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Juan Manuel González

'La Jungla: un buen día para morir'

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La primera Jungla de Cristal, dirigida en 1988 por el gran John McTiernan, es a día de hoy el mejor exponente del cine de acción norteamericano de aquella época: una perfecta combinación de energía cinética, carisma actoral y, en aquel caso concreto, también cine de catástrofes, que atrapaba al espectador por su violencia, espectáculo trepidante y humor testosterónico. Sus sucesivas secuelas, dirigidas por Renny Harlin, de nuevo McTiernan e incluso la reciente de Len Wiseman, continuaron sin demasiados problemas aquella línea, y consagraron a Bruce Willis y su socarrón policía John McClane como uno de los iconos anti heroicos más queridos del cine de las últimas décadas.

Casi veinticinco años después, y debido al éxito de la tardía cuarta entrega, que pese a sus defectos sí recuperó para la siguiente generación el personaje, llega La Jungla: un buen día para morir, una quinta película que refleja la encrucijada actual que vive el género de acción. Su director, John Moore (firmante de la estimable Tras la línea enemiga) ha facturado la que sin duda, y lamentablemente, es la película más floja de la memorable saga, tanto que por momentos esta Jungla 5 parece más una producción del francés Luc Besson, autor de cintas apreciables pero menores como Venganza o Colombiana (y de otras tantas deleznables) que una nueva entrega de la madre de todas las películas de acción.

La Jungla 5, como las anteriores, trata de ubicar al héroe en un contexto extraño para él. El policía neoyorquino John McClane, convertido casi en abuelo, acaba inmiscuyéndose en una trama de espionaje internacional protagonizada por su hijo Jack, interpretado por el australiano Jai Courtney, que tiene lugar en Moscú. Una idea que sin duda podría haber rizado el rizo para un personaje caracterizado por su falta de oportunidad, su testarudez y su ironía, así como haber sumado a la saga una simpática apología de la disfuncionalidad entre padres e hijos, dado su contraste con otra relación paterno-filial que aparece en el filme, que resulta más que lógica en su contexto. Lamentablemente, todo eso queda en agua de borrajas en la que con toda probabilidad es la peor media hora inicial vista en un blockbuster reciente.

La Jungla 5, aparte de presentarse por primera vez en 1.78:1, evidentemente menos espectacular que el habitual 2.35, se extiende durante apenas noventa y pocos minutos, casi treinta menos que la entrega más larga de la serie, lo que redunda en el ritmo non-stop de la producción, pero también resulta sintomático de su falta de contenido. El libreto de Skip Woods apenas se esfuerza en trabajar los planteamientos señalados arriba y da síntomas de haber sido elaborado con premura, quizá ajustándose (digo yo) a una fecha de estreno apresurada. John McClane no necesita presentación a estas alturas, pero nada de eso tendría que haber significado renunciar a una buena película, a la fenomenal atmósfera de las anteriores, cuyas concepciones de lugar y espacio (Navidad, rascacielos, aeropuerto, verano, Quinta Avenida...) era sencillamente sobresaliente. Los diálogos de las tres primeras entregas aparecen ahora reducidos a una cháchara propia de una intro de videojuego, y rematados por una gravísima indefinición en sus personajes... cuando personajes era lo que tenían, precisamente, las anteriores aventuras. Tanto es así que en no pocas secuencias Willis parece atrapado en una versión actioner de El sexto sentido, de tan irrelevante que resulta su presencia: en ocasiones el actor recita sus frases sin que ningún personaje en el largometraje parezca escucharlas, como en el caso de la secuencia que transcurre en el piso franco.

Moore trata de visualizar la acción, ciertamente espectacular y constante, como si de una mezcla de Michael Bay y Paul Greengrass se tratase, mezclando trucajes digitales con acción puramente física, y lo cierto es que pese a su molesto uso del zoom (que malinterpreta los logros del contundente trabajo visual de John McTiernan en la primera y tercera entregas) en ese sentido La Jungla 5 entrega muy bien el mensaje. La película, al fin y al cabo, es entretenida y tras su lamentable comienzo crece y consigue algún momento interesante por sí mismo, solventando en parte uno de los problemas de la cuarta entrega y recuperando el giro argumental clásico de todas las cintas de la serie: el del robo. Moore muestra si no dominio, al menos sí la voluntad de entregar un espectáculo palomitero sin prejuicios y repleto de frases hilarantes... o lo que llamaríamos una buena mala película. Pero John McClane y sus fans nos merecíamos eso y más.

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