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Horario de invierno: cómo afecta a las personas

Queda poco más de un mes para cambiar la hora, la madrugada del 30 de octubre pasamos al horario de invierno. Esto puede provocar cansancio y estrés

Queda poco más de un mes para cambiar la hora, la madrugada del 30 de octubre pasamos al horario de invierno. Esto puede provocar cansancio y estrés
reloj, tiempo, reloj despertador | Pixabay/CC/obpia30

Somos un animal de costumbres, esto quiere decir que nuestro cuerpo agradece las rutinas. Sin embargo, con el cambio de horario de octubre retrasamos la hora y lo forzamos. ¿Cómo queda la hora a partir del 30 de octubre? Esa noche, a las tres de la madrugada del domingo vuelven a ser las dos, así que es muy probable que a partir de ahora nos levantemos antes incluso de que salga el sol.

Cambiar la hora implica un periodo de adaptación y por ello se eligió hacerlo en la madrugada del sábado al domingo, ya que al hacerlo de noche y en fin de semana afecta menos a la productividad de las personas. A pesar de ello, algo normal es que los primeros días después del cambio de hora algunas personas sufran irritabilidad, falta de concentración, bajo rendimiento laboral e insomnio. Por ello es conveniente no hacer cambios y promover una mayor exposición a la luz natural cuando la mayoría de las personas están trabajando o aprendiendo en la escuela.

No obstante, este cambio horario puede tener cierta incidencia sobre nuestra salud que conviene tener en cuenta. Las alteraciones a corto plazo no son tan drásticas como en el cambio al horario de verano, en la que se pierde una hora de sueño y se sufre una mayor exposición solar, algo que tiene implicaciones en la secreción de determinadas hormonas.

En cambio, a medio plazo sí pueden tener más incidencia. Esto es porque debido a la reducción de horas de sol del horario de invierno, aumenta la secreción de melatonina, una hormona que interviene en la regulación del sueño y posee efectos hipnóticos y relajantes. También porque reduce a su vez la de serotonina, con efectos euforizantes, de bienestar y de control del hambre. A continuación explicamos algunos problemas de salud que los que podemos ser víctimas a cuenta del cambio de hora en adaptación al horario de invierno:

  • Cansancio en los primeros días. El cuerpo humano se activa con la luz, así que el efecto de levantarse cuando aún es oscuro produce una mayor sensación de cansancio. Una sensación que puede alargarse durante el día, con la impresión de que no podemos llegar a todo. El retraso de una hora también provoca que anochezca más temprano. El cuerpo empieza a segregar melatonina antes y por tanto tienes más sueño cuando aún estás activo.
  • Sedentarismo. La adaptación a unos horarios con menos horas de sol comporta un importante aumento en la secreción de melatonina, lo que nos hace estar más relajados y menos activos, con menos apetencia por el ejercicio físico. Dejarse llevar por esta inercia puede ser peligroso, ya que con el sedentarismo se aumenta el riesgo de sufrir sufrir problemas cardiovasculares. Más si se fuma o se consume alcohol.
  • Mayor incidencia de catarros y gripe. Por la misma regla de tres, los mayores niveles de melatonina en sangre, puesto que empieza a segregarse antes, con la caída del sol, nos hacen tender a permanecer recluidos en casa con la familia o las compañeras y compañeros de piso. De este modo se uno de nosotros se resfría, es más posible que en un ambiente cerrado y seco -debido a la calefacción- lo transmita al resto.
  • Aumento de peso. Derivado del sedentarismo y la mayor permanencia en espacios cerrados, generalmente inmóviles, puede inferirse que el aumento de grasa corporal y el sobrepeso está servido. Más si se tiene en cuenta que una hormona estimulada por la luz solar como es la serotonina desciende sus niveles en el horario de invierno. La serotonina está relacionada con el bienestar y la satisfacción, así como con la sensación de saciedad al comer. Así, es posible que en horario invernal sintamos mayor sensación de hambre.
  • Déficit de vitamina D. Una de las principales fuentes de vitamina D es la incidencia de la luz solar sobre nuestra piel, por ello, al disminuir la luz solar en horario de invierno estamos menos expuestos a los rayos y sintetizamos menos vitamina D, con lo que corremos el riesgo de padecer carencia. Seguro que todo el mundo pensará, "pues tomo suplementos y solucionada la deficiencia", pues no, ya que la ciencia ha confirmado que los suplementos de vitamina D apenas son eficaces. ¿Entonces qué hago? La solución es buscar un hueco a lo largo del día para exponernos a la luz solar, al menos de cara y brazos, durante unos 20 minutos.
  • Mayor incidencia de roturas óseas. El cuerpo precisa del concurso de la vitamina D para asimilar el calcio de los alimentos, que se utilizará a nivel sérico en forma de la hormona calcitriol y celular. Sin calcio procedente de los alimentos, nuestro cuerpo se ve obligado a tomarlo de las reservas óseas, disminuyendo la densidad ósea y aumentando el riesgo de osteporosis, con lo que la probabilidad de fracturas es mayor. Esto es especialmente importante en el caso de personas en general por encima de los 60 años y más concretamente en mujeres menopáusicas.
  • Melancolía depresiva. Con la disminución de las horas de luz solar desciende la secreción de serotonina y aumenta la de melatonina. Hay personas que se sienten más tranquilas y relajadas en este horario, pero otras precisan de mayores niveles de serotonina, y otras hormonas de secreción estimulada por el sol, para no caer en un trastorno melancólico depresivo, que normalmente se supera en pocos días o semanas pero que puede cronificarse en determinados perfiles.

Consejos para sobrellevar el cambio de hora

Hay algunas cosas que puedes hacer para adaptarte al cambio horario de finales de octubre, para que no resulte tan traumático.

  • Fuera los cambios bruscos. Retrasar la hora de acostarte quince minutos cada día y levantarse un poco más tarde. Si se hace poco a poco a lo largo de una semana, el cambio será casi imperceptible. Se puede aplicar la misma regla con el horario de las comidas.
  • No compensar el cansancio con siestas. Si se hace, sobre todo si no estaba en tu hábito dormir siesta, alteras aún más tu reloj interno. Y si es muy necesaria una siesta no puede durar más de 20-30 minutos y no más tarde de las 17h de la tarde.
  • Buscar la luz solar. A medida que se acerca el invierno, cada vez tenemos menos horas de sol. Es importante que en cuanto exista una oportunidad se aproveche para que buscar los rayos del sol, por ejemplo, con un paseo a mediodía.
  • Hacer ejercicio. El movimiento activa el cuerpo, pese a que pueda parecer contradictorio, el ejercicio físico dará energía para poder llegar en mejores condiciones al final del día.

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