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Archivad los papeles del 23-F en la "P" de papelera

En la fabricación de relatos, la izquierda sigue siendo maestra; es la única industria en la que destaca.

En la fabricación de relatos, la izquierda sigue siendo maestra; es la única industria en la que destaca.
Antonio Tejero en el cementerio de Mingorrubio tras el traslado de los restos de Franco. | Cordon Press

Los 'Papeles del 23-F' no son los 'Papeles de Epstein'. Los primeros han sido la montaña que parió el ratón. En cambio, los correos del financiero violador están dando entretenimiento y noticias (y la razón a tantos tachados de conspiranóicos) desde que el Ministerio de Justicia de Estados Unidos los colocó en su web el 30 de enero pasado.

Como clientes y asociados de Epstein aparecen los Rothschild, un príncipe de la dinastía Windsor, expresidentes de Estados Unidos, primeros ministros británicos e israelíes, exministros franceses, premios Nobel, emires árabes, capitostes de Hollywood y Wall Street… Y en los correos se habla de trata de blancas, corrupción, guerras, eugenesia, transhumanismo, manipulación de masas… Entre las consecuencias, varios premios Nobel que han renunciado a sus cargos; Noam Chomsky ha pedido perdón por su amistad con el pederasta; y Bill Gates ha arruinado su fama de filántropo, comprada a golpe de talonario, al reconocer que engañó a su esposa con prostitutas facilitadas por Epstein.

"23-F, cotilleos, muchos cotilleos"

Los documentos españoles son insustanciales. Minutas de llamadas a la esposa del teniente coronel Tejero. Informes a posteriori. Cartas de funcionarios a sus superiores suplicando por mantener sus empleos en el CESID (los servicios secretos) o el Ejército. Y cotilleos, muchos cotilleos, como anuncio de libros que no se publican o discusiones de militares sin identificar antes o después de la asonada, el tipo de papel oficial con el que los espías y analistas pretenden asegurar su puesto.

Ya se sabía que varios agentes del CESID despejaron la llegada al Congreso de los autobuses con Tejero y sus guardias civiles; y también que el director general de Seguridad, el siniestro Francisco Laína (como gobernador civil de Zaragoza impuso la versión de que el incendio en el hotel Corona de Aragón, ocurrido en 1979 y que dejó 83 muertos, lo causó un accidente en la cocina), ordenó a los GEO preparar el asalto del Congreso, aunque la acción causase docenas de muertos.

Como en los archivos de Epstein, en muchos de los documentos aparecen nombres tachados, pero la diferencia es que el Gobierno español ha borrado las identidades de comandantes lenguaraces que se ciscaban en el rey Juan Carlos, mientras que sospechamos que los nombres y los correos electrónicos borrados por el FBI corresponden a personas que deciden sobre nuestras vidas.

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General Armada

No se ha publicado la lista del 'Gobierno Armada', en el que iban a participar Felipe González, otros tres socialistas y dos comunistas. Este documento capital, que demuestra la implicación de los principales partidos en las conjuras de esos meses, lo conocemos gracias a la médico Carmen Echave, aunque el general Alfonso Armada negó que existiera.

Según cuenta Jesús Palacios, Echave colocó una grabadora en el cuarto en el que se reunían Tejero y sus oficiales durante la tarde del 23 y la madrugada del 24. Así se enteró de ese Gobierno de concentración y de su composición. Echave entregó las cintas al ministro de Interior, Juan José Rosón, que se las guardó y le aconsejó a la doctora que guardase silencio sobre ellas. Para sorpresa de nadie, ese material ha desaparecido.

Tampoco conocemos las conversaciones y los informes que circularon en la cúpula del PSOE en los meses anteriores. De ella formaba parte Enrique Múgica, comisionado por Felipe González para enredar con los generales, como el ya citado Armada y Sabino Fernández-Campo, entonces secretario general de la Casa Real, más los oficiales del CESID. Si se llegaron a grabar o transcribir, los papeles y las cintas también habrán sido destruidos.

Por último, los documentos, aunque sean oficiales, hay que saber interpretarlos. Pocas veces se encuentra en ellos la verdad completa sobre acontecimientos fundamentales o la inculpación de gobernantes en actos deplorables. Dos excepciones son la aprobación por Stalin del exterminio de los oficiales polacos presos o la orden de Hitler de aplicar la eutanasia a niños y adultos. Por el contrario, de la reunión de Hendaya entre Hitler y Franco disponemos de los documentos y varios testimonios, así como de las reacciones posteriores (entre ellas, los mensajes de Hitler azuzando a Franco a tomar Gibraltar), y muchos 'historiadores de combate' siguen afirmando que Español quería entrar en la Segunda Guerra Mundial, mientras que el Alemán le rechazaba.

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Franco y Hitler

Y la interpretación que debemos hacer ahora es la siguiente: ¿por qué se desclasifican ahora esta selección de documentos archiconocidos?, ¿solo porque se han cumplido los 45 años del acontecimiento?

A Pedro Sánchez no se le puede discutir ni su falta de escrúpulos ni su ansia de poder. Para enriquecerse y mantenerse en la presidencia del Gobierno (y, por tanto, en la impunidad), no está vacilando en destruir España de arriba abajo, como ya trataron de hacer otros socialistas: sumisión a Marruecos, cierre de las centrales nucleares, desmembramiento del Estado a favor de los separatistas, sustitución demográfica mediante la inmigración, aceptación de la colonia de Gibraltar, empobrecimiento…

En su plan, que lo tiene, está la supresión del mito de la Transición, y de todo lo que arrastra, como la reconciliación, la unidad nacional, el respeto entre españoles que piensan distinto, etc. Una vez demolido, no quedará más que el "muro antifascista" que Sánchez anunció en su sesión de investidura de 2023, y en la garita él como imprescindible centinela, al estilo del coronel Nathan Jessup.

La prensa que lee la derecha pero no es de derechas, en vez de tratar de disculpar las intrigas de Juan Carlos o de añorar un "PSOE bueno", debería seguir martilleando mañana, tarde y noche sobre los escándalos de corrupción de la banda de Sánchez y avergonzando a las mujeres que aún votan al partido de los puteros. Pero en la fabricación de relatos, la izquierda sigue siendo maestra; es la única industria en la que destaca.

El PSOE tiene una historia siniestra, de rebeliones, robos, saqueos, torturas y pistoleros a sueldo. En los años 70 lo refundaron el dinero de la CIA, los tejemanejes de los militares del servicio de información franquistas (algunos de los cuales aparecen en el 23-F) y los asesores de la socialdemocracia alemana como alternativa al PCE. Y estuvo metido de hoz y coz en las conspiraciones de 1980 y 1981 contra Adolfo Suárez, que había derrotado dos veces a Felipe.

En los últimos años, los socialistas han aprendido que los golpes de estado ya no se dan con tanques. Es mucho mejor y menos ruidoso apoderarse de determinadas instituciones, como el Tribunal Constitucional. Con siete magistrados, o seis, siempre que uno de ellos tenga el voto de calidad, ya puedes destruir tu país y subvertir la Constitución. A Sánchez no le va a pasar lo que a Donald Trump, que el Supremo le tumba algunos de sus decretos, como el de los aranceles.

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