Normalmente aparecen en manos y pies. Es frecuente que el origen de los callos sea profesional, aunque la mayor parte de los casos están relacionados con la presión de los pies debido a los zapatos, o la forma de andar.
En su tratamiento, el primero objetivo es eliminar o reducir las causas que los originan. Así, se recomienda la utilización de calzado cómodo, y elástico, así como calcetines que no irriten la piel.
En ocasiones se utilizan almohadillas o anillos de forma y tamaño que estén en función de la extensión y localización del área afectada. También son útiles los parches y vendajes protectores de gomaespuma.
Los fármacos utilizados en el tratamiento de los callos son de uso tópico y permiten eliminarlos. El más utilizado es el ácido salicílico, en ocasiones asociado con otros ácidos como el láctico y el acético.
En algunos preparados también puede encontrase anestésicos locales, aunque éstos no siempre cumplen su función debido a que el grosor y dureza de la piel impiden su correcta absorción. Otros tratamientos recurren al limado, o el cortado inmediatamente después del baño con una especie de cortauñas especiales.
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