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Crítica de 'Salvador', la serie de Netflix y Luis Tosar sobre neonazis en Madrid

Daniel Calparsoro y Aitor Gabilondo exploran la bajada a los infiernos de un padre que busca respuestas tras la radicalización de su descendiente.

Daniel Calparsoro y Aitor Gabilondo exploran la bajada a los infiernos de un padre que busca respuestas tras la radicalización de su descendiente.
Salvador con Luis Tosar. | Netflix

La realización potente del primer capítulo de Salvador, la serie de Netflix que introduce a Luis Tosar en un grupo neonazi, anuncia un thriller espectacular, más atento al ritmo y los rituales de un Danny Boyle, un Scorsese (lo decimos por su olvidada Al Límite, en la que Nicolas Cage interpretaba a un trabajador de ambulancia) que a un retrato del odio y la pérdida como lo experimenta el personaje titular.

Y eso está bien. El problema surge cuando Salvador, que no es una película sino una serie de ocho episodios, se mete con toda la buena intención del mundo a retratar la otra cara de la moneda. Y esta no es solo la de los neonazis a los que pertenecía la hija del protagonista sino la del propio Salvador, pecando del consabido exceso de explicaciones, algo impropio de una serie tan visual como la apuesta del director Daniel Calparsoro.

La serie, que retrata la bajada al infierno de un padre que intenta explicarse qué llevó a su hija a internarse en un grupo neonazi en Madrid, puede explicarse a través de dos precedentes. El primero del propio Calparsoro, que debutó en el largometraje a mediados de los noventa con Salto al vacío, la historia de una niña bien entregada a la delincuencia. Y la segunda y más relevante, la miniserie británica Edge of Darkness, en la que Bob Peck investigaba la muerte de su hija, una activista pero esta vez de izquierdas, que dirigió el impecable Martin Campbell (Goldeneye) en 1985, y que tuvo una adaptación al cine en 2010 protagonizada por Mel Gibson con el título de Al Límite.

Y al límite pone Salvador al siempre intenso y adecuado Luis Tosar en una serie que va cumpliendo todos los clichés de "serie extrema" y "actual", pero que basa su atractivo en provocar ansiedad en el espectádor, no tanto interés o verdadero suspense, con el retrato de la lucha de un español común contra fuerzas que se escapan a su control... o no tanto. Su retrato psicológico y humano no es complejo sino típico, su retrato de un Madrid asediado por la extrema derecha un tanto inverosímil y todo en Salvador adopta esa seriedad impostada, esa hosquedad gritona y afectada, de cierto cine social español con pretensión de verídico.

Al final, el resultado entre la musculosa realización de Calparsoro y los guiones de Aitor Gabilondo (Patria) se limita a espectacularizar lo sensacionalista, no tanto en lo relativo a neonazis sino, precisamente, en esos sentimientos de telenovela a los que la trama no tiene más remedio que agarrarse. El aprovechamiento de exteriores madrileños, la fotografía y no pocas interpretaciones rayan lo excelente, pero vestir de veracidad y actualidad un procedimental sentimental que insiste e insiste en lo mismo una y otra vez es una jugada que ya conocíamos.

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