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De la lavanda al pothos: especies muy resistentes para su casa de vacaciones

Variedades como la lavanda, la adelfa o la sansevieria resisten la falta de riego y luz en viviendas vacacionales durante ausencias prolongadas.

Variedades como la lavanda, la adelfa o la sansevieria resisten la falta de riego y luz en viviendas vacacionales durante ausencias prolongadas.
Un gran patio de casa con árboles, césped y unas sillas. | Unsplash/Robert Katzki

Tener una segunda residencia en la costa, la montaña o el campo es sinónimo de descanso y desconexión. Sin embargo, para quienes disfrutan rodeándose de plantas, también suele convertirse en una preocupación recurrente: qué ocurrirá con el jardín, la terraza o las macetas cuando la vivienda permanezca cerrada durante semanas o incluso meses.

La buena noticia es que mantener un espacio verde atractivo no requiere necesariamente complejos sistemas de riego inteligentes ni costosas instalaciones automatizadas. La clave está en elegir las especies adecuadas. Los expertos coinciden en que las mejores plantas para una segunda residencia son aquellas capaces de soportar largos periodos de ausencia gracias a su resistencia a la sequía, su capacidad para adaptarse a diferentes condiciones climáticas y sus escasas necesidades de mantenimiento.

Las variedades más recomendadas combinan belleza, rusticidad y una gran autonomía, permitiendo que jardines y terrazas luzcan saludables incluso cuando nadie está presente para cuidarlos.

Las reinas de los jardines de bajo mantenimiento

En exteriores, especialmente en zonas con clima mediterráneo o veranos calurosos, las plantas aromáticas ocupan un lugar privilegiado. La lavanda, el romero y el tomillo son algunas de las opciones más valoradas por jardineros y paisajistas.

Estas especies han evolucionado para sobrevivir en ambientes secos y soleados. La lavanda, el romero y el tomillo reducen la pérdida de agua gracias a sus hojas estrechas y sus aceites esenciales, lo que les permite soportar semanas sin riego una vez están bien establecidas. Además, ofrecen un atractivo extra: su aroma impregna el jardín y ayuda a crear una atmósfera relajante cada vez que los propietarios regresan a la vivienda.

Otra gran protagonista es la adelfa, uno de los arbustos más resistentes que pueden cultivarse en una segunda residencia. Tolera el viento, la salinidad del aire costero y periodos prolongados de sequía, mientras produce abundantes flores durante gran parte de la primavera y el verano. Su único inconveniente es su toxicidad, por lo que conviene extremar las precauciones en hogares con niños o mascotas.

Para quienes buscan un diseño más contemporáneo, los ágaves, las suculentas y los pequeños olivos en maceta representan una apuesta segura. Estas plantas almacenan agua en sus tejidos y pueden sobrevivir durante largos periodos únicamente con las precipitaciones ocasionales.

Las mejores opciones para el interior

Las viviendas vacacionales presentan un desafío adicional en interiores: la falta de ventilación y la escasez de luz cuando las persianas permanecen parcialmente bajadas durante semanas.

En este escenario, pocas especies igualan la resistencia de la sansevieria, conocida popularmente como lengua de suegra o planta de la serpiente. Considerada por muchos como la planta de interior más resistente del mundo, es capaz de permanecer entre cuatro y seis semanas sin recibir agua y adaptarse tanto a zonas luminosas como a espacios con escasa iluminación.

La zamioculca, también conocida como planta ZZ, es otra de las favoritas para segundas residencias. Sus brillantes hojas verdes esconden una sorprendente capacidad de supervivencia. Bajo tierra desarrolla rizomas que almacenan agua y nutrientes, permitiéndole superar largos periodos sin riego. De hecho, los especialistas aseguran que el exceso de cuidados suele perjudicarla más que el abandono temporal.

Por su parte, el pothos continúa siendo una de las opciones más populares gracias a su facilidad de cultivo. Tolera la falta de agua, la poca luz y los cambios de temperatura mejor que muchas otras plantas ornamentales, lo que la convierte en una candidata ideal para apartamentos vacacionales.

Trucos para garantizar su supervivencia

Aunque estas especies destacan por su resistencia, existen algunas medidas sencillas que pueden aumentar significativamente sus posibilidades de éxito durante las ausencias prolongadas.

Una de las más efectivas consiste en agrupar las plantas de interior antes de abandonar la vivienda. Al colocarlas juntas crean un pequeño microclima que retiene mejor la humedad ambiental y reduce la evaporación.

En terrazas y jardines, los expertos recomiendan aplicar una capa de acolchado o mulching sobre la superficie del sustrato. Materiales como la corteza de pino o la grava ayudan a mantener la humedad durante más tiempo y protegen las raíces frente a las altas temperaturas.

También pueden emplearse sistemas sencillos de autorriego, como macetas con depósito de agua, conos de arcilla o incluso el tradicional método del cordón de algodón, que permite que las plantas absorban agua de forma gradual desde un recipiente cercano.

Un jardín preparado para el abandono temporal

La elección correcta de especies puede marcar la diferencia entre regresar a una vivienda rodeada de vegetación saludable o encontrarse con un jardín completamente seco.

Lavandas, romeros, adelfas, cactus, ágaves, sansevierias, zamioculcas o pothos forman parte de un grupo de plantas especialmente adaptadas para resistir largos periodos sin atención. Gracias a ellas, los propietarios de segundas residencias pueden disfrutar de espacios verdes atractivos durante todo el año sin convertir cada visita en una maratón de tareas de jardinería.

Porque, al fin y al cabo, una casa de vacaciones está pensada para descansar, no para pasar el fin de semana intentando rescatar plantas que no sobrevivieron a la ausencia.

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