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Iván Vélez

¡Santiago, y a ellos!

Con esta apelación al santo que daba nombre a una de las órdenes militares más potentes de aquellos días mandaba cargar Cortés sobre sus enemigos en el Nuevo Mundo.

Iván Vélez
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Iván Vélez - ¡Santiago, y a ellos!
Santiago Matamoros. Escuela de Caracas (s. XVIII) I Wikipedia

Con esta apelación al santo que daba nombre a una de las órdenes militares más potentes de aquellos días mandaba cargar Cortés sobre sus enemigos en el Nuevo Mundo. Como tantos otros españoles de su época, don Hernando cultivaba varias devociones, de las cuales informó Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Según el soldado cronista, Cortés

tenía por su muy abogada a la Virgen María, nuestra señora, la cual todos los fieles cristianos la debemos tener por nuestra intercesora e abogada; e también tenía a señor San Pedro, a Santiago e a señor San Juan Bautista; e era limosnero.

De la invocación a un santo que hoy sigue siendo patrón del arma de caballería dio también noticia Bernal al describir la que se conoce como Batalla del Río Grijalva:

Y luego comenzaron muy valientemente a flechar y hacer sus señas con sus tambores, y como esforzados se vienen todos contra nosotros y nos cercan con las canoas, con tanta rociada de flecha, que nos hicieron detener en el agua hasta la cinta, y otras partes no tanto, e como había allí mucha lama y ciénaga, no podíamos tan presto salir della. Y cargan sobre nosotros tantos indios, que con las lanzas a manteniente, y otros a flecharnos, hacían que no tomásemos tierra tan presto como quisiéramos; y también porque en aquella lama estaba Cortés peleando, y se le quedó un alpargate en el cieno, que no le pudo sacar, y, descalzo el un pie, salió a tierra; y luego le sacaron el alapargate y se calzó. Y entretanto que Cortés estaba en esto, todos nosotros, ansí capitanes como soldados, fuimos sobre ellos, nombrando a Señor Santiago; y les hecimos retraer…

Algo más adelante, el de Medina del Campo no desaprovechó la ocasión de rectificar a Francisco López de Gómara. Según el clérigo, durante la batalla, los soldados dijeron a Cortés que

habían visto hacer a uno de a caballo, y preguntaron si era de su compañía, y como dijo que no, porque ninguno de ellos había podido venir antes, creyeron que era el apóstol Santiago, patrón de España. Entonces dijo Cortés: adelante, compañeros, que Dios es con nosotros y el glorioso San Pedro. No pocas gracias dieron nuestros españoles cuando se vieron libres de las flechas y muchedumbres de indios, con quien habían peleado, a nuestro Señor, que milagrosamente los quiso librar; y todos dijeron que vieron por tres veces al del caballo rucio picado pelear en su favor contra los indios, según arriba queda dicho; y que era Santiago nuestro patrón.

La respuesta del socarrón Bernal, a quien se vedó la visión del santo, no se hizo esperar. Démosle de nuevo la palabra:

Aquí es donde dice Francisco López de Gómara que salió Francisco de Morla en un caballo rucio picado, antes que llegase Cortés con los de caballo, y que eran los santos apóstoles Señor Santiago, o Señor San Pedro. Digo que todas nuestras obras y vitorias son por mano de Nuestro Señor Jesucristo, y que en aquella batalla había para cada uno de nosotros tantos indios, que a puñadas de tierra nos cegaran, salvo que la gran misericordia de Nuestro Señor en todo nos ayudaba; y pudiera ser que los que dice el Gómara fueran los gloriosos Apóstoles Señor Santiago o Señor San Pedro, e yo, como pecador, no fuese dino de lo ver.

Fue, no obstante, durante los enfrentamientos contra los tlaxcaltecas, comandados por Xicoténcatl, el Mozo, previas al establecimiento de la alianza con estos, cuando Bernal introdujo en su relato el "¡Santiago, y a ellos!" cortesiano. Cansado de requerir la paz a aquella nación sojuzgada por Moctezuma, Cortés decidió atacar del modo que sigue:

Y como les hablaron los tres prisioneros que les enviamos, mostráronse muy más recios, y nos daban tanta guerra, que no les podíamos sufrir. Entonces dijo Cortés: "¡Santiago, y a ellos!". Y de hecho arremetimos de manera que les matamos y herimos muchas de sus gentes con los tiros, y entre ellos, tres capitanes.

Terminada la conquista, Santiago siguió presente de diferentes modos. Entre ellos durante los fastos organizados con motivo de la firma de la Paz de Aguas Muertas, con las que cesaron las hostilidades entre Francisco I y Carlos I. El 12 de junio de 1539, en Tlaxcala, el propio Cortés actuó en la representación de La Conquista de Jerusalén. La obra, emparentada con las fiestas de moros y cristianos, concluye con la victoria cristiana, favorecida por la aparición del arcángel san Miguel, que ensalza la alianza de los tlaxcaltecas con los españoles y anuncia el socorro de Santiago Apóstol montado en un caballo blanco, pero también la de san Hipólito, patrón de la Ciudad de México, cabalgando sobre un caballo oscuro.

Muerto Cortés, Quevedo incluyó sus acciones de guerra, dentro de una larga serie en la cual el factor divino se habría puesto del lado de los españoles. En su España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros y sediciosos, el escritor madrileño dejó escritas estas palabras cargadas de providencialismo:

Como Dios de los ejércitos, unas veces, nos amparó, y éstas fueron muchas, con nuestro Patrón Santiago; otras con la Cruz que, hecha a vencer a la misma muerte, sabe darnos vida a todos los que, como estandarte de Dios, acaudilla. Milicias fuimos suyas en las Navas de Tolosa. La diestra de Dios venció en el Cid, y la misma tomó a Gama y a Pacheco, y a Alburquerque por instrumento en las Indias Occidentales, para quitar la paz a los ídolos. ¡Quién sino Dios cuya mano es miedo en todas las cosas, amparó a Cortés para que lograsen dichosos atrevimientos cuyo premio fue todo un nuevo mundo!

Dos siglos después de su fallecimiento, la inscripción del sepulcro en el que se depositaron sus tan traídos y llevados restos, subrayó el vínculo de Hernán Cortés con Santiago:

Aquí yace el grande héroe Hernán Cortés, conquistador de este reino de Nueva España, gobernador y capitán general del mismo, caballero del orden de Santiago, primer marqués del Valle de Oajaca y fundador de este santo hospital é iglesia de la Inmaculada Concepción y Jesús Nazareno.

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