
Cuando terminó el discurso que María Corina Machado escribió y que su hija, Ana Corina Sosa Machado, pronunció en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz en Oslo tuve la inmediata percepción de que había nacido una nueva y luminosa estrella política en la democracia venezolana. Hacía tiempo que no escuchaba palabras tan profundas, tan sentidas, y tan moralmente elevadas, pero, además, tan bien dichas y tan dignamente expresadas. Y me dije: "Esta chiquilla, de querer, podría continuar la tarea de su madre."
Por si fuera poco, es ingeniera industrial y de operaciones con máximas calificaciones y habla cuando menos inglés y francés, además de español. En 2013 participó en un Programa Conjunto de la Universidad de Michigan y la Universidad Jiao Tong de Shanghái y estudió un Máster en Administración de Empresas en la Escuela de Negocios de Harvard. Ha trabajado en Price Waterhouse y ahora es directora de personal de Celonis, empresa de desarrollo de software. Sólo hay que recordar a algunas ministras y "charos" españolas para sonrojarse de su feminismo palabrero.
No quiero que se olviden las mezquinas y nauseabundas palabras de una de ellas, Cristina Fallarás en Público, tratando de descalificar a la demócrata venezolana, que lleva casi dos años en la clandestinidad, asimilándola con atropellos a los derechos humanos y con los "pasitos" de las extremas derechas, aludiendo a su relación con Vox sobre todo, cómo no, e incluso, llegando a decir, que apoya el "genocidio" de Gaza. Ni una palabra, claro, sobre los crímenes de Chávez y Maduro ni de los Castro, ni de Hamás ni de Putin ni de nadie de sus órbitas.
Inmediatamente y casi al mismo tiempo reconocí la fealdad esencial, moral y estética, de los tipos y tipas de nuestra izquierda en un gobierno que se ha negado a felicitar a la ganadora del más alto galardón para quienes defienden la convivencia frente a la violencia. En sintonía con el régimen totalitario de Nicolás Maduro, han tratado de desacreditar el premio, han destacado las solitarias protestas de bien pocos contra su concesión y han denigrado y mancillado la figura de María Corina Machado.
Qué grotesco resulta que tipos y tipas bien adoctrinados, muchos de ellos generosamente remunerados y/o subvencionados, despotriquen contra la también ingeniera industrial y con cursos de finanzas internacionales, María Corina Machado, que se quedó con su pueblo sojuzgado en Venezuela mientras sus hijos fueron obligados a residir en Estados Unidos para eludir posibles acciones de represalia contra ella misma y la causa democrática.
En una más de sus ya habituales mentiras, Pedro Sánchez dijo que no felicitaba a María Corina Machado por el Nobel de la Paz porque "no suelo pronunciarme sobre los Premios Nobel". Pero las hemerotecas habían registrado nada menos que seis de sus enhorabuenas a otros galardonados con este mismo honor: Malala Yousafzai (2014) y Kailash Satyarthi (2014), Cuarteto para el Diálogo Nacional Tunecino (2015; Juan Manuel Santos (2016); Denis Mukwege y Nadia Murad (2018); Abiy Ahmed Ali (2019) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA / WFP) (2020).
Naturalmente, en la mente de todos están las oscuras, y ya veremos si delictivas, relaciones del gobierno y del expresidente Rodríguez Zapatero con esta narcodictadura vinculada al Cártel de los Soles. Y están las extrañas maletas de Delcy Rodríguez y su estancia irregular en España de la mano de Sánchez, Ábalos y el mismísimo ministro del Interior, Marlaska. Y está el trato vejatorio intimidatorio dado al presidente venezolano electo, actas en mano, Eduardo González Urrutia, en la propia embajada de España.
¿Cómo va a compararse la roña de este fango inacabable de unas izquierdas enfermas de castrismo, de petrismo, de chavismo, de bilduismo, con la luminosa resistencia liberal de María Corina Machado? ¿Cómo no va a contrastarse el fraude, la corrupción, la coacción y el terror de un régimen dictatorial con la propuesta de rescate pacífico de la democracia que Chávez y Maduro liquidaron en Venezuela?
Cuando me percaté de que estaban transmitiendo en directo la ceremonia de Oslo, alteré mis propósitos iniciales y decidí atender a lo que estaba viviendo. Lo primero que supe fue la peripecia de la venezolana para tratar de acudir a la entrega del premio, algo nada fácil dada la persecución a la que es sometida y al peligro de un secuestro, o quién sabe si de algo peor. Qué feúra la de un régimen que obliga a tal espectáculo siniestro para poder salir de tu propio país.
Resulta increíble, pero para poder llegar a Oslo sin ser detenida por los esbirros del régimen bolivariano, ha tenido que vivir una peligrosa aventura plagada de riesgos personales. Se confirmó una ruta marítima de escape con escala en Curazao y operaciones especiales de extracción. Aunque Estados Unidos no ha confirmado oficialmente su participación, poca duda cabe de que ha sido el gobierno de Donald Trump quien ha facilitado su salida del país. La propia María Corina lo confirmó a su llegada a Oslo.
La dificultad de su salida de Venezuela y las comprensibles exigencias de seguridad hicieron imposible que la premiada estuviese a las 13 horas del pasado día 10 de diciembre en el Ayuntamiento de la capital de Noruega para recibir la distinción, si bien su hija, Ana Corina Sosa Machado, que la representó, anunció que en pocas horas llegaría a la capital noruega.
Que Pedro Sánchez, el ex embajador español en Venezuela, Raúl Morodo, ex ministros socialistas, desde Bono a Ábalos, y algún "adelantado" como el ex presidente Zapatero contaminen el prestigio de la nación y de la democracia española enmascarando sus relaciones oscuras con el infame régimen venezolano y ya veremos cuánto más, simulando un "talante" dialogante y humanitario es hipócritamente amoral y miserable.
Un acto inolvidable
Puede pensarse lo que se quiera sobre los Premios Nobel de la Paz, pero en esta ocasión el honor que representa ha sido concedido a quien lo merece, una mujer que ha desafiado la cutrez y la banalidad de unos tiranos sucesivos, primero Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro, todos ellos asistidos por siervos ideológicos y políticos, muy singularmente en el gobierno de Pedro Sánchez.
El acto fue y será inolvidable. Primero, porque no estuvo María Corina Machado, que no pudo llegar a tiempo por tener que escapar con grave riesgo de la red de vigilancia de la dictadura bolivariana, peripecia política cuya memoria será imborrable, no sólo por el peligro que corrió sino por la humillación infligida a los servicios de seguridad de Maduro que se tejen desde la Casa de los Pinos dentro del bunker de Fuerte Tiuna.
Tampoco podrán olvidarse nunca los discursos del Presidente del Comité Noruego del Nobel, Jørgen Watne Frydnes, una denuncia de la violencia de la dictadura contra su población civil, y, cómo no, de la propia María Corina Machado, más que leído representado dulce y contundentemente por su hija Ana Corina Sosa Machado, una grata sorpresa que sofocó el vacío dejado por la ausencia de la protagonista.
Las palabras del Presidente del Comité golpearon las conciencias de los millones de personas en todo el mundo que pudieron seguir la ceremonia, en directo o no:
"Este régimen ni siquiera perdona a sus niños. Más de 200 menores fueron detenidos tras las elecciones de 2024. Las Naciones Unidas documentaron lo que sufrieron de la siguiente manera:
Bolsas de plástico apretadas sobre sus cabezas.
Descargas eléctricas en los genitales.
Golpes al cuerpo tan brutales que les dolía respirar.
Violencia sexualizada.
Celdas tan frías que provocan intensos temblores.
Agua potable contaminada, llena de insectos.
Gritos a que nadie acudió para poner fin."
Y añadió al final
"Señor Maduro:
Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo.
Debe sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia.
Porque esa es la voluntad del pueblo venezolano.
María Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna
tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar.
Cuando se escriba la historia de nuestra época, no serán los nombres de los gobernantes
autoritarios los que destaquen, sino los nombres de quienes se atrevieron a resistir.
Tras ese retrato en negro del régimen bolivariano que tiraniza Venezuela desde hace más de un cuarto de siglo, llegó la esperada intervención de María Corina Machado interpretada por su hija Ana Corina. En el gélido Oslo, surgió de pronto la cálida voz caraqueña de quien no veía a su madre desde hace más de año y medio debido a la represión de la dictadura de Maduro:
"Venezuela nació de la audacia, moldeada por una fusión de pueblos y culturas. De España heredamos una lengua, una fe y una cultura que se hermanaron con nuestras raíces ancestrales indígenas y africanas. En 1811 escribimos la primera constitución del mundo hispano, una de las primeras constituciones republicanas de la Tierra. Allí afirmamos una idea radical: que cada ser humano posee una dignidad soberana. Esa constitución consagró la ciudadanía, los derechos individuales, la libertad religiosa y la separación de poderes. "
Y describió cómo puede perderse la democracia y la convivencia:
"Construimos una democracia que se convirtió en la más estable de América Latina, desatando toda la fuerza creadora de la libertad. Pero incluso la democracia más fuerte se debilita cuando sus ciudadanos olvidan que la libertad no es algo que debamos esperar, sino algo a lo que debemos dar vida."
"Cuando comprendimos cuán frágiles se habían vuelto nuestras instituciones, ya era tarde. El cabecilla de un golpe militar contra la democracia fue elegido presidente, y muchos pensaron que el carisma podía sustituir el Estado de derecho. Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad… Y entonces llegó la ruina: una corrupción obscena, un saqueo histórico. Durante los años del régimen, Venezuela recibió más ingresos petroleros que en todo el siglo anterior. Nos lo arrebataron todo."
Resulta imposible no ver de qué manera aquel modelo de atentado contra las instituciones democráticas en Venezuela se ha importado a la España que logró sobreponer la convivencia a la violencia en nuestra hoy denostada Transición y su consecuencia constitucional. Por ello, es trascendente el sentido de este premio Nobel de la Paz:
"Este premio tiene un significado profundo: le recuerda al mundo que la democracia es esencial para la paz. Y lo más importante, el principal aprendizaje que los venezolanos podemos compartir con el mundo es la lección forjada a través de este largo y difícil camino: si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar por la libertad. La libertad se conquista cada día, en la medida en que estemos dispuestos a luchar por ella. Esa es la razón por la cual la causa de Venezuela trasciende nuestras fronteras. Un pueblo que elige ser libre no solo se libera a sí mismo, sino que contribuye con toda la humanidad."
Cómo contrasta el encanto del impulso moral de la Venezuela libre que está emergiendo en el seno de una dictadura que ya no puede disfrazarse más de paraíso (8 millones de exiliados) con la grotesca y malcarada deriva de la democracia española gobernada por amigos íntimos y sicarios próximos de esa hidra bolivariana.
Sólo hay que darse una vuelta por las portadas de los medios de comunicación que siguen defendiendo la verdad o por los juzgados que amparan la igualdad de todos ante la ley, para darnos cuenta de que, además de otras muchas cosas, es que el sanchismo es feo, deforme, asqueroso incluso, degradante y repulsivo.
Además de mentir continuamente siguiendo el manual del resistente a la verdad que es su máximo líder, no les ha importado pactar con los herederos de los asesinos de 857 españoles, con los protagonistas de un golpe de estado perpetrado por los enemigos de la unidad nacional española, con los partidarios de la ocupación bolivariana del Estado aliados con Rusia, Irán, China, la propia Venezuela o la Cuba comunista…Todo les ha valido para permanecer en el poder.
Y ante la grandeza de la lucha venezolana por la democracia, lo que vemos en España es realmente sombrío, horrible, a veces incluso repugnante. Estamos ante un panorama indecente en el que cruzan la escena los puticlubs en los que se educó la esposa del presidente, el negocio de vídeos sexuales como método de chantaje político, con menores de por medio y explotación de mujeres y de hombres.
Los sucesivos números dos del presidente han pisado ya la cárcel por corrupción no sin dejarnos cuadros sobrecogedores de amantes colocadas y pagadas con dinero público, tarjeteos inmisericordes en centros comerciales abonados con dinero de chunga procedencia y derivados, ayudantes y guardaespaldas que lo han grabado todo de todos y que incluso condujeron al presidente a reuniones en las que se encontraban los herederos de los asesinos de militares, policías, políticos e incluso niños españoles.
En los últimos tiempos, el que iba a ser número dos del PSOE sanchista, se reveló como un repulsivo practicante de incitaciones sexuales amparado por su cargo y luego, de forma escalonada, se ha comprobado que no es un caso único y que las mujeres afectadas, socialistas ellas, ni han sido escuchadas ni han sido defendidas. Al contrario, se ha compensado o amparado a los denunciados.
Por si fuera poco, el propio presidente del gobierno de España acaba de arremeter, una vez más contra los jueces del Tribunal Supremo por haber condenado a un Fiscal General socialista por haber exhibido ilegalmente datos personales contenidos en la correspondencia de un particular con su abogado defensor. Y se ataca al juez que instruye el caso de su imputada esposa y a otros que resisten las presiones del poder. Y a la UCO.
Además de lo ilegal que pueda ser todo eso, es que es antiestético, feo, cutre, indecoroso. Lo que observamos en este escenario político nuestro es algo que repele cualquier sentimiento de nobleza y respeto por la verdad y por los ciudadanos. Es el sombrío paisaje de una democracia que está siendo traicionada desde dentro por quienes prometieron defenderla. En las últimas horas, la avalancha de casos de corrupción es abrumadora y pestilente.
Estamos comprendiendo cuán frágiles son las instituciones de la democracia española que tiene su base en la Constitución de 1978 y no sabemos si estamos todavía a tiempo de impedir su demolición por unos cuatreros de la política. Lo que sí sabemos es la distancia ética y estética que hay entre tanto bandidaje y el mensaje de María Corina Machado en Oslo:
"Venezuela volverá a respirar. Abriremos las puertas de las cárceles y veremos salir el sol a miles de inocentes que fueron encarcelados injustamente, abrazados al fin por quienes nunca dejaron de luchar por ellos. Veremos a las abuelas sentar a sus nietos en sus piernas para contarles historias, no de héroes lejanos, sino del valor de sus propios padres. Veremos a nuestros estudiantes debatir con pasión, sin miedo, con sus voces al fin libres. Volveremos a abrazarnos, a enamorarnos, a oír nuestras calles llenas de risas y de música."
Y en esto que, burlando la vigilancia del tirano, María Corina abrió un balcón en Oslo y cantó con los compatriotas allí congregados su himno nacional. Pues sí, no miente. Nunca rompe una promesa. Por ello, no nos cabe duda de que volverá a su país y continuará su épica lucha por la libertad.
Si Trump ayuda y se logra recuperar la dignidad democrática de Venezuela, merecerá un reconocimiento universal, que incluirá el mío.
