Ventisca de hipócritas sobre Groenlandia
Que Rusia, China y sus voceros intraeuropeos destaquen los propósitos invasores de Trump sobre Groenlandia no deja de ser un descarado ejercicio de hipocresía
Es ya una recurrencia insoportable, para quien no quiera humillar su capacidad crítica, esa continua catarata de descalificaciones y ataques a Estados Unidos, antes por ser "imperialista" como si la URSS y China fueran angelitos de la caridad y ahora, además, por ser "trumpista", como si el putinismo y el comunismo de Xi Jinping, fueran poderes benéficos para el desarrollo de la humanidad. La funesta manía de someterse a las consignas de los demás, sobre todo cuando son las de los enemigos, suele conducir al desastre.
Evidente es que las formas de Donald J. Trump, un presidente elegido democráticamente por sus ciudadanos, no como otros, pueden resultar molestas y excesivas, sobre todo para los hipócritas europeos, tan formalmente amables, corruptos y mentirosos. Serán mejores, supongo, las maneras de un invasor de Europa y criminal reconocido o la conducta de una dictadura comunista monumental que agujerea la moral democrática, acojona la economía occidental y destruye todo el medio ambiente del planeta. ¿Mejores? Para sus aliados enmascarados en nuestro interior, desde luego.
Groenlandia es un ejemplo de la hipocresía europea, tanta que se abate como una ventisca inmisericorde sobre los millones de votantes que no saben, en su mayoría, ni dónde esa isla gigante ni qué ha pasado con ella en la historia, única manera de entender de qué se está hablando en estos momentos en el que se presenta a un Trump caníbal dispuesto a devorarla y a varios angelitos de Murillo, Von der Leyen, Putin y Xi Jinping entre otros, defendiendo a la isla en peligro. Cuánto la aman.
Esta masa nevada está a sólo 28 kilómetros de Canadá, territorio OTAN, y a 1.300 kilómetros de Estados Unidos, muchísimo más cerca que del corazón de Rusia y las entrañas chinas. De hecho, un misil balístico moderno, como uno de los rusos últimamente conocidos, vuela hacia el objetivo a 12.000 kilómetros por hora. Hagan números y verán el tiempo que tardaría en llegar a Estados Unidos de ser disparado desde Moscú o desde Pekín. No digamos nada si la plataforma de lanzamiento estuviera en Groenlandia.
Desde el punto de vista de la defensa de la OTAN y, especialmente, de Canadá y Estados Unidos, está clarísimo que la isla constituye una necesidad estratégica de primer orden. Esto es, Groenlandia es un territorio que ha sido colonizado por países europeos desde hace siglos. Desde hace unos años, se está hablando de autonomía y autodeterminación de sus pobladores, que no llegan a 60.000, la mitad de los vecinos de Torrejón de Ardoz, de Parla, Santa Coloma de Gramanet o de Cádiz capital. Otra cosa es que sea posible más que como figuración política.
La isla, habitada por los paleoesquimales que vivían en Canadá y ampliaron hasta allí su territorio de caza, fue avistada primero por los noruegos, luego por los vikingos de Erik el Rojo y después por colonos noruegos e islandeses. La pequeña Edad de Hielo, siglos XIV-XVIII, forzó su abandono por los europeos. En el siglo XVIII volvieron los noruegos, pero fueron los daneses los que se quedaron judicialmente con la colonia en 1933. Ya ven cómo cambió de manos.
Ahora que surgen tanto amantes de Groenlandia, subrayemos que la soberanía, la defensa, el subsidio de 600 millones de dólares anuales (10.000 por habitante y año) y la política exterior de la isla radican en Dinamarca, pero que se constituyó en territorio autónomo con derecho a la autodeterminación, huyendo de una Unión Europea que destrozaba el comercio de sus recursos pesqueros, su mayor riqueza para la supervivencia.
Que Dinamarca o Noruega e incluso toda la Unión Europea, si tuvieran política única de defensa, puedan garantizar la defensa de la isla frente a sus depredadores rusos y chinos, potenciales enemigos de Europa, militar y económicamente, es imposible. No ha sido Trump el primero en percatarse del peligro de que una isla de tamaño superior a la suma de Texas, California, Montana, Arizona, Nevada y Colorado o cuatro veces España, no sea debidamente defendida y gestionada.
Ha recordado mi buen amigo Boris Cimorra en un reciente artículo que el coro de hipócritas que esconden la mano que mece la cuna acusa a Trump de querer comprar la isla o invadir o ambas. Pero callan que, además del litigio noruego-danés por la colonia, otros dirigentes norteamericanos, conscientes de su valor estratégico, la intentaron comprar mucho antes. De hecho, William H. Seward, secretario de Estado bajo las presidencias de Abraham Lincoln y Andrew Johnson, propuso comprar Alaska y Groenlandia. Corría el año 1867.
Rusia vendió Alaska (¿vender es menos colonial que comprar?) a Estados Unidos pero la venta de Groenlandia no se consumó ni entonces ni en 1945 en que Truman lo intentó de nuevo con 100 millones de dólares de por medio. Aun así, Dinamarca sí que le vendió las Islas Vírgenes a Estados Unidos(1917) y China arrendó territorios como Hong-Kong y Macao.
Comprar, vender o alquilar parece en cualquier caso menos grave que invadir. Que Rusia, China y sus voceros intraeuropeos destaquen los propósitos invasores de Trump sobre Groenlandia no deja de ser un descarado ejercicio de hipocresía. ¿Acaso Ucrania no ha sido invadida recientemente? ¿No fue el Tíbet objeto de una invasión cruentísima por parte de la China comunista? Las invasiones, ¿sólo son perversas cuando las perpetra Occidente, especialmente Estados Unidos? Es la doble vara de medir de la agit-prop de siempre.
Por cierto, que invadir la isla fue la amenaza que Barack Obama lanzó sobre el gobierno danés cuando se enteró de que China estaba intentando comprar (¿si compra China o lo intenta entonces no es maligno?) mediante la empresa General Nice Group la estación naval de Grønnedal, una base militar danesa abandonada. La quería vender al mejor postor sin llamamientos a la autonomía groenlandesa y lo quería hacer en 2016. Pero tuvo que cancelar la venta en marcha.
Con Groenlandia ya declarada provincia autónoma de Dinamarca, China, mediante su empresa estatal CCC, ha intentado participar en la ampliación de tres aeropuertos, con fines oficialmente turísticos y negociados con el gobierno local groenlandés. La presión de Estados Unidos forzó la anulación del proyecto y que Dinamarca se hiciera cargo de buena parte del coste de las obras necesarias.
También quiso imponerse en el proyecto de Kvanefjeld, una localidad groenlandesa que aceptó que la empresa china Shenghe Resources fuese la mayor accionista de un gran proyecto minero que explota uno de los depósitos de tierras raras y uranio más grandes del mundo. Pero el proyecto ha sido bloqueado recientemente en lo que se refiere al uranio por otro gobierno local de signo político contrario.
Rusia, sutil pero insistentemente, ha forjado una zona de vigilancia en el Ártico que abarca desde sus costas bálticas y árticas hasta el norte polar de Canadá teniendo a Groenlandia justamente en su centro sur.
Sean los contados unos pocos ejemplos de que sólo desde la hipocresía cabe considerar a Trump como un peligro para Groenlandia en la región ártica. Tal afirmación parece extraída más del arsenal propagandístico ruso-chino que de un análisis serio. Que los países europeos, la inmensa mayoría pertenecientes a la OTAN, estén contribuyendo a estas deformaciones es de salir corriendo.
La región ártica se ha convertido por razones estratégicas de defensa militar, de extracción de minerales, tierras raras, gas y petróleo y por el deshielo creciente que hace posible nuevas rutas comerciales (China reduciría 6.000 kilómetros de trayecto marítimo si deja la ruta de Suez para llegar al Mediterráneo y opta por la "nueva ruta de la Seda" ártica) en un oscuro objeto de deseo para todos, países europeos incluidos. Eso se reconoce hasta en el Instituto de Estudios Estratégicos del gobierno español.
Las alusiones al respeto a la población indígena inuit y a la autonomía política de una Groenlandia poco poblada y subvencionada por Dinamarca para subsistir, mueve a la carcajada intelectual. ¿Cabe imaginar que los groenlandeses, con independencia o no, van a decidir su futuro? Podrán decidir venderse al mejor pujador sin más consideraciones o tener en cuenta que están en la zona de poder de la OTAN. Nunca han decidido nada importante en el pasado y así seguirá siendo, de un modo u otro. Decidirán otros, Occidente, Rusia o China. Los groenlandeses, no.
El cuento del respeto a los indígenas
El pasado 20 de enero, en el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, pronunció un discurso que ha tenido un eco inesperado. Trató de reconocer que Europa, toda ella, ya no tiene un gran poder en el mundo pero que podría tener una gran política si se dejara de fingir y mentir y empieza a llamar a las cosas por su nombre. "El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad", se ha recogido que dijo.
Se acusa ahora a Donald J. Trump de atacar el derecho de los indígenas, de comportarse irrespetuosa o altaneramente con los groenlandeses, en su gran mayoría inuits, por querer comprar y/o invadir la isla en caso necesario para su defensa. Pero sabido es que ni Dinamarca ni siquiera toda la Unión Europea en su conjunto tienen poder suficiente para defender militarmente su propio territorio e impedir la influencia económica y política rusa y china en la zona ártica. Ahí está el caso de Ucrania para corroborarlo.
En este momento es preciso sacar a colación el comportamiento de los partidos "democráticos" de Canadá con sus indígenas, desde el siglo XIX hasta finales del siglo XX. Según el informe el Relator Especial de la ONU sobre el trato a los indígenas en Canadá de 2023, "más de 150.000 niños de las Primeras Naciones, métis e inuit (los tres grupos indígenas presentes en el país) fueron separados de sus familias y obligados a asistir a escuelas financiadas por el gobierno entre la década de 1870 y 1996."
"La Cámara de los Comunes reconoció por unanimidad el sistema de internados como genocidio el 27 de octubre de 2022, basándose en las conclusiones de la Comisión y la Investigación Nacional. Durante su peregrinación penitencial a Canadá en julio de 2022, el papa Francisco ofreció disculpas en Maskwacis, Alberta, a los supervivientes por el papel de la Iglesia Católica, de conformidad con el Llamado a la Acción 58 de la Comisión, y ha reconocido el sistema de internados como genocidio", se lee en él.
Se añade que los niños supervivientes testificaron sobre desapariciones súbitas, recién nacidos quemados en incineradoras y que muchos de ellos cavaban la tumba de los compañeros de clase que morían. Todo esto permaneció oculto "hasta el descubrimiento en 2021 de 215 tumbas sin marcar en una antigua escuela residencial en Kamloops, Columbia Británica, que captó la atención mundial."
La Asociación de Mujeres Nativas de Canadá descubrió que al menos 4.000 mujeres y niñas indígenas habían sido asesinadas o desaparecidas en las últimas décadas, casi dos tercios de las mujeres indígenas han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida y el 50% de las mujeres y niñas víctimas de trata en Canadá eran indígenas.[i] Se llegó incluso a exterminar a los perros que servían a los indígenas para cazar y desplazarse.[ii]
Pero vayamos al caso de Groenlandia, bien sangrante porque fueron los socialistas daneses los que dieron origen a las prácticas de esterilización forzosa de las mujeres y las niñas inuits, población que representa el 90 por ciento de los habitantes de la isla. Es algo terrible que fue impuesto a miles de mujeres inuits, esto es, una inmensa mayoría, y que aún no está totalmente aclarado.
La Relatora de la ONU en su informe de octubre de 2023 dice: "El pueblo inuit de Dinamarca y Groenlandia aún enfrenta numerosos desafíos para disfrutar plenamente de sus derechos individuales y colectivos. El racismo estructural contra el pueblo inuit suele ser consecuencia del legado del colonialismo y de la falta de políticas y soluciones para abordarlo." Sólo hace dos años de esta afirmación.
¿Qué fue lo que pasó? En 2017, Naja Lyberth, inuit, acusó públicamente al Estado danés de haberle implantado un DIU, un procedimiento anticonceptivo, sin su consentimiento ni el de sus padres cuando era aún adolescente. En 2022, aún había mujeres inuit que no se habían enterado de que tenían en su seno un mecanismo para impedir los embarazos. Fue ese año cuando saltó el escándalo a nivel nacional e internacional.
Groenlandia ya no era colonia danesa desde 1953 y tuvo un gobierno autónomo desde 1979. Sin embargo, la fertilidad de las mujeres inuit (siete hijos de media), el coste de mantener las instituciones y la vida groenlandesa y un racismo exterminador condujeron a que los benevolentes daneses, que se presentaban como protectores de sus esquimales (ahora ya no les gusta llamarlos así) ante las agresiones externas, ordenaron la esterilización masiva de la mitad de sus mujeres fértiles.
Se le conoció como El Escándalo de las "Espirales" (1960-1992), al que a habían precedido otros como el experimento de los "Pequeños daneses", un plan de mutar a niños inuit en daneses pulcros. El plan de los DIU fue ideado por los gobiernos socialdemócratas daneses[iii] en la década de los 60 y siguió siendo practicado por los gobiernos de coalición con presencia liberal y conservadora hasta 1992.
A finales de 2025, tras haberse destapado todo en 2022, la primera ministra, la socialdemócrata Mette Frederiksen reconoció "que el caso del DIU es motivo de indignación y pesar para muchos groenlandeses y muchas familias en Groenlandia…Mi disculpa en nombre de Dinamarca también es una disculpa por estos otros fallos de los que Dinamarca es responsable, donde los groenlandeses han sido sistemáticamente tratados de forma diferente e inferior a otros ciudadanos del reino…Por lo tanto, ya se ha decidido facilitar el acceso a la indemnización a las mujeres afectadas…[iv]
Sí, el primer ministro canadiense tiene razón. Esta Europa carcomida por ingenieros sociales, burócratas y mangantes varios tiene que comenzar a ser honesta y partir de la realidad de la suya propia primero, si quiere sobrevivir. Puede tratar de convertir, mediante recursos narrativos diversos, a Donald J. Trump en un enemigo de primer orden del pueblo groenlandés, esto es, de los inuits. Pero habrá que ver qué futuro prefieren sabiendo lo que ya saben de su pasado y presente. Seguro que lo que no quieren es ser cómplices del relato de esta ventisca de hipócritas.
[i] Cuando gobernó Canadá Pierre Elliott Trudeau (padre del actual primer ministro), un liberal socialista, las escuelas residenciales racistas seguían funcionando y tuvo lugar un robo importante de niños para su adopción.
[ii] En los años 50-60, se dio a la Policía Montada la orden de exterminar los perros de trineo de los Inuits, que eran decisivos para su supervivencia. Se mataron, se ha calculado, 20.000 perros con la excusa de control de sus enfermedades. Como consecuencia, los inuits abandonaron el nomadismo y pasaron a depender del gobierno.
[iii] La campaña de inserción de dispositivos intrauterinos (DIU o "espirales") comenzó oficialmente en 1966. Durante el periodo más intenso de esta política (1966-1975), los principales jefes de gobierno fueron Jens Otto Krag (socialdemócrata), primer ministro de Dinamarca y Anker Jørgensen, igualmente socialdemócrata, que le sucedió. Entre 1968 y 1971 hubo un gobierno de coalición de centroderecha liderado por Hilmar Baunsgaard, que mantuvo la campaña.
[iv] Alrededor de 40.200 euros por mujer afectada.
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