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Juan Manuel González

'La pesca del salmón en Yemen'

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En su volumen sobre el cine independiente americano, Sexo, mentiras y Hollywood, el siempre excesivo (y ameno) periodista Peter Biskind definió al sueco Lasse Hallström, director de obras tan decentes como ¿A quién ama Gilbert Grape?, Las normas de la casa de la sidra y Chocolat, como adalid del cine blandito, algodonoso pero a la vez apto para recibir laurel y prestigio crítico, de destacar en la ceremonia de los Oscar de turno (es decir, y para aclararnos, el mismo tono que tiene la eficacísima y exitosa cinta francesa Intocable). El mismo Hallström presenta ahora La pesca del salmón en Yemen, la adaptación de un best-seller británico de Paul Torday que cuenta con un guión del prestigioso Simon Beaufoy, libretista habitual de Danny Boyle en cintas como 127 horas, Slumdog Millionaire y Trainspotting.

Tal y como revela su estrafalario título, la película versa sobre los intentos de un acaudalado jeque de Yemen que pretende introducir la pesca con mosca en las montañas del norte de su país, una idea delirante que deberán llevar a cabo un aburrido funcionario (Ewan McGregor) y su representante (luminosa Emily Blunt). Ambos forman una peculiar pareja que desarrollará una inesperada amistad, -primero- y quién sabe qué más –después- aunque para ello tendrán que ir a contracorriente, como si de un salmón nadando río arriba se tratase.

Como si esos elementos de prestigio no fueran suficientes, además de la buena reputación de la que goza la actual comedia británica, La pesca del salmón en Yemen hace grandes esfuerzos –en ocasiones, un poco inexplicables- por guardar las formas y marcar una cierta distancia con el ya aburrido género de la comedia romántica. Son esos intentos por tratar de ser especial los que, precisamente, han chirriado un tanto a este cronista.

Beaufoy y Hallström creen manejar un material original, pero la sensación que resulta en ocasiones, pese al tono agradable del conjunto, es más bien de incertidumbre. La historia trata de conciliar un halo idealista y soñador con una serie de referencias inmediatas (la guerra de Afganistán, las actuaciones occidentales en países árabes, el terrorismo islamista) y hasta algo de sátira política, todo ello inserto en los mimbres de lo que es, al fin y al cabo, una muy convencional comedia romántica. Pero en esta ocasión, y a diferencia de lo que ocurría en filmes como Alta Fidelidad o incluso la más edulcorada Love Actually, la inteligencia de sus diálogos no permite obviar ese contraste e impide, en cierta medida –y perdón por el chiste- dejarse llevar por la corriente.

Pero quizá estemos siendo demasiado injustos con La pesca del salmón en Yemen, un drama romántico perfectamente recomendable, repleto de afilados diálogos y situaciones presentadas con encanto (se me ocurre, por ejemplo, la llegada de la pareja a la casa en Glen Tulloch), que gracias a la profesionalidad de sus intérpretes y la sobriedad de la dirección de Hallström resulta tremendamente distraído. La magia que la película parece querer emitir se sigue percibiendo a través de la labor de unos maravillosos Ewan McGregor y, sobre todo, la estupenda, sofisticada y jovial Emily Blunt, una actriz británica que parece dar un par de vueltas a algunas de sus equivalentes norteamericanas.

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