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Juan Manuel González

'El castor': Mel Gibson, impresionante

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"Tiene depresión, no amnesia", es uno de los gritos desesperados del protagonista a través de un muñeco de peluche que encuentra en un cubo de basura. El castor es la historia de una enfermedad y una recuperación, la de Walter Black (Mel Gibson, recordándonos el extraordinario actor que siempre ha sido), padre de familia y empresario de éxito sumido en una inexplicable depresión que está a punto de acabar con su vida. De forma totalmente imprevista, incluso para él, Walter tomará este muñeco como vía de salida para todos los pensamientos y sentimientos que ha ocultado durante toda su vida y que han acabado por destruir su cordura...

La última película dirigida por Jodie Foster se apoya en dos bastiones que inyectan al correcto guión una excelente dosis de autenticidad e interés. Por un lado, la dirección de la propia Foster, que también aparece en el filme en un papel secundario, hace parecer fácil lo difícil: un drama familiar con bastantes dosis de comedia negra y siempre al borde de despeñarse hacia el dramón folletinesco.

Pero la verdadera razón para alabar El castor es la increíble actuación de Mel Gibson, que abordó el papel en medio de los escándalos por alcoholismo y maltrato que han acabado con su prestigio como actor querido por el público y director de éxito. Entre ambos –viejos amigos desde que protagonizaron Maverick, de Richard Donner, en 1994- consiguen rematar una comedia dramática, o drama con toques de comedia, de lo más interesante.

Pese a que el guión yerra al tratar de aligerar peso tomando derroteros innecesarios (como la trayectoria mediática de su protagonista, o el romance de Porter, el hijo mayor del protagonista, con una animadora de instituto, que acaba resultando de lo más interesante pese a sus obviedades), Foster redirige el asunto allí donde nunca debió salir, el drama familiar teñido de tintes oscuros y cómicos y el misterio de la personalidad de Walter. La protagonista de El silencio de los corderos consigue redondear todas las subtramas y, como directora, logra que apenas importen las razones de la depresión de éste. Porque utilizando de manera inesperada un humor chocante, negro y divertido, y dosificando los momentos dramáticos con sobriedad e inteligencia, El castor consigue erigirse como una rigurosa y entretenida representación de los miedos, anhelos y oquedades del hombre moderno, ése que es como usted o yo, de una forma mucho más desesperada de lo que parece a simple vista.

Y respecto a Gibson, qué decir. Su impresionante interpretación muestra a un actor seguro de sí mismo (siempre lo fue) capaz de abordar todas las aristas de un personaje complejo. La labor del protagonista de Al límite es, sinceramente, de Oscar: la mirada desesperada que Walter dedica a sus hijos cuando no es capaz de llegar a ellos (como en esa visita final al hospital), el anhelo de felicidad que consigue imprimir al personaje cuando éste demuestra su tenacidad (levantando su empresa en apenas dos semanas) así como su indudable inteligencia, resultan sensaciones tan auténticas que el espectador casi palpa la multiplicidad de caras del protagonista, convirtiendo un filme inicialmente correcto como El castor en una experiencia viva. Mel Gibson ha interpretado a Walter Black de forma que uno nunca sabe cuándo empieza uno y acaba el otro. Y tanto Foster como nosotros le deseamos lo mejor desde el principio. Lo dicho: de Oscar.

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