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Juan Manuel González

'Chloe': la amante lesbiana

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El canadiense Atom Egoyan afronta aquí uno de sus filmes a priori menos personales, al tratarse no sólo de un remake del filme francés Nathalie X, sino además de una película producida en Hollywood. No obstante, Chloe está preñada por el espíritu habitual de su autor y una serie de elementos que le dotan de interés, por mucho que el resultado aparezca emborronado por algunos factores inesperados. Así, en la película protagonizada por la siempre excelente Julianne Moore se dan cita elementos habituales de su autor: deseos insatisfechos, inseguridades, mentiras y sexo, todo ello aglutinado en torno al núcleo familiar e inserto en una narración ante todo elegante, pausada, y siempre en busca de matices intimistas.

Chloe funciona gracias a la solvencia de su trío protagonista, con Julianne Moore a la cabeza, y el soberbio ambiente donde se desarrolla la historia. Ya sea la casa de cristal de los protagonistas o las calles nevadas de Toronto, la exquisita y melancólica ambientación de la película crea una sensación radicalmente distinta a la de cualquier thriller erótico al uso. A ello se añaden las melodías de Mychael Danna, con un bello y emotivo uso de la flauta, y la determinación de Egoyan de poner en el centro de la historia las frustraciones de un matrimonio en crisis mucho antes que los golpes de efecto de un argumento que bebe directamente de Atracción Fatal.

Egoyan hace suya la historia durante casi todo el tiempo, y sólo se siente visiblemente incómodo una vez el personaje que da título a la misma desvela todas sus cartas, en los apresurados veinte minutos finales de la cinta. Chloe, la película, parece exigir soltar amarras cuanto toca potenciar la vertiente de acoso y derribo a la protagonista, pero Egoyan no quiere, se resiste a convertir su película en un thriller al uso. El resultado es que el asunto se desinfla a marchas forzadas allí donde debería multiplicar su efecto, con un director incapaz de jugar con los golpes de efecto del desenlace. La principal perjudicada es la joven Amanda Seyfried, con un personaje que pierde toda la credibilidad conseguida por la actriz, y sobre todo, la propia simplicidad externa de la historia, hasta ese momento una de sus grandes virtudes. Esto, y algunas lagunas en el desarrollo, impiden a la película levantar el vuelo del todo, pero lo que queda es un apreciable drama de suspense con cierta carga erótica bastante estimulante, amén de extremadamente atmosférico.

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