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Juan Manuel González

'Franklyn': mi dulce locura

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El británico Gerald McMorrow debuta en el largometraje con Franklyn, un thriller con ribetes de ciencia ficción y drama desarrollado en dos movimientos sólo aparentes. Por un lado, un mundo fantástico y gótico en el que un vengador enmascarado lucha por derrocar un régimen religioso, y por otro, el del lluvioso Londres actual, donde dos jóvenes solitarios luchan por encontrarse a sí mismos. Naturalmente, las cosas no son lo que parecen y McMorrow se reserva un par de sorpresas a lo largo del metraje de la película.

Una lástima que éstas tarden demasiado en llegar. McMorrow supedita el desarrollo del filme a las mismas y se la juega con la pirueta psicológica y romántica del desenlace, en el que todos los destinos de los protagonistas, en este mundo o en aquel, confluyen de forma explosiva. El debutante busca ante todo el valor poético de las mismas, he ahí el riesgo y el mérito del filme, pero a la vez su principal defecto: pese a que su final despierta emociones en el espectador, éste se pregunta si era necesario enfatizar tanto la cabriola narrativa y genérica cuando lo que queríamos compartir era la pesadumbre que arrastran sus personajes.

En su huida de la linealidad, McMorrow no consigue interesar al personal con la conflictiva vida de sus protagonistas y cae en una narración confusa y excesivamente críptica, que acusa algunas maneras excesivamente literarias en cuanto a la descripción de los personajes. Pero por el camino Franklyn nos deja algunas perlas de buen drama y un par de sólidos conceptos sobre la locura, la imaginación y el amor, sin olvidar la recuperación de la perturbadora francesa Eva Green, la increíble solidez del secundario Bernard Hill –el capitán que hundió el Titanic de Cameron- y ese mundo gótico de ubicación desconocida, que parece inspirado en las viñetas de Alan Moore.

El resultado es un filme fallido y de una digestión innecesariamente difícil, cuyas virtudes son más fáciles de apreciar después de su visionado. Un servidor lo odió mientras lo veía, pero unas horas después comenzó a respetarlo más y más.

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