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Jesús Fernández Úbeda

'El arte de ser humanos' y la peste de la estupidez elevada

El filósofo Rob Riemen sostiene que el desconocimiento de la Historia conlleva a la vigencia del "orden mundial de la mentira y la estupidez".

El filósofo Rob Riemen sostiene que el desconocimiento de la Historia conlleva a la vigencia del "orden mundial de la mentira y la estupidez".
Portada de 'El arte de ser humanos', de Rob Riemen. | Amazon

Corren tiempos de maleza. De "Vivir al paredón", como cantaba aquel bardo genial de Manila. Los bárbaros, incansables y, mientras escribo, sobreexcitados, están cercando a los tontos, enfermos de soberbia y puestos del último –ismo ofertado en el supermercado de las neurosis vanidosas. Parece que, ahora sí, las Termópilas caerán por la acción de los hunos y la idiotez de los hotros. Eadem, sed aliter: la cosa no es nueva, la Historia está ahí, pero la hemos olvidado, la desconocemos o, aún peor, la manipulamos al servicio de nuestros credos, ideologías, filias, prejuicios y caprichos. Luego, claro, llegarán el llanto y el rechinar de dientes. En parte, por nuestra culpa. Porque, como bien dijo Voegelin, "es signo de una incomprensión fatal de las fuerzas históricas creer que un puñado de hombres puede destruir una civilización antes de que ésta haya cometido suicidio".

Occidente tose sangre, mas no de una manera inédita. Lo explica muy bien Rob Riemen en un ensayo fabuloso, El arte de ser humanos (Taurus, 2023): "El orden mundial de la mentira y la estupidez victoriosa siguen vigentes. No debería sorprendernos, porque también pululan las larvas de la desolación del no saber y del fanatismo del saber único. Y si hay algo que nos enseña la Historia, esa que Cicerón nos presentó con orgullo como nuestra magistra vitae, la tutora de nuestras vidas, es que justamente no aprendemos las lecciones de la Historia, sencillamente, porque no la conocemos. No tenemos memoria, y por eso la estupidez puede seguir triunfando". El filósofo holandés invoca a, entre otros, Sócrates, Ovidio, Émile Zola, Thomas Mann o Mijaíl Bulgákov para recordarnos que siempre hubo necios y fanáticos, para advertir que la democracia liberal está cercada por Mammón, el relativismo, el fundamentalismo y el irracionalismo, y, esto es muy interesante, para señalar la responsabilidad del mundo de la cultura y de algunos intelectuales en este potaje.

Sostiene el también fundador y presidente del Nexus Institute que las universidades de nuestros días "no exterminan las larvas del desolador no saber nada ni el fanatismo del saber único, al contrario: las alimentan". Riemen denuncia la "filosofía de cátedra", o sea, que en las aulas se proclame la "doctrina redentora de una ideología", se desactive la autonomía crítica del individuo y, en definitiva, se adoctrine al personal: "En el siglo XXI, el maoísmo sigue siendo popular en China, el capitalismo es el gran favorito de las business schools y la ideología woke goza de una popularidad cada vez mayor en Occidente". Por ello, nuestras sociedades están infectadas "con la peste de la estupidez elevada": "La inteligencia, los títulos académicos, la riqueza y el prestigio social no son garantía de que una persona no puede ser estúpida". Amén.

A lo largo de cuatro estudios, el autor intenta responder a las preguntas socráticas de cuál es la mejor manera de vivir y en qué consiste una sociedad justa. El panorama que ofrece no es halagüeño –y a la Historia, insisto, se remite–, pero también es consciente, como Leonard Cohen, de que la luz pasa por la grieta y aspira a que "el orden mundial de la mentira y la estupidez victoriosa" sea derrotado por un ideal civilizatorio en el que "la verdad y la justicia sean valores morales universales y fuerzas liberadoras capaces de darnos a todos la formación espiritual humanista que necesitamos". Reivindicando a los clásicos, con un toque como de Montaigne, sin edulcorantes ni vasallajes, y gastando una prosa fluida. El arte de ser humanos es un muy buen libro, sin duda. Lamentablemente, y a los acontecimientos me remito, no puede ser más oportuno el momento de su publicación. Y, ya lo saben: quod scripsi, scripsi.

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