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Adiós a Gallardón

Nuestros poetas, gallardonistas acérrimos, han acusado el golpe de la dimisión entre histerias de perro faldero y rabietas de colegiala.

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy
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La dimisión del ministro de Justicia ha sido un terremoto mediático de primera magnitud, sólo equiparable a la abdicación de Don Juan Carlos o la muerte de Chanquete.

Nuestros poetas, gallardonistas acérrimos, han acusado el golpe entre histerias de perro faldero y rabietas de colegiala. Nos hemos visto obligados a rechazar varios borradores de sus reacciones. Las que a continuación les presentamos son las únicas que, a trancas y barrancas, han pasado el filtro de nuestros servicios jurídicos.

GALLARDÓN Y LA LEY DEL ALBERTO
por Monsieur de Sans-Foy

Pedante, estomagante y jabonoso,
más falso que un billete de cuarenta.
Delfín de vanidad calenturienta,
ególatra empalmado y peligroso.

Subiéndote al madroño con el oso,
quisiste hacer la guerra por tu cuenta.
(Qué pena que Esperanza Presidenta
no fuera Dulcinea del Toboso...).

Y dicho lo que he dicho, Gallalberto,
me quedo obnubilado y boquiabierto
sabiendo que te vas por no tragar.

Mandando la política al infierno
por culpa de esta mierda de Gobierno,
te has ido como un hombre. Con un par.

ESTO ES EL FIN
por Fray Josepho

Que diga usted, Sanfuá, que don Alberto
(Ruiz-Gallardón, por completar el nombre)
se porta con un par y como un hombre,
me causa confusión y desconcierto.

Que elogie usted su marcha como acierto
y el cese con sus loas nos alfombre,
no es ya que me sorprenda y que me asombre,
sino que me ha dejado boquiabierto.

Que no, Sanfuá, que no. Que no hay excusa
para ese panegírico indecente
de un hecho que es tan solo una putada.

Porque es que, sin Alberto, nuestra Musa
se vuelve, con nosotros, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

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