El cine, más allá de su vertiente lúdica o artística, actúa a menudo como una ventana hacia realidades sociales que escapan a nuestro conocimiento cotidiano. En esta ocasión, la mirada se posa sobre la película Una hija en Tokio, una obra que disecciona la compleja y, para muchos, incomprensible situación de la custodia compartida en el país del sol naciente. Japón, percibido globalmente como un ejemplo de civilización y desarrollo tecnológico, esconde en su seno una laguna legislativa que ha afectado a miles de familias, donde la ruptura del vínculo matrimonial conlleva a menudo la desaparición total de uno de los progenitores de la vida del menor.
La trama se centra en la figura de un ciudadano francés residente en la capital nipona, cuya vida se desmorona cuando su esposa decide, unilateralmente, llevarse a su hija, Lily. Este acto, que en Occidente calificaríamos sin ambages como un secuestro parental, es posible debido a un marco legal que, hasta hace muy poco, no contemplaba la custodia compartida. El protagonista se ve sumido en una búsqueda desesperada que se prolonga durante nueve años, trabajando como taxista nocturno con la esperanza de que el azar, en una ciudad de millones de habitantes, le devuelva lo que la ley le ha arrebatado.
Desde una perspectiva crítica, resulta alarmante observar cómo un Estado de Derecho puede permitir la anulación de la patria potestad de facto, un Estado que descuenta de la nómina del progenitor la pensión alimenticia por defecto. La película no recurre al sentimentalismo barato, sino que se mantiene en una contención emocional que subraya la injusticia sistemática. El debate político en Japón está al rojo vivo, especialmente ante la entrada en vigor de una nueva ley este año 2026 que pretende introducir la custodia compartida, aunque no sin una fuerte controversia social y política sobre su aplicación real en una sociedad tan tradicional.
El relato fílmico guarda un paralelismo estremecedor con la realidad. El director se inspiró en los sucesos ocurridos durante los Juegos Olímpicos de Tokio en el año 2021, cuando un ciudadano francés inició una huelga de hambre ante el silencio de las autoridades. Este hombre, tras agotar todas las vías posibles ante organismos internacionales como la ONU o la Unión Europea, buscó visibilizar un problema de racismo institucional y discriminación hacia los extranjeros en los procesos de custodia, un tema que la película aborda con valentía al mostrar las trabas que enfrenta un occidental en el sistema judicial japonés.
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