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Canadá compra un radar de muy largo alcance para controlar la actividad rusa en el Ártico

Puede detectar aviones, buques y algunos tipos de misiles a distancias de hasta unos 3.000 kilómetros, mucho más lejos que los radares convencionales.

Puede detectar aviones, buques y algunos tipos de misiles a distancias de hasta unos 3.000 kilómetros, mucho más lejos que los radares convencionales.
Militares canadienses durante las maniobras Global Resolve en el Ártico. | Canadian Army

Canadá ha dado un nuevo paso para reforzar la vigilancia de su frontera norte con la adquisición de un radar de muy largo alcance destinado a controlar los movimientos en el Ártico. El sistema formará parte de la modernización de la defensa aeroespacial norteamericano y permitirá al Gobierno de Ottawa mejorar su capacidad de detección temprana ante amenazas procedentes esta región estratégica.

La compra se enmarca en el programa Arctic Over-the-Horizon Radar (A-OTHR), impulsado por el Gobierno canadiense dentro de los planes de renovación del Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD). El proyecto busca sustituir y complementar los sistemas de vigilancia actualmente desplegados en el extremo norte, considerados insuficientes para responder a los nuevos desafíos militares.

El radar adquirido utiliza tecnología de horizonte ampliado, conocida como Over-the-Horizon Radar (OTHR), que permite observar objetivos situados más allá de la curvatura terrestre. Para ello emplea ondas de radio de alta frecuencia que rebotan en la ionosfera antes de regresar a la superficie. Gracias a este funcionamiento, puede cubrir enormes extensiones del territorio ártico y marítimo con una capacidad de vigilancia muy superior a la de los radares tradicionales.

Las autoridades canadienses consideran que esta tecnología será clave para detectar con antelación aeronaves militares, embarcaciones y determinados tipos de misiles que puedan aproximarse al continente norteamericano desde el norte. El incremento de la actividad militar rusa en el Ártico y la reapertura de infraestructuras estratégicas heredadas de la Guerra Fría han elevado la preocupación de Ottawa.

El acuerdo contempla la colaboración con Australia, país que ha desarrollado una de las tecnologías de radar transhorizonte más avanzadas del mundo. La experiencia australiana en este campo servirá de base para el despliegue del nuevo sistema canadiense. La operación representa además uno de los mayores contratos de exportación de defensa firmados por el Gobierno de Canberra.

Con esta adquisición, el Gobierno canadiense busca cerrar una de las principales brechas existentes en la defensa del continente norteamericano. La capacidad de detectar amenazas a miles de kilómetros de distancia permitirá ganar tiempo de reacción ante posibles incidentes y mejorar la coordinación con Estados Unidos dentro de NORAD.

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