas y discotecas, de una vida vacía que poco le aportaba. Sus problemas económicos continuaban. Volvería a Madrid, comenzaron sus colaboraciones televisivas, sobre todo en Telecinco. En más de media docena de programas, todos de tertulias sobre temas del corazón y personajes de ¡Hola! y el resto de revistas rosas, donde Mila Ximénez impuso siempre su estilo, en ocasiones bronco, lo que parece aumentaba el llamado "share", o sea, la audiencia. Eso siempre era bueno para la empresa del señor Vasile, (en realidad de Berlusconi) aunque asimismo arriesgado para Mila, quien acarreó serios problemas judiciales por sus frecuentes invectivas contra aquellos personajes que merecían sus ataques verbales, dardos untados en acíbar. Isabel Pantoja, Jaime Ostos y Carmen Lomana, cada uno por su cuenta, la demandaron. Y Mila fue condenada, por ejemplo, a pagarle a esta última la broma de sesenta mil euros. Quizás el mentado "boss" de Telecinco le echó una mano.

Y ahora llegamos a este presente incierto para Mila Ximénez. La mujer que conoció la gloria, el lujo, la buena vida. La que también bajó a los infiernos. La que hubo de soportar habladurías sobre su vida sexual. Una mujer de armas tomar, acaso vengativa para enfrentarse a quienes tanto mal le hicieron. Quizás triste por no haber conseguido una estabilidad amorosa a su edad, ya avanzada. Nada se sabe de su actual situación sentimental. Su hija es quien llena por entero su corazón. El temor a la enfermedad que la aflige preside sus pensamientos. Cuando su existencia tiene, en resumen, algo de agridulce novela. Dios quiera que en su inmediato futuro pueda escribir muchos más capítulos para seguir en la brecha, "dando caña" como siempre hizo en Supervivientes, pongamos por caso, y últimamente en Sálvame. El significado de esto último es muy probable que lo invoque en adelante. ¡Coraje, Mila, estamos contigo!

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