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La "memoria histórica" del Barça

la relación entre el Barça y Franco era más honda que la del general con el Real Madrid, pese a que éste lo presidía un veterano de la guerra. También hay que destacar que el Barça es el equipo que ganó más Copas del Generalísimo.

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La Vanguardia

Entre las investigaciones del régimen franquista y de la persona que lo encabezaba hay una que creo que no se ha tocado, y que me sorprende dada la pasión futbolera imperante en España: ¿cuál era el equipo de fútbol favorito de Su Excelencia? La leyenda asegura que era el Real Madrid, al que incluso se le niega que ganase sus Copas de Europa limpiamente. Sin embargo, algunos sostienen que era el Fútbol Club Barcelona. Lo cierto es que la relación entre el Barça y Franco era más honda que la del general con el Real Madrid, pese a que éste lo presidía un veterano de la guerra. También hay que destacar que el Barça es el equipo que ganó más Copas del Generalísimo.

Aplicando la ‘memoria histórica’, saquemos a la luz los muertos que los culés han guardado en sus armarios.

Una recalificación urbanística en ‘Madrit’

En los años 50, la junta directiva del club decidió demoler el viejo estadio de Las Corts, que se había quedado pequeño pese a sus 60.000 localidades, y construir otro. Las obras se alargaron y el presupuesto se hinchó. Después de muchas presiones, el Ayuntamiento de Barcelona, dirigido por el franquista José María Porcioles, recalificó unos terrenos propiedad del club, lo que le permitiría a éste obtener los ingresos necesarios para pagar sus deudas. Pero empezaron los pleitos de los perjudicados por el trato de favor al FC Barcelona.

Uno de los directivos, Juan Gich, recurrió a un amigo suyo, funcionario franquista y falangista de camisa azul, Torcuato Fernández Miranda, para que el asunto lo zanjase el Gobierno. El Consejo de Ministros celebrado el 13 de agosto de 1965 en el Pazo de Meirás, bajo la presidencia del generalísimo Franco, aprobó un decreto que se publicó en el BOE del 23 de septiembre con el número 2735/1965, de 14 de agosto, que rezaba así:

Se aprueba el cambio de uso de una zona verde del Plan Parcial de Ordenación Urbana de la Zona Norte de la avenida del Generalísimo Franco, entre las plazas de Calvo Sotelo y del Papa Pío XII, de Barcelona.

Al pie del decreto, los nombres de José María Martínez y Sánchez Ajona, ministro de la Vivienda, y de Franco. Los terrenos se vendieron más tarde por 228 millones de pesetas a la constructora Habitat. ¡Un ladrillazo con orígenes franquistas!

Además, en 1971 el Consejo Nacional de Deportes, presidido por Gich, acordó conceder a fondo perdido 43 millones de pesetas al FC Barcelona para la construcción del Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo.

Dos insignias de oro concedidas a Franco

Quince días antes de la inauguración de las instalaciones citadas, el 13 de octubre, la junta directiva del Barça entregó a Franco, a Gich y a Fernández Miranda, la medalla de oro por la construcción de los dos palacios. La inauguración estuvo presidida por el vicesecretario del Movimiento, el falangista Manuel Valdés Larrañaga, sin que hubiera incidentes.

Menos de tres años después, el equipo entregó su segunda medalla de oro a Franco. El 27 de febrero de 1974 la junta directiva en pleno se trasladó al Palacio de El Pardo para condecorar a su benefactor con la Medalla de Oro del 75º Aniversario del FC Barcelona. Al acto asistió además el ministro secretario general del Movimiento, el falangista José Utrera Molina.

"El Barça es más que un club"

El autor de la frase, tan citada como manipulada, fue Narciso de Carreras (1905-1991), un abogado vinculado a Francesc Cambó (que, junto con el balear Juan March, fue el mayor contribuyente individual al bando nacional en la guerra), que como su mentor pasó del nacionalismo al apoyo entusiasta al general Franco, que les había salvado a él y a sus correligionarios de la Lliga del holocausto. Entre sus muchos cargos, desempeñó el de Presidente del FC Barcelona entre enero de 1968 y diciembre de 1969. Al tomar posesión de la presidencia del equipo dijo, en su discurso, pronunciado en catalán, sin que conste que luego fuese detenido o procesado:

Yo vengo a la presidencia del Barcelona con todo aquel entusiasmo que vosotros pudierais pedir. El Barcelona es más que un club de fútbol, el Barcelona es más que un lugar de esparcimiento donde los domingos vamos a ver jugar al equipo; más que todas las cosas, el Barcelona es un espíritu que llevamos muy arraigado dentro, son unos colores que estimamos por encima de todo y esta emoción de venir a presidir este momento del Barcelona que tan bien nos deja el amigo Llaudet hace que pocas palabras pueda encontrar para daros a todos las más expresivas gracias.

¿Y qué opinaba don Narciso de Carreras sobre Franco? El 1 de octubre de 1960, escribió lo siguiente en La Vanguardia entonces española del conde de Godó.

Los catalanes, individualmente, tenemos una enorme capacidad de trabajo, pero hay que confesar que carecemos de aptitudes para una acción de tipo colectivo. Es tal vez una excesiva confianza en nosotros mismos. (…) Sirviendo a España es como mejor trabajamos por Cataluña. La grandeza de la Patria debe constituir la ilusión de los españoles de todas las latitudes y el servicio a España la obligación de todos los ciudadanos. Hoy, Día del Caudillo, debemos meditar sobre nuestra conducta para acertar en nuestra actuación. Debemos ofrecer nuestra colaboración y nuestro esfuerzo perseverante, leal y entusiasta. La Patria lo reclama y el Generalísimo lo merece.

"El ejército desarmado de Cataluña"

En los años del franquismo, ir al Nou Camp a vitorear al Barça no era, a diferencia de lo que ocurría en el resto de España, un plan para escapar de casa los domingos por la tarde ni una diversión; era lucha antifranquista y catalanista, pacífica, pero aguerrida. Así lo reveló el comunista Manuel Vázquez Montalbán a los culés en un artículo titulado ‘Barça: el ejército de un país desarmado’, publicado en 1987.

El equipo fútbol del Barcelona polarizaba las ansias nacionalistas de los catalanes como si fuera el ejército desarmado de un país con la identidad aplastada por el vencedor de la guerra civil. Cuando el Barcelona ganaba un partido de fútbol al Real Madrid, considerado el equipo del gobierno, Cataluña se resarcía un tanto de todas las guerras civiles que ha perdido desde el siglo XVII.

Casi al día siguiente de terminar la guerra civil, muchos catalanes que querían seguir siéndolo consideraron que la mejor manera de demostrarlo era hacerse socios del Barcelona Fútbol Club. Era algo menos arriesgado que militar en la clandestinidad contra el franquismo y permitía exhibir, a plena luz, una condición discrepante, disidente diríamos ahora, tolerada por el sistema franquista.

Este comunista hizo el mejor regalo a la burguesía barcelonesa: un pasaporte de luchador franquista a cambio de una entrada al Nou Camp o un banderín blaugrana. A la vez condenaba como ‘colaboracionistas’ a los socios de otros equipos de fútbol catalanes, como el RCD Español, el Mollerusa, el Nástic y tantos otros.

Josep Pla apenas escribió novela porque decía que no tenía imaginación, pero la vida catalana de los últimos años es toda ella una novela, como la pretendida condición de partisano del FC Barcelona y de sus juntas.

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