
Tamara Falcó ha vuelto a demostrar que domina el arte de la discreción heredado de su madre, Isabel Preysler. Tras una semana en la que diversos titulares ponían en duda la salud de sus finanzas, la colaboradora de televisión ha optado por la naturalidad y el silencio como respuesta a quienes aseguran que atraviesa "números rojos".
La polémica surgió a raíz de una información publicada por El Español el pasado 17 de febrero, en la que se afirmaba que su sociedad, Gypset Living S.L., se encontraría en situación de quiebra técnica y causa de disolución.
Sin embargo, la realidad detrás de estos datos contables parece ser mucho más sencilla. Según ha puntualizado el diario ABC, dicha empresa permanece inactiva desde finales de 2022. El último proyecto vinculado a esta entidad fue la publicación de su exitoso libro, 'Las recetas de casa de mi madre'. Desde entonces, la marquesa habría dejado de operar a través de esta vía societaria para sus actividades profesionales actuales.
El éxito de su marca personal
Lejos de la imagen de crisis, Tamara Falcó ha sabido diversificar sus fuentes de ingresos con éxito. Ella misma confesaba recientemente en El Hormiguero que el 90% de sus ganancias proceden actualmente de su actividad en redes sociales, donde ejerce como una de las creadoras de contenido más influyentes de España.
Para gestionar este volumen de negocio, Tamara Falcó ha optado por un modelo de trabajo mucho más directo al gestionar sus lucrativos derechos de imagen —que engloban su faceta de chef, diseñadora y rostro televisivo— como persona física y con el apoyo de su agencia de representación. De esta manera, la marquesa de Griñón cumple con sus correspondientes obligaciones tributarias de forma individual, prescindiendo actualmente del uso de estructuras societarias para facturar sus proyectos profesionales.
Fiel a su estilo, ante las preguntas sobre su supuesta quiebra, Tamara ha aplicado la máxima de que "hablar de dinero no es de buena educación", zanjando el tema con la maestría y la sonrisa de quien sabe que su mejor activo es, precisamente, su propia firma.

