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Juan Manuel González

'Lo contrario al amor'

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Las ilusiones, miedos y sospechas amorosas de los jóvenes urbanos son uno de los pilares argumentales básicos de la comedia española actual. La cantera de actores, guionistas y directores de multitud de dramedys españoles ha proporcionado el gancho adecuado para proveer a la cartelera cinematográfica de productos que satisfagan a esa numerosa audiencia juvenil a la que parece estar dirigida Lo contrario al amor.

La procedencia de su guionista y director, Vicente Villanueva, es sin embargo bien distinta a la televisión. Reputado cortometrajista ganador de numerosos premios, Villanueva debuta en el largo con una cinta romántica protagonizada por el galán televisivo Hugo Silva y la joven Adriana Ugarte, conocida por la serie de TVE La Señora. Entre los tres consiguen desmarcarse un tanto de tan pesimistas expectativas.

Villanueva vence, hasta cierto punto, el pulso a la desgana y se maneja mejor de lo esperado en una comedia romántica absolutamente convencional, pero que adorna bastante bien los repugnantes estereotipos tanto genéricos como genitales que asoman, en fondo y forma, en el drama y comedia juvenil del cine y televisión patrio de los últimos años. Su punto de partida no es, sin embargo, demasiado distinto: confusión de roles, inseguridades sexuales y amorosas, sospechas... Villanueva los esquiva y maneja, con visible talento en el guión y la dirección de actores, por mucho que Lo contrario al amor no acabe de levantar el vuelo y no pueda huir, al final, de ciertas imposiciones comerciales.

Esa ventaja inicial, que coloca a Villanueva por delante de muchos coetáneos suyos, se refleja en la labor de los actores, mejor dirigidos de lo acostumbrado, los diálogos, así como en la importancia dada a las dos tramas secundarias, un defecto que parece casi congénito a este tipo de productos y que hasta ahora no ha demostrado más que la procedencia televisiva de sus responsables, así como la falta de confianza en la historia que cuentan. En la película, Villanueva no es capaz de dar completamente la vuelta a la tortilla, pero sí acaba rematando un tapiz algo más logrado que la media, sin que el conjunto dé la impresión de deshilacharse. No obstante, y aunque Lo contrario al amor no es lo contrario al cine, tampoco consigue librarse de nuestra indiferencia.

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