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TELEVISIÓN

Dramático estreno del nuevo programa de Alba Carrillo que ya se acerca al 0% de 'share'

El nuevo programa apenas alcanza el 0,9% de share en su estreno y recibe críticas por la emisión en diferido y la falta de ritmo.

El nuevo programa apenas alcanza el 0,9% de share en su estreno y recibe críticas por la emisión en diferido y la falta de ritmo.
El sótano club. | Ten

El estreno de El Sótano Club en la cadena Ten, el ambicioso proyecto liderado por Alba Carrillo para revitalizar las tardes del canal temático, ha tropezado de manera estrepitosa en sus primeros tres días de emisión, dejando un rastro de cifras preocupantes y una oleada de críticas que cuestionan la viabilidad del formato a largo plazo. Lo que se promocionó como una revolución en el entretenimiento vespertino ha debutado con una frialdad estadística que ha encendido todas las alarmas en la producción.

El pasado lunes, en su primera toma de contacto con la audiencia, el programa apenas logró congregar a una media de 69.000 espectadores, lo que se tradujo en un escueto 0,9% de cuota de pantalla durante sus cuatro horas de duración. Aunque este dato se sitúa técnicamente en la media diaria de la cadena, queda muy lejos de las expectativas generadas por el regreso de Carrillo como presentadora titular, especialmente al compararse con otros productos de la casa como Ni que fuéramos Shhh, que han demostrado una capacidad de arrastre mucho mayor en el mismo ecosistema televisivo.

La tendencia, lejos de estabilizarse o mostrar el habitual crecimiento por curiosidad del segundo día, se agravó en la jornada del martes. La audiencia de El Sótano Club sufrió un retroceso hasta el 0,7% de share, una caída que los analistas y el público en redes sociales atribuyeron a una decisión técnica y editorial que ha sido el principal foco de las iras de los seguidores: la emisión de un programa grabado. Los espectadores, que esperaban la frescura y la capacidad de reacción del directo en un formato que pretende ser un magacín de actualidad y corazón, se sintieron "engañados" al descubrir que el segundo programa carecía de la interacción que se había prometido en su lanzamiento. Esta falta de coherencia entre el discurso de la cadena y la realidad de la emisión ha minado la confianza de una audiencia que, en el entorno de la TDT, suele ser extremadamente fiel pero exigente con la autenticidad del contenido.

En su tercer día, el miércoles, el programa ha continuado bajando hasta un 0,5% de share y apenas 40.000 espectadores, una media que resulta insuficiente para justificar el despliegue de colaboradores y medios que conlleva un espacio de cuatro horas. Las críticas vertidas en plataformas como X han sido feroces y unánimes en varios puntos clave. Se recrimina al formato una alarmante falta de orden y ritmo, describiéndolo como una mezcla confusa entre un podcast de bajo presupuesto y un programa de televisión convencional que no termina de encontrar su identidad. Muchos usuarios han señalado que el desarrollo de los temas es caótico y que el elenco de colaboradores, a pesar de contar con nombres conocidos en el mundo digital como Carlos Peguer o David Andújar, no logra conectar con el público tradicional de la cadena, creando una desconexión generacional y de lenguaje que se refleja en la fuga constante de espectadores minuto a minuto.

La respuesta de Alba Carrillo ante este panorama no se ha hecho esperar, aunque su actitud ha sido recibida con escepticismo. La presentadora ha optado por un tono desafiante en sus redes sociales, asegurando que el estreno fue un éxito y lanzando dardos a quienes denomina sus "enemigos", una estrategia defensiva que, para muchos críticos de televisión, ignora la realidad de unos datos de audiencia que son, objetivamente, mediocres. La sensación generalizada es que El Sótano Club ha nacido con un pecado original de falta de originalidad, siendo tildado por sectores del público como una "copia poco inspirada" de otros formatos de la productora, pero sin la chispa o la estructura necesaria para retener al mando a distancia. Además, la imposibilidad de seguir el programa de forma ágil en plataformas digitales o en diferido ha terminado de lastrar su impacto en un mercado donde la televisión lineal necesita apoyarse más que nunca en el consumo bajo demanda. Con un 0,9% de media en su arranque y una tendencia a la baja, el futuro del programa pende de un hilo si no se producen cambios estructurales profundos que corrijan el caos narrativo y recuperen el directo de forma innegociable.

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