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Juan Manuel González

'Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas'

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El subgénero de los cuentos de hadas golpea fuerte en Hollywood. En los últimos meses dos películas sobre el mito de Blancanieves, series como Érase una vez y Grimm, e incluso la superproducción El Hobbit han preparado el terreno a este tipo de leyendas para la generación post-Señor de los Anillos. Por no mencionar las inminentes Jack el caza gigantes, firmada por Bryan Singer, Oz: un mundo de fantasía de Sam Raimi, e incluso Maléfica y La Cenicienta, que llegarán en próximos meses. Todas ellas suponen un esfuerzo por recuperar la mitología de los cuentos de hadas convenientemente remozados para una generación de espectadores que ha demostrado preferir el género de espada y brujería adulto en videojuegos o televisión, con la serie Juego de Tronos, mientras la gran pantalla aparece dominada por personajes dotados de superpoderes y filmes para todos los públicos.

Hansel y Gretel: Cazadores de brujas es hija de estos tiempos confusos, en constante reubicación, en los que los relatos intentan sobrevivir buscando su lugar ya sea en una plataforma u otra. La película del noruego Tommy Wirkola (Zombis nazis) no oculta su naturaleza de híbrido, y aborda la leyenda recogida por los hermanos Grimm en su versión más macarra y sangrienta, con los dos hermanos del cuento convertidos en dos mercenarios afamados inmunes a los hechizos (los sucesos de la casa de dulce ocupan el prólogo de la película) en una aventura que trata de resultar divertida, desprejuiciada y muy sangrienta... pero no lo hace bien y, al igual que en la reciente La Jungla 5, todo parece desarrollarse como si de un videojuego sin mandos se tratara.

Wirkola mete en batidora sustos baratos, decorados de cartón piedra y maquillajes no demasiado elaborados, pisando el acelerador en el montaje y ritmo para no dar un segundo de descanso al espectador. Bien. Pero el resultado carece de verdadera imaginación y espíritu de serie B, sin que se perciba en la mecánica aventura el turbador sustrato sociológico del cuento de hadas, como tampoco ninguna secuencia de acción especialmente destacable, ni mucho menos un genuino sentido del humor, ni tangible ni subterráneo. Hansel y Gretel es más el esbozo de una película de aventuras épica, una actualización en tono de videojuego y densidad de telegrama de una verdadera leyenda (huele a una notable reducción en la sala de montaje), con héroes y exposición de actioner digital enclavado en lugares y motivos de cuento de hadas. Suena bien, pero la película de Wirkola somete a un evidente reduccionismo los postulados de uno y otro y carece del humor y la testosterona de Los Mercenarios y su secuela, y también del tripi de vísceras de la anterior película de su realizador. En definitiva, que aquí no hay más giro o ironía que el que se puede perpetrar en un cónclave de ejecutivos del estudio.

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