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Envidia

Antonia San Juan ha declarado hace unos días que “es terrible oír que la maternidad es lo mejor que le puede pasar a una mujer”.

Katy Mikhailova
Antonia San Juan | Cordon Press

Freud decía eso de que las que niñas a los 2 ó 4 años (ya no recuerdo la edad exacta) tenían envidia de pene y los niños, complejo de Edipo. Yo no sé si este señor empezaba a sufrir trastornos mentales, pero toda esta cuestión va como anillo al dedo tras una declaraciones de la actriz Antonia San Juan sobre la maternidad.

La que hacía de Estela Reynolds (y dice la Rumorología que se "marchó" de la serie por su mal carácter) ha declarado hace unos días que "es terrible oír que la maternidad es lo mejor que le puede pasar a una mujer".

Es un debate muy complejo porque la actriz habla sin haber vivido la experiencia de la maternidad, luego, no está siendo objetiva. Es como si un abstemio, que no ha bebido alcohol en su vida, me viene y me dice "un vino de Don Simón no es peor que un Vega Sicilia o un Pingus".

Aprovecho y dejo escrito aquí que estoy totalmente en contra de la homofobia, para que no se me malinterprete.

Hablando de otras envidias, llevo semanas observando cómo están linchando a Carla Barber, la concursante Miss España de Supervivientes, quien ha vuelto a Madrid hace apenas unos días. Y todo porque les resulta poco "divertida" a los colaboradores del programa y a los trolls de las redes sociales. A Carla la conocí en el año 2010 en Toledo, en Miss España, cuando yo trabaja de reportera oficial del certamen. Me pareció una mujer muy guapa. Representa la belleza canaria. Es elegante, guapa y lista. Habla inglés, un poco de alemán y es licenciada en Medicina. Ha sido la primera mujer en conseguir fuego en toda la historia del Reality en España y ha sido capaz de estar más de 3 minutos bajo el agua sin respirar ganando la prueba, marcando un antes y un después. Pero parece que es insuficiente. Que cuando una mujer es guapa y además inteligente despierta mucha incomodidad entre los mediocres. Guapa e inteligente, pero, si además es feliz, los envidiosos no lo toleran.

Pasa lo mismo con Alba Carrillo. Además de aguantar los cuernos de su marido, ella es la mala solo por manifestar en medios sus sentimientos. Y curiosamente muchos de los colaboradores de tertulias de corazón de la tele se posicionan a su favor. ¿Qué le vamos a hacer? Que cuanto más sencilla, simple y más progre, gustas. Eso o ser la compañera sentimental de un jugador de fútbol potente, no Feliciano, sino de algún futbolista famoso arropado por la prensa. Pero esa es otra cuestión.

La envidia, si la mezclas con la mediocridad, es el peor de los males de Occidente. Y, mientras tanto, a unas se las condena por guapas y listas, y a otras se las elogia por soltar la gilipollez progre de la semana. ¡Qué sola estoy! ¡Qué sola!

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