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Lo que Dalí y Picasso no se dijeron a la cara

Picasso y yo (Elba Editorial), es el cruce de caminos de dos referentes del arte español de todos los tiempos en forma de intercambio epistolar.

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Picasso y yo (Elba Editorial), es el cruce de caminos de dos referentes del arte español de todos los tiempos en forma de intercambio epistolar.
Pablo Picasso y Salvador Dalí. | Archivo

Pablo Picasso murió el 8 de abril de 1973. Al conocer la noticia, Salvador Dalí sintió el deseo de asistir al funeral, aunque para evitar un posible "circo mediático" prefirió mostrar sus condolencias enviando una gran corona de flores. Jacqueline, la viuda, la tiró por la ventana nada más recibirla.

A priori, parece el punto y final a una relación de enemistad y rivalidad entre dos genios del siglo XX. Sin embargo, no es más que una anécdota -tan hilarante como los dos hombres que la protagonizan- que oculta un sinfín de encuentros, colaboraciones y mutua fascinación que pasaron desapercibidas. Picasso y yo (Elba Editorial), es el cruce de caminos de dos referentes del arte español de todos los tiempos en forma de intercambio epistolar.

El volumen está editado por Víctor Fernández, periodista y escritor, responsable de otros epistolarios como Querido Salvador, Querido Lorquito (Elba, 2013). "Jacqueline Picasso no quería nada de coronas. Pagó el pato el pobre Dalí. Imagino que envió la corona más grande, más fastuosa y más superlativa que encontró e imagino que cuando Jacqueline la vio, no la quiso. En esa época apenas había ya una relación", explica Fernández a Libertad Digital.

Pero ese aparente odio, una vez fue cariño. "He intentado acabar con los mitos que persiguen la relación entre los dos. Siempre se ha visto como una relación de odio, de dos personas que estaban peleadas y me he encontrado que no es así, que hay un respeto mutuo", añade.

El Guernica, concebido para reflejar el horror de la guerra, se convirtió también en testigo de una ruptura. "Tras la Guerra Civil hay un distanciamiento, cada uno toma partido por un bando", confirma Fernández. Ya en la dictadura, Dalí convirtió a Picasso en la diana de sus irónicos comentarios micrófono en mano:

"Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco".

Es parte del discurso de Dalí del año 51 en el madrileño Teatro María Guerrero. "Ese discurso es la manera que tiene Dalí de integrarse oficialmente en el régimen. Otra cosa es que Dalí se creyera que era franquista, que es algo muy cuestionable, no lo tengo nada claro. Era conservador, sí, pero que se creyera todo aquello, no".

"Yo no conozco a ningún franquista al que le hayan censurado sus memorias y a él le censuraron La vida secreta. No se pudo leer hasta la muerte de Franco. Ayudó económicamente a un exiliado como Josep Tarradellas o que ilustrara los poemas de Mao Tse-Tung. Para ser franquista, era bastante raro", afirma.

De todos modos, ese discurso no disgustó al malagueño. "Es elogioso, habla bien. Sabemos que le divirtió, no se lo tomó a mal", confirma.

Dalí se cautivó de Picasso en la década de los 20. A pesar de que sus referentes eran Velázquez o Rafael, el cubismo en el que se había sumergido el autor de Las señoritas de Aviñón le producía cierta atracción. Antes de trasladarse a la Residencia de Estudiantes de Madrid, escribió en sus apuntes "Me gusta Picaso" (con una sola ese).

El primer encuentro entre ambos tuvo que esperar unos años. Dalí se presentó en París, con una carta de recomendación escrita por García Lorca hacia otro pintor en el que instaba a organizar una cita. El catalán quedó impresionado con el taller de Picasso y dejó constancia de ello en sus sucesivas obras. Era palpable la huella de Picasso cuando en Madrid apenas se conocía el cubismo.

"Picasso se vuelca con Dalí y le ayuda repetidas veces. Le presenta a sus marchantes, a coleccionistas e incluso le financia su primer viaje a Nueva York", desvela Víctor Fernández. "Es de una generosidad extrema. En una de las cartas, descubrimos que le ayuda económicamente durante la Guerra Civil, cuando Dalí estaba dando tumbos por Europa con lo puesto".

La razón a tanto altruismo es el fondo que descubrió Picasso en Dalí. "En el 1926, el pintor andaluz dijo a otro artista algo así como que de los artistas jóvenes el que mas talento tenía era Dalí". Tanto es así, que empieza a interesarse por su obra: "Era una esponja y Picasso era consciente. Cuando Dalí expone con polémica el Sagrado corazón, - una provocación surrealista-, a Picasso le llama mucho la atención. La admiración es mutua. Pasados los años, es probable que Picasso sí que lo viera como un rival. Hasta que aparece Warhol, Picasso y Dalí eran las grandes estrellas del siglo XX".

Picasso y yo lo componen 70 cartas de Dalí, que comienza con un manuscrito probablemente de 1922, conservado en la Fundación Dalí, más una carta inédita -un borrador de telegrama- y termina con una selección de textos dalinianos sobre el artista cubista.

Solo hay un único documento de Picasso dirigido a Dalí, una postal firmada por el artista malagueño. "Estamos ante la gran tragedia de la desaparición de muchos documentos en la Guerra Civil. Se han perdido muchas cartas, como el epistolario de Lorca a Dalí. Creo que sí que hubo alguna otra correspondencia de Picasso a Dalí. Me imagino que cuando Picasso le envía ayuda económica iría acompañado de una nota, todo esto está desaparecido. ¿Para siempre? Yo creo que alguna vez encontraremos algo".

Gracias a estos documentos, sabemos que aunque la esfera pública reflejaba un distanciamiento, hay constancia de que Picasso siente un gran afecto por Dalí pasados los años y lo invita a que vaya a verlo en los años 60. El trabajo de documentación ha sido difícil, reconoce Víctor Fernández, puesto que, aunque el espistolario se había publicado en Francia, buscaba "ir mas allá". "Es como un hilo que empiezas a tirar. Emociona tener un documento de estas características en las manos, la responsabilidad es muy grande. Hay que saber exprimirlo para sacarle todo el jugo".

Picasso y yo. Editado por Víctor Fernández. Editorial Elba. ISBN: 978-84-943666-1-1. 200 páginas. 19.50 euros.

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