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Pedro de Tena

Invictus de un ictus

En el libro del profesor en su interior Jesús Gil Roales-Nieto, que sufrió un ictus hace tres años, late el corazón y la inteligencia de un enfermo provisto de un indignado sentido del humor.

Pedro de Tena
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Uno de los tipos de muerte que no menciona Philippe Ariès en su ensayo El hombre ante la muerte y tampoco en su Historia de la muerte, es la muerte burlada. Habla, eso sí, de muerte domada, de muerte salvaje, de muerte propia, de muerte lejana y próxima, de la muerte excluída, de la muerte aparente, de la muerte invertida e incluso de las bellas muertes. Pero se olvida de esas muertes eludidas, por decirlo en términos taurómacos, muertes toreadas y devueltas a los corrales, temporalmente, claro, porque no hay muerte vencida, sino, como máximo, aplazada.

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Tal ha sido el caso del catedrático de Psicología en la Universidad de Almería, Jesús Gil Roales-Nieto, al que asaltó un ictus el 13 de mayo de 2013. Pero esta vez la faena dilatoria ha logrado ser descrita por el propio burlador en un libro testimonial que ha llamado En manos del sistema. Cómo sobrevivir a la supervivencia, publicado por la editorial madrileña DIKYNSON, SL. Diré para animar a sus lectores que en su interior late el corazón y la inteligencia de un enfermo provisto de un indignado sentido del humor, seguramente el antídoto contra los anonadamientos sucesivos que le acecharon desde el ictus.

Se refiere frecuentemente que Nelson Mandela fue profundamente influido por el poema Invictus, escrito en 1875 por William Ernest Henley, cojo desde la infancia y de quien se dice inspiró a Robert Louis Stevenson el personaje del pirata con la pata de palo Long John Silver en La Isla del Tesoro.

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta…

soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.


Curioso es que este poema fuera incluido en In Hospital, título de su último libro. Y precisamente en el hospital dio comienzo la escritura del libro que traemos a colación. Este libro es el libro de un hombre, no menos, no más, que tiene el alma invicta a pesar de haber sufrido el golpe inesperado de un ictus, versión infarto cerebral. Es la crónica escrita, confesión minuciosa casi siempre, de cómo después de varias embestidas, logró burlar a la mucha muerte que traía el extraño enemigo que embistió a su cerebro.

El libro tiene interés para todo tipo de lectores porque, como dice el autor citando a Horacio: "Quid rides? Mutato nomine de te fabula narratur (Sátiras I, 1, 69), que suele traducirse al castellano así: "¿De qué (o por qué) te ríes? Cambiado el nombre, la fábula habla de ti". Es un libro de obligada lectura para los mayores de 60 años, para los profesionales de la neurología y la psicología, la medicina en general y la enfermería y para los familiares que sufren, ellos también, otro ictus (ictus significa golpe de voz marcador del ritmo y el acento en la poesía clásica), éste convivencial, que les condiciona la vida y su tráfico habitual y pone a prueba la fuerza de su cariño. Y para los jóvenes, que ven la muerte tan lejos, para que vayan aprendiendo a morir con dignidad.

El libro es un manifiesto contra el totalitarismo de la muerte y un cántico por la supervivencia desde la verdad de los hechos desnudos de toda manipulación, científico el autor, sin falsas compasiones o autocompasiones (aunque admite que la obra de misericordia católica de visitar a los enfermos le supuso alivio) ni explicaciones mágicas o interpretaciones religiosas.

Este libro es una composición dramática con música al fondo (el autor relaciona las más de 160 piezas musicales clásicas que escuchó durante el largo proceso de recuperación, sólo en parte, de sus mecanismos motores con una mención especial de la Danza Macabra de Camille Saint Saëns o Lucía de Lammermoor de Donizetti). Cuenta, naturalmente, con una Obertura, 5 actos (a los que humorísticamente añade el Acto 0-61), 24 escenas y un epílogo. Digamos que junto al buen hacer de numerosos profesionales, Jesús Gil Roales-Nieto no elude criticar la formación insuficiente de algunos sanitarios y el espectáculo dantesco de las Urgencias en el hospital andaluz que le tocó en suerte, masivo apelotonamiento de camas incluso en los pasillos, que compara con las parodias de los Monthy Phyton.

La Obertura describe cómo es sentido y experimentado un ictus en primera persona, que es la forma elegida para escribir todo el libro. Su acto preliminar, el 0-61, dibuja cómo el destino – el diagnóstico inicial equivocado -, le hizo perder un tiempo precioso – tiempo en elictus es cerebro-, antes de llegar a Urgencias. El destino se conforma además como un elemento esencial de su itinerario de paciente entregado a las manos de otros. ¿Qué manos? ¿Qué otros? Lo decide el destino.

En el Acto Primero se relacionan los acontecimientos transcurridos desde la confirmación definitiva del ictus isquémico a la práctica – podría llamarse milagrosa-, de una traqueostomía por un médico interino de la sanidad andaluza que básicamente le ayudó a burlar de nuevo a la muerte. Otra vez el destino.

Y en esto, el traslado al hospital de una ciudad andaluza que le muestra el camino vivificador de la nostalgia que revela lo que nos ha fraguado como personas y nos rebela contra la soledad de una UCI, contra el dolor por el habla perdida o contra la sorpresa de tener "sueños húmedos" de esa agua imposible de beber como antes. Es el Acto segundo, escena tercera.

Las paginas sucesivas pasan revista a la historia de un niño criado humildemente en el franquismo (familiares fusilados por comunistas y anarquistas, no todos tan perversos como se hizo creer entonces, que, de un modo paulatino y enigmático, transita hasta el marxismo leninismo del Partido del Trabajo de España y de ahí, detención policial de por medio, al liberalismo, digamos, social del CDS, con un aluvión de canciones infantiles, imágenes, figuras…Recomendable flashback para muchos, sobre todo para los "nuevos políticos" que entienden tan poco a tantos españoles. Para mí, desde luego emotivo por el hallazgo de una biografía, en bastantes aspectos, paralela, incluso en los efectos de la falta de oxígeno en el cerebro, en este caso, de mi padre.

Pero aún quedaba mucho. Se repitieron crisis gravísimas casi definitivas en menos de dos meses y el libro narra qué fueron y cómo fueron, pero sobre todo qué sintió el único que las vivía desde sí mismo, con meditaciones colaterales sobre Dios, que no comparto a pesar de ser escéptico y que espero que podamos hablar un día, y otras entidades, ejercicios, personalidades, razonamientos y acontecimientos.

Luego el libro viaja de Almería a Madrid, de la sanidad pública andaluza, burocratizada y demasiado lejana, a la sanidad privada, de la habitación compartida a la habitación individual, aquélla que durante una década prometió Chaves a los andaluces por la cara sin pensar jamás en cumplir la promesa, de la nariz sondada a la nariz liberada, de no poder hablar a intentarlo, de la presencia invisible de la muerte a la creencia en haber sobrevivido, de la consunción a la rehabilitación Internete mediante… Pero, de nuevo, la recaída, de la esperanza a la alopecia, a infecciones sobrevenidas…Luego, Barcelona. Qué lentitud la de la recuperación, pero qué nueva oportunidad a pesar de la grávida disciplina del aprendizaje de una nueva conducta.

En fin, estamos ante el libro de un profesor, un buen profesor, que nos desvela los hechos mismos como los vivió, que nos explica, que nos provoca, que nos lanza latinajos – ah, que gustazo para los que tuvimos la fortuna de estudiar latín-, hoy casi desconocidos, que nos muestra caminos musicales o filosóficos o científicos o cotidianos para recorrer en libertad, que nos hace crecer - eso es la educación -, que nos hace libres y críticos y que no mira hacia otro lado, sino al propio interior de una conciencia humana enfrentada a la sorpresa delictus más rebelde y agresivo. El profesor Gil Roales-Nieto nos ha regalado todo un manual de supervivencia para estos casos, nada excepcionales por cierto (120.000 nuevos al año sólo en España).

Y, cómo no, estamos ante el libro necesario y emocionante de un escritor sin complejos de estilo que ha sido capaz en sus menos de 300 páginas de hacer reír, llorar (cuando cuenta el homenaje de sus alumnos a su vuelta a las aulas en plan club de los poetas muertos), pensar, disfrutar, recordar, cantar, vivir e imaginar lo vivido por él en esta España nuestra porque, repitamos lo de Horacio, si cambiamos el nombre, esta fábula, la de la salud, la enfermedad y la muerte, habla de cada uno de nosotros.

Especialmente sugerente es la parte final, que llama epílogo, una recapitulación racional metodológicamente anarquista de su experiencia, de sus sentimientos, de sus reflexiones, juicios y deducciones… Jesús Gil Roales-Nieto lo hace con toda naturalidad y claridad (hasta cuando pincela la desnaturalización que sufre su cuerpo, por ejemplo, ya no percibe los sabores) y le ha sido posible porque, a pesar del ictus traidor y de ser ya para siempre otro del que era, ahora dependiente y amenazado, su alma siguió y sigue invicta. Otra antinomia para su colección.

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