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La mujer no pisó la Luna

Lo de Iker me da la excusa para escribir de ‘Mercury 13’, el documental de Netflix sobre esas mujeres que participaron en el programa espacial y no pisaron la Luna.

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Mercury 13, el documental de Netflix | Cordon Press

Yo no sé si el hombre pisó la luna, pero me lo he creído toda la vida. Como me creo tantas cosas que no he visto con mis propios ojos, incluida la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Porque como diría Chico Marx en Sopa de ganso (y no Groucho), "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?". Me cuesta más creerme que el tuit de Iker Casillas sea cierto. Me cuesta creerme que lo que dice lo diga en serio, que no sea algo premeditado, una trampa para ratones. Una trampa mal escrita: "El año que viene se cumplen 50 años (supuestamente) que el hombre pisó la Luna. Estoy en una cena con amigos… discutiendo sobre ello. Elevo la tertulia a público! Creéis que se pisó? Yo no!". Y abría una encuesta. El "supuestamente" debería estar detrás de Luna. Por no hablar de todos esos signos de exclamación e interrogación sólo al final, que me parecen peores que la teoría conspiranoica. No creo ni que merezca la pena hablar de magufos, de Operación luna, de Habitación 237 o de Kubrick. Supuestamente.

Pero lo de Iker me da la excusa para escribir de Mercury 13, el documental de Netflix sobre esas mujeres que participaron en el programa espacial y no pisaron la Luna. Mercury 13 es el grupo de 13 mujeres que participaron en un programa secreto creado por Randy Lovelace (y con fondos privados) en 1960 para llevar al espacio una mujer astronauta. De entre las pioneras de la aviación, Lovelace conocía a Jerry Cobb y a la piloto de cazas Jacqueline Cochran, que puso dinero para las pruebas. A las mujeres no las dejaban participar en combate, pero pilotaban.

Es una maravilla ver a las supervivientes del grupo y pensar en lo que esas viejas adorables hacían en aquella época. Las voluntarias se sometieron a las mismas pruebas que los hombres (una se sorprende de que cada mañana les pusieran una lavativa) y las superaron. Pero la NASA echó abajo el programa. Los astronautas tampoco estaban de acuerdo. La NASA había puesto requerimientos imposibles para las mujeres. Por un lado, un título de ingeniería y, por otro, tener experiencia con aviones militares, cosa que no se les permitía, aunque Cochran sí lo hubiera hecho. Jerry Cobb y Janey Hart, dos de las 13, decidieron llevar el asunto al Congreso por discriminación sexual. Lo curioso es que Cochran fue en las sesiones una especie de Victoria Kent contra Clara Campoamor en el voto femenino. Se oponía al programa espacial para las mujeres porque podía retrasar el programa espacial que ya había (los soviéticos estaban en cabeza desde el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957). "Según he leído, no queremos retrasar el programa, y deberán, por necesidad, gastar mucho dinero si dejan participar a un grupo de mujeres, porque se las puede perder con el matrimonio". Y ella solita acabó con todo. Aunque luego Lyndon B. Johnson diera la puntilla ("Paremos esto ya", escribió).

John Glenn dijo que era un hecho que los hombres iban a luchar a la guerra y pilotaban los aviones. "Volvemos y ayudamos a diseñarlos, construirlos y probarlos. Que las mujeres no estén en este campo es un hecho de orden social". El documental, dirigido por David Sington y Heather Walsh, no es rencoroso, aunque cuente la injusticia. Las protagonistas, que fueron descartadas por ser mujeres y que hablan con tanta pasión de su carrera, consiguen que queramos adoptarlas. La primera astronauta estadounidense fue Sally Ride en 1983. Viajó al espacio exterior 20 años después de Valentina Tereshkova. Sí es verdad que la NASA había mandado un mono antes que a Ride.

En 1990, Eilen Collins fue la primera mujer en pilotar un transbordador espacial, para cuyo programa habían sido admitidas las mujeres desde 1978. Collins contó que antes de ella hubo otras mujeres. Acróbatas, pilotos de la Segunda Guerra Mundial, Sally Ride y las Mercury. Dijo que no estaría allí sin ellas. Las Mercury 13 eran sus heroínas y las invitó al lanzamiento. La NASA se enteró de quiénes eran, las quitó de la lista de invitados de Collins y las puso en la lista VIP.

Y no, la mujer no pisó la Luna.

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