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¿Quién es el culpable de la gran burbuja de la deuda privada en España?

Entre las explicaciones sobre los orígenes de la crisis se suele mencionar el explosivo aumento del endeudamiento privado. Algunos insisten en culpabilizar al sector privado por este comportamiento. Pero, ¿quién está detrás de ese endeudamiento masivo?

Ángel Martín
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Uno de los problemas que señalan buena parte de macroeconomistas -aquéllos que están especializados en estudiar las economías consideradas en su conjunto- a la hora de generar esta crisis es el espectacular exceso de deuda en el que ha vivido nuestra economía en los últimos años.

En este contexto, algunos ponen el énfasis en el crecimiento exponencial de la deuda privada, cuyos niveles actuales, junto a las adversas condiciones del empleo, levantan preocupaciones acerca de la posibilidad de impago de parte de esa deuda. Los problemas actuales vendrían, pues, derivados de un aumento en la deuda del sector privado que no era en absoluto consistente con los fundamentos reales de la economía.

En otras palabras, el nivel de endeudamiento crecía a un ritmo mucho mayor al de las rentas necesarias para pagar esas deudas. Además, se enfatiza en ocasiones el hecho de que el problema más importante actualmente es la deuda privada, y no la pública.

Algunos especialistas explican este fenómeno de la siguiente forma: los agentes económicos han tomado correctamente sus decisiones, de acuerdo a una información y expectativas determinadas; pero estas mismas decisiones individuales, generan consecuencias explosivas para el conjunto de la economía. Es decir, acciones individuales óptimas llevaron al desastre agregado.

Una línea argumental similar se suele emplear para justificar que, en etapa de recesión económica donde los consumidores recortan el consumo, el gobierno gaste e incurra en déficit público. No es que los consumidores individuales sean estúpidos al apretarse el cinturón, sino que, según se argumenta, esta actitud es muy perjudicial para la economía en su conjunto, aun sin que aquéllos se den cuenta.

Sin embargo, cabe preguntarse acerca de las razones que han empujado a esos inversores a incurrir en niveles de deuda exacerbados. ¿Fueron movidos por una avaricia imparable que les indujo a apalancarse para obtener beneficios a corto plazo sin pensar en las consecuencias de esa deuda? ¿O hay otras razones que lo explicarían?

Es indudable que en nuestro país el disparatado aumento de la deuda global de la economía se produjo principalmente en el sector privado, con incrementos de dos dígitos a partir de 2002 -manteniendo el PIB un crecimiento relativamente estable-, mientras que la deuda pública vivió un periodo de saneamiento desde 1996. Todos estos datos, con sus respectivos gráficos, se recogían en un revelador informe que el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (OCE) publicó el pasado año acerca del endeudamiento español.

Entonces, si fue el sector privado quien se endeudó hasta las cejas, ¿sería pues el mercado libre -por ejemplo, la ausencia de límites para el endeudamiento privado, la falta de controles públicos más exigentes, la avaricia de los bancos- el culpable de todos los problemas derivados de lo anterior?

¿Culpa de los agentes privados?

La respuesta, si se analiza la cuestión superficialmente y sin tener en cuenta factores de enorme relevancia, podría ser afirmativa: si han sido los agentes privados quienes han actuado mal, cabe pensar que el culpable es el sector privado. 

Sin embargo, la respuesta cambiaría si introducimos en el análisis factores fundamentales, y que más de una vez se dejan en el tintero. Y es que, no es casualidad que fuera a partir de 2002 cuando el endeudamiento privado comenzara a crecer exponencialmente. Una de las razones principales, aunque no la única, serían los tipos de interés artificialmente bajos que mantuvo el Banco Central Europeo durante demasiado tiempo, de los cuales nos ‘beneficiamos’ con la entrada en el euro.

Así, con rebajas de los tipos oficiales al 2%, por un lado, el coste del endeudamiento se reduce considerablemente, y por otro, aumenta el valor presente de las inversiones futuras. El resultado general es que se aumenta notablemente el atractivo de incurrir en deuda. La influencia de los tipos de interés sobre la expansión del crédito a la construcción, sector más afectado por ésta, también fue analizada por el OCE en otro informe.

¿Son estos tipos de interés consecuencia de los movimientos del mercado libre de fondos prestables? Lo cierto es que, en buena parte, los tipos de interés están influidos por los bancos centrales, entidades calificadas como “agencias de planificación central financiera”, por el catedrático de Economía Política, Jesús Huerta de Soto. O dicho de otra manera, que el mercado financiero, monetario y bancario, donde se determinan los tipos de interés, e indirectamente el nivel de deuda y crédito privados, están intensamente intervenidos y regulados.

Además de estos mecanismos por los que se ha fomentado la deuda privada, existen otros, como ciertas políticas que inducen a la asunción de mayores riesgos, y menor prudencia bancaria, como las políticas o garantías implícitas de rescates públicos y socialización de pérdidas -lo que genera la doctrina del “demasiado grande para caer”, por la que se crean importantes problemas de “riesgo moral”-, o la existencia de amplios seguros de cobertura sobre los depósitos bancarios, lo que reduce la disciplina y competencia entre los bancos al estar los depositantes asegurados, y también genera efectos de “riesgo moral”.

En EEUU entidades semi-públicas como los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, agencias públicas como la Federal Housing Administration, y otras regulaciones adicionales, contribuyeron a todo lo anterior.

Así pues, el hecho de que haya sido principalmente la deuda privada, y no la pública, lo que haya puesto en jaque al sistema financiero y económico, no significaría que los agentes privados hayan tomado sus decisiones en ausencia de señales distorsionadas (tipo de interés, crédito barato) que les hayan inducido a caer en errores sistemáticos de inversión, típica manifestación del ciclo económico.

Asimismo, habría que añadir que el notable incremento que se ha producido recientemente en la deuda pública no tiene efectos inocuos. Independientemente de si es el problema más importante al que se enfrenta la economía o no, en España existe un creciente riesgo de degradación de la calidad de la deuda del gobierno, las instituciones europeas están preocupadas por este hecho, el BCE nos ha llamado la atención, pudiendo seguir el camino de otros países en los que se han tenido que tomar medidas drásticas para suavizar estos problemas -como el recorte de salarios a los funcionarios-.

En Estados Unidos las cosas tampoco pintan nada bien, y analistas nada sospechosos de anti-estatismo como Nouriel Roubini, ya han alertado acerca de un “esquema ponzi” en la deuda pública norteamericana.

Una vez más, fracasan los intentos de exonerar al intervencionismo -monetario, inmobiliario, entre otros- de haber contribuido de manera determinante a generar la actual crisis.

En Libre Mercado

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