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Crítica de 'Saint Maud', película de terror religioso para Navidad

Maud es una enfermera muy particular. Su descenso a la locura se relata en Saint Maud, película de terror británica dirigida por Rose Glass.

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Maud es una enfermera muy particular. Su descenso a la locura se relata en Saint Maud, película de terror británica dirigida por Rose Glass.
Saint Maud | Sony

Faltaba en tiempos de reivindicación, de elevación o análisis de la figura femenina en el mainstream un thriller de terror psicológico en su vertiente religiosa como es Saint Maud. Y aquí esta, un film que "eleva" la figura de una enfermera enloquecida que se cree una Santa a caballo entre la vida y la muerte que trata de encerrar a una paciente moribunda en un círculo perverso de aislamiento en pos de salvar su alma.

El juego de Saint Maud, articulada en torno a la conversación con Dios de la enfermera, es precisamente ese, introducir al espectador en el punto de vista de Maud a través de su voz en off y una meticulosa observación de sus comportamientos y pensamientos que provoca tanto rechazo como, también, comprensión sobre su proceso interno.

La puesta en escena de Rose Glass está repleta de grandes y opresivos primeros planos y puntos de vista cenitales que aproximan la perspectiva divina a la de una cámara de vigilancia, al fin y al cabo un recurso típico del cine de terror "found footage" y e incluso también aquel antiguo y seminal Resident Evil para PC. También ayuda un fascinante y sórdido diseño de sonido que introduce al espectador en la atmósfera turbia del film.

Lamentablemente y por mucho que se evite la astracanada, el susto o el golpe de efecto, la frialdad extrema de Glass aproxima Saint Maud a lo genérico, al filme de terror de plataformas de streaming destinado al olvido inmediato. El final es muy bueno, pero su visión del fanatismo religioso es bastante simple y eso, en una película que utiliza la iconografía cristiana para plasmar la represión del deseo sexual de la mujer, resulta tóxico. No hay ironía, verdadero horror o inquietud ni, finalmente, ese punto de vista específico, femenino, que prometía. La atmósfera, no obstante, es excelente, como también la interpretación de la protagonista Morfydd Clark. Eso, junto a la brevedad y el talento visual de Glass, que tampoco trata de reinventar nada, decantan la balanza hacia el "ok". Cuando al final entran en escena los tropos del género (aunque en cierto modo, la película alberga su negación) la película interesa.

Saint Maud ya está en cines de toda España.

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