Menú
Juan Manuel González

'Un lugar para soñar'

0

Cameron Crowe, responsable de la recordada Jerry Maguire, regresa después de casi un lustro de inactividad con Un lugar para soñar, feo título español del original We bought a Zoo, y que no es sino la adaptación del bestseller autobiográfico escrito por Benjamin Mee, un reportero viudo que decidió dar un giro a su vida y mudarse con sus hijos a una bonita casa en el campo... para descubrir que ésta viene con un zoológico incorporado.

Crowe, que inició su carrera profesional como periodista musical, debió identificarse casi inmediatamente con la historia de Mee, todo un ejemplo de superación personal netamente americana, y la oportunidad perfecta para manufacturar lo que los anglosajones llaman una feel-good movie, es decir, una película blanca y de buenos sentimientos ideal para las fechas navideñas.

El realizador y guionista de Jerry Maguire y Casi Famosos (por la que recibió un Oscar al mejor guión), desgraciadamente, no ha estado igual de fino que en aquellos títulos que le reportaron sus mayores éxitos de taquilla y de público. Crowe se limita en ocasiones a mimetizar los instantes más recordados de aquellas, que ejemplifican el espíritu independiente y luchador del americano medio. Crowe asume ese discurso totalmente y abraza esos postulados con satisfacción, cosa que no resulta criticable por sí misma, pero lo hace mediante un guión que asume sus convencionalismos de forma demasiado directa, sin apenas asperezas o giros que superar, lo que redunda negativamente en la emoción que busca con un entusiasmo carente de todo cinismo.

Afortunadamente, Un lugar para soñar tampoco es de los peores títulos de Crowe, responsable de Vanilla Sky o Elizabethtown, y pese a que los ecos de sus mejores películas brillan sólo ocasionalmente, la bellísima y preciosista fotografía del mexicano Rodrigo Prieto, habitual del cine de Iñárritu, y la presencias tremendamente carismáticas del siempre honesto Matt Damon y una radiante Elle Fanning, ayudan a subir el pabellón lo justo y necesario. Un lugar para soñar resulta reiterativa (le sobran al menos diez minutos de metraje), no explota el insólito humor que implica su argumento, y hasta resulta ocasionalmente manipuladora, como en su lacrimógeno y catártico epílogo. Pero pese a su exceso de azúcar sigue cayendo bien.

En Cultura

    0
    comentarios
    Acceda a los 1 comentarios guardados

    Servicios