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Juan Manuel González

'Promoción Fantasma'

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Promoción Fantasma supone un paso adelante para el joven realizador Javier Ruiz Caldera, que hace un par de años debutó en el cine con la muy irregular Spanish Movie, la spoof o película de parodias a costa de los últimos éxitos del cine español. En esta ocasión, pese a puntuales concesiones al guiño puro y duro, y en contra de lo que su reclamo publicitario podría dar a entender, la comedia que ahora nos llega es mucho más un homenaje (inesperado y agradable) a la comedia escolar y sobrenatural de los ochenta que una nueva muestra de comedia de adolescentes hormonados.

Sin despreciar del todo esa guasa más o menos grosera de la comedia escolar más gamberra, versión Porky’s o American Pie (atención al monólogo final de Carlos Areces), Promoción Fantasma sorprende por optar, sin embargo, por una emotividad nostálgica netamente eighties visible en los abundantes circunloquios románticos y sobrenaturales de la trama, y en una culminación totalmente spielbergiana en su concepción, por mucho que algunos desajustes en el tramo final de la historia (en la que perdemos un tanto la pista de un estupendo Raúl Arévalo) perjudiquen la eficacia de esa catarsis sobrenatural del desenlace. Promoción Fantasma es, pese a todo, un sincero homenaje de Ruiz Caldera y sus guionistas a la labor del prematuramente fallecido John Hughes, que en los ochenta popularizó películas como ‘El club de los cinco’ o ‘La chica de rosa, todas ellas aproximaciones bien distintas al género adolescente que vendría después.

Ruiz Caldera, en su apuesta por una comercialidad abierta, abraza las convenciones del género con una habilidad sorprendente, y deja por el camino un buen número de gags e ideas visuales tremendamente eficaces que le sitúan como un director aventajado, prometedor y popular en la mejor acepción del término. Prueba de todo ello es lo bien que está su reparto al completo, encabezado por unos estupendos Raúl Arévalo y Alexandra Jiménez –que resuelve con talento un personaje algo desdibujado- y sobre todo, e inesperadamente, el buen retrato grupal de los fantasmas juveniles que canalizan la función. La planificación y el aspecto visual de bastantes secuencias (se me ocurre la del baile que abre la película, por ejemplo) resultan tremendamente animadas, fluidas y acertadas, y el tono, tan alocado y surrealista como nostálgico y hasta romántico, resulta inesperadamente agradable. Ruiz Caldera también obtiene el mejor partido posible de representantes del humor chanante televisivo, dosificando con mano maestra las apariciones de Carlos Areces o Joaquín Reyes como ningún realizador ha logrado hasta ahora. Para quien esto escribe, y asumiendo sus limitaciones y defectos, la bonhomía adolescente de Promoción Fantasma ha resultado una experiencia más positiva –y divertida- de lo esperado.

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