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Juan Manuel González

'Los Pitufos': Pitúfate esto

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Los míticos personajes creados por Peyo enredan ahora en la gran pantalla con una gran producción norteamericana dirigida al público más infantil y familiar en la que, mucho más que sus protagonistas de carne y hueso, brillan con indiscutible luz propia las criaturas azules más famosas del mundo... esta vez perdidas en Nueva York.

El director Raja Gosnell, que debutó en 1997 con la secuela Solo en casa 3 después de una larga carrera en la sala de montaje, se ha dedicado desde entonces a facturar cintas infantiles inocuas y mediocres como Scooby Doo -y su secuela- y Un chihuahua en Beverly Hills, en las cuales se mezcla imagen real con actores de carne y hueso, con personajes digitales como los que nos ocupan en esta ocasión, los pequeños seres azules procedentes del célebre cómic belga.

Como viene siendo habitual en este tipo de filmes, la cinta de Gosnell no destaca por su ingenio ni por ser especialmente mordaz, sino por una factura visual colorida y luminosa y un diseño de las criaturas ciertamente notable. Los pitufos cinematográficos protagonizan una aventura de un humor excesivamente blanco, pero lucen extraordinariamente bien en la pantalla grande gracias a una tecnología digital de vanguardia que ayuda al filme a cumplir con su cometido básico de una manera algo superior a la esperada. Secuencias como la que presentación inicial en la aldea pitufa –de un innegable encanto-, algunas bromas afortunadas, o esa escena que envuelve a los protagonistas y un libro de hechizos –en la que se hace un cariñoso homenaje a Peyo- demuestran oficio y un mínimo de cariño.

Son destellos de emoción en una trama tópica hasta niveles indecentes, por mucho que en esta ocasión el show no resulte monótono. Gosnell dirige el cotarro con alegría y logra que Los Pitufos sea un pequeño espectáculo afable y sin pretensiones, más cercano en resultados a la reciente Hop, que a muestras de infantil y familiar con personajes digitales mucho más desmayadas como Alvin y las ardillas, El oso Yogui, Garfield y secuelas varias. Eso sí, atrás quedan los tiempos en los que películas como Dentro del laberinto, Cristal Oscuro, Los Goonies o incluso la más adulta Gremlins –todas ellas películas con las que la presente podría guardar ciertas similitudes- tomaban caminos algo más arriesgados y emocionantes en el género, a la vez que miraban de frente a su audiencia. Que nadie se haya molestado en articular una historia digna, con personajes carismáticos para un entretenimiento con verdadera clase, demuestra como están las cosas en el género cuando Pixar no está metida en el ajo.

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