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El atraso de la lengua oficial

Los idiomas no deberían ser oficiales en ningún caso, como no lo son el atuendo, el tocado o cualquier otra manifestación de la personalidad.

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Una facción esquizofrénica de Podemos ha propuesto que el catalán sea cooficial en Aragón. Estupendo. ¿Por qué solo en Aragón? Podría serlo en toda España, en el Rosellón, en Nápoles y hasta en Atenas. Los almogávares merecen ese homenaje.

Tales excrecencias de los políticos pasan por haber ungido el idioma castellano o español (así lo llama Nebrija) como oficial en España. Grave error que se cometió en 1931 y textos constitucionales posteriores. Los idiomas no deberían ser oficiales en ningún caso, como no lo son el atuendo, el tocado o cualquier otra manifestación de la personalidad. Todas ellas se aceptan y se difunden por las costumbres, los usos sociales libérrimos. Puestos a hacer oficial una lengua en Europa, se podría aceptar el inglés, aunque no lo sea en el Reino Unido o los Estados Unidos.

El problema de la enseñanza de los idiomas en los años de la escuela obligatoria se debe resolver con sentido común. Es cuestión de acordar qué idioma es el más hablado en la comunidad donde residen los educandos. Es claro que en Cataluña -un suponer- tendría que haber escuelas que enseñaran en catalán, castellano, rumano o árabe, según las zonas. Además, todos los alumnos deberían aprender inglés, para poder moverse por el mundo, y castellano, para circular por el resto de España y por América. La propuesta que digo sería igualmente aplicable a una Cataluña que fuera Estado independiente.

El problema lingüístico en Europa parece insoluble, pero pensemos que en la India se hablan cientos de lenguas. La solución comunicativa es otra vez la mejor. Que los alumnos europeos en la enseñanza obligatoria sigan las asignaturas en la lengua de la zona, sin olvidar la mayoritaria en su respectivo país y con el complemento del inglés. Está demostrado que ser bilingüe (o incluso tetralingüe) es más bien una ventaja.

La idea de una lengua oficial para un territorio empieza a ser algo tan disfuncional como la nacionalidad o el empadronamiento en exclusiva. Cada vez será más usual que muchas personas residan en dos municipios o incluso en dos países, repartiendo su tiempo. Será corriente que avance el número de personas bilingües o plurilingües. En ese mundo resulta un anacronismo la institución de la lengua oficial. Al menos resulta razonable pensar que las universidades van a ser plurilingües. La condición mínima es que los alumnos puedan tomar cursos dictados en inglés, aparte de los usuales en la lengua común del territorio. La paradoja es que los alumnos anglófonos por nación van a ser más remisos en aprender otros idiomas. Peor para ellos.

No ignoro que algunas de las apreciaciones anteriores presentan un tono utópico, en el que se confunden los deseos con las propuestas. Pero esa es una inseminación común. La cuestión de las lenguas se halla siempre llena de emotividades, si se puede decir así. Hemos llegado a creer que hay lenguas propias de los territorios, cuando son solo de las personas que las hablan. Por eso mismo, convertirlas en oficiales no trae más que incordios. (Los incordios eran originalmente los golondrinos o granos molestos).

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