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Juan Manuel González

'La hora más oscura 3D'

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Timur Bekmambetov es una personalidad peculiar. El director y productor kazajo se dio a conocer hace unos años con Guardianes de la Noche y su secuela, dos adaptaciones de una popular trilogía literaria rusa de ciencia ficción, cuya espectacular y solvente factura visual le sirvió para estrenar el filme fuera de sus fronteras (por no hablar de un inminente billete de ida a la industria de Estados Unidos). Ahora, y tras el éxito mundial de la ingeniosa Wanted, una adaptación de cómic al servicio de Angelina Jolie a medio camino entre la acción y el relato de superhéroes, parece que se ha cocinado en un rato La hora más oscura, una serie B de terror y ciencia ficción con turistas americanos atrapados en medio de una inesperada invasión alienígena en Moscú.

La hora más oscura hace gala de una desvergüenza notable que remite a la traviesa y clásica serie B más proverbial, en el buen y en el mal sentido. Por un lado, la película se excusa en la invisibilidad de los invasores para economizar medios y distribuir hábilmente los efectos visuales de la cinta, escondiendo la amenaza hasta lo grotesco mediante una argucia que funciona en los primeros compases. Y mientras, el director Chris Gorak se dedica en los primeros veinte minutos a hacer un extenso publirreportaje de un Moscú capitalista y repleto de Starbucks y McDonald's, un núcleo urbano, nos vienen a decir, igual de goloso que cualquier urbe occidental para una invasión del espacio. La hora más oscura retoma de cuando en cuando este aspecto mostrando los retazos pesadillescos de cierto choque cultural, a modo de atractivo trasfondo para la odisea de los supervivientes.

No obstante, y pese a estos primeros rasgos inspiradores de simpatía (al menos, a los cazadores de entrañables sensaciones baratas como el que escribe), surgen los problemas. La hora más oscura se agota en apenas unos minutos sin que haya un solo aspecto que sostenga el invento más que el rostro infantil de la reivindicable Olivia Thirlby. La dirección de Chris Gorak es insultantemente pobre, la narración es inexistente, los diálogos hacen daño del bueno, y ni siquiera se sucede ninguna escena de tensión o violencia excepcional. Bekmambetov se ha esforzado más en otras ocasiones.

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