L D (EFE) Los manchegos resolvieron el choque con un lanzamiento de su mejor jugador, Alberto Entrerríos, en un golpe franco a falta de 3 segundos para la conclusión, después de que el guardameta Arpad Sterbik hubiera detenido dos lanzamientos con marchamo de gol a Iker Romero y a Juanín García, éste a bocajarro. Tal y como ocurriera tan solo hace unos días en la competición liguera, barceloneses y ciudadrealeños disputaron un encuentro a cara de perro, aunque fueran los primeros los que tuvieron más opciones de conseguir una victoria que podría haberles servido para intentar salvar una temporada hasta ahora decepcionante.
Las diferencias siempre fueron para un Barcelona mandón, con más intensidad y acierto que su rival y que ya con un 4-1 de parcial inicial demostraba a las claras sus deseos de conseguir el billete para una final que tendrá como premio para el ganador de una plaza en la próxima Liga de Campeones. Después de unos minutos de igualdad, el mayor acierto de David Barrufet permitió las primeras ventajas apreciables de tres goles con la que precisamente se llegaría al descanso, 20-17, con dos equipos más preocupados en atacar que en defender.
La segunda mitad tuvo dos caras bien diferentes, un comienzo fulgurante catalán que le permitió la mayor ventaja en el marcador 24-19 (minuto 35), pero que se evaporó como por arte de magia tras un parcial de 0-5 de un Ciudad Real que había recurrido en la segunda parte en la portería a un Sterbik que acabó siendo vital. La primera ventaja del Ciudad Real, 25-26 llegaría mediado este periodo y a partir de entonces con un Alberto Entrerríos en papel estelar llegarían las ventajas manchegas de dos goles ante un Barcelona al que parecía costarle un mundo romper el muro defensivo rival.
Sin embargo, el equipo de Xesco Espar se agarró con uñas y dientes al partido y entró en los minutos finales con todas las opciones al triunfo y a falta de 9 segundos gozó de una doble ocasión para inclinar el marcador a su favor, algo que si hizo el brazo de Entrerríos para colocar a su equipo en la final.
Las diferencias siempre fueron para un Barcelona mandón, con más intensidad y acierto que su rival y que ya con un 4-1 de parcial inicial demostraba a las claras sus deseos de conseguir el billete para una final que tendrá como premio para el ganador de una plaza en la próxima Liga de Campeones. Después de unos minutos de igualdad, el mayor acierto de David Barrufet permitió las primeras ventajas apreciables de tres goles con la que precisamente se llegaría al descanso, 20-17, con dos equipos más preocupados en atacar que en defender.
La segunda mitad tuvo dos caras bien diferentes, un comienzo fulgurante catalán que le permitió la mayor ventaja en el marcador 24-19 (minuto 35), pero que se evaporó como por arte de magia tras un parcial de 0-5 de un Ciudad Real que había recurrido en la segunda parte en la portería a un Sterbik que acabó siendo vital. La primera ventaja del Ciudad Real, 25-26 llegaría mediado este periodo y a partir de entonces con un Alberto Entrerríos en papel estelar llegarían las ventajas manchegas de dos goles ante un Barcelona al que parecía costarle un mundo romper el muro defensivo rival.
Sin embargo, el equipo de Xesco Espar se agarró con uñas y dientes al partido y entró en los minutos finales con todas las opciones al triunfo y a falta de 9 segundos gozó de una doble ocasión para inclinar el marcador a su favor, algo que si hizo el brazo de Entrerríos para colocar a su equipo en la final.
