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Juan Manuel González

'Centurión': Carne, sangre y romanos

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En Centurión, el británico Neil Marshall aborda el peplum como si de una película de terror se tratase. Un film de romanos que deriva pronto en una caza al hombre que el director de The Descent filma con un sentido del ritmo y de la tensión sorprendentes, aunque al final todo quede en menos de lo que parecía.

Marshall ha demostrado en muy pocas películas que es capaz de salir muy bien parado de todas las limitaciones que impone la serie B. El británico exprime presupuestos modestos y construye su cine en base a referencias de obras pasadas y, aún así, realiza películas de una intensidad y frenesí que en nada recuerdan su naturaleza de pastiche. Centurión es un peplum que bebe de la estética de Gladiator pero que tiene una contundencia heredera de los filmes de terror y supervivencia con los que Marshall empezó su carrera.

Eso ayuda al director inglés a lograr en sus películas un sentido del ritmo implacable. Sólo en los diez primeros minutos de Centurión asistimos a la caza y huida del centurión al que da vida el poderoso Michael Fassbender. Y en los posteriores, Marshall nos obsequia con diversos giros y traiciones que parecen sacados de otras películas (sí, alguien dijo Gladiator). Pero la extraordinaria pericia artesanal de su autor saca a flote el invento sin ningún problema, dando al producto texturas terroríficas cuando la ocasión lo requiere, y una estética tan elegante como ancestral. La sangre, por cierto, corre en cantidades industriales, y las batallas destacan por la ferocidad de sus imágenes, todo ello mientras Marshall va diluyendo fronteras y diferencias entre supuestos héroes y villanos hasta moverse en un territorio bastante descreído, e impulsa la película mediante el mecanismo de una pura y dura persecución.

El realizador británico dilapida de un plumazo fronteras entre civilizado e incivilizado de una manera totalmente acorde con la suciedad de las imágenes, y en la que se reserva, para más INRI, un desenlace que a su manera es casi tan opresivo como el de The Descent (aunque no acierte a darle algo más de entidad). Una pena también que los personajes y sus relaciones entre ellos, definidas en dos trazos, no acompañen del todo, a pesar de que el reparto está liderado por un actor poderoso y prometedor como es Michael Fassbender.

De todas formas, con Marshall nos encontramos ante uno de esos cineastas que trabajan con el cine de género y que con él hacen de la necesidad, virtud, y de la libertad su bandera, sin que su simplicidad argumental redunde en maniqueísmo ideológico. A lo largo del ajustado metraje de Centurión, film previsible pero intenso, no hay ni un solo momento en el que uno se plantee si Marshall desearía estar haciendo otra cosa en este mundo. Y eso se nota.

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