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Haití carga contra la ayuda internacional por hundir su sector agrícola

Los defensores de los envíos masivos de comida a las regiones afectadas por desastres naturales no dan crédito a la petición del Gobierno de Haití. Las autoridades piden que se detengan los programas de asistencia alimentaria porque hunden a los productores locales y fomentan la corrupción.

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Un soldado haitiano, a punto de golpear a un manifestante. | Archivo

De todas las cosas que se han escrito sobre la ayuda humanitaria enviada a Haití -tras el terremoto que ha terminado de destrozar al país caribeño- hay una que probablemente desconozca: el Gobierno local quiere que se detengan los envíos de ayuda humanitaria. Aunque suene extraño tiene su explicación, como revela un reportaje de la periodista Katie Courie, que trabaja en la cadena norteamericana CBS News.

Courie ha visitado Haití y ha entrevistado a responsables de UNICEF que, aunque están en desacuerdo con la petición de las autoridades locales sobre el cese de los envíos de alimentos, le ha explicado cuáles son las razones de esta polémica declaración oficial cuatro meses después de que un terremoto de 7 grados en la escala de Richter matara a más de 200.000 personas, con unos 250.000 heridos y dejando sin hogar a más de un millón de personas.

"Cuando el país recibe cantidades masivas de alimentos del exterior de forma gratuita se produce un hundimiento de los precios en el interior, de forma que la gente no puede comerciar y eso destroza los mercados interiores", indica Erin Boyd, uno de los nutricionistas que trabaja en Haití para UNICEF.

"En otras palabras" -señala el reportaje de CBS- "no hay nada peor que una ayuda excesiva. La efusividad de las ayudas públicas internacionales es tan generosa que está interfiriendo con la economía haitiana". Si la comida es gratis entonces los granjeros locales no pueden vender sus productos, llevándoles a la quiebra.

De esta forma, los ciudadanos que no se han visto hasta ahora afectados por las graves consecuencias del terremoto están desesperados, al verse obligados a trasladarse a campos de refugiados para poder comer y tener asistencia médica. Por ello, el Gobierno solicita que se detengan estos envíos masivos de alimentos, con el objeto de que la población local no sea tan dependiente de las ayudas externas.

El enfoque de las autoridades coincide con el expuesto por Susan Reichle, que trabaja para USAID, la agencia norteamericana encargada de distribuir las ayudas en Haití. Hasta ahora ha destinado 562 millones de dólares a paliar las necesidades básicas de los afectados por el seismo.

"El Gobierno nos ha solicitado que detengamos esta distribución alimentaria a gran escala, porque están empujando a muchas personas a los campos de asistencia por no poder mantener sus negocios. Estamos trabajando con ellos porque estamos totalmente de acuerdo en este enfoque de la situación", declara Reichle.

Además, el programa de ayuda de Naciones Unidas está generando una importante ola de corrupción en el país que preocupa incluso a autoridades gubernamentales locales. Se están creando bandas de delincuentes que interceptan los envíos y la venden en el mercado negro, que se ha creado precisamente ante el desabastecimiento generado por la quiebra de los agricultores locales. Lo que el Gobierno no dice es que estos criminales están siendo apoyados por altos oficiales de las fuerzas de seguridad y el ejército haitiano.

Estos son sólo algunos ejemplos de las variables que entran en juego cuando se intenta ayudar a una de las naciones más pobres del planeta. "El dinero y la comida se almacenan en hangares mientras la población se muere de hambre", concluye el reportaje de CBS News.

Dead AID, la ayuda que mata

Y es que las ayudas directas no siempre son lo más adecuado para reflotar un país. Pueden ser útiles en un momento puntual, pero no si se mantienen en el medio y largo plazo. Así lo denuncian incluso dentro del continente olvidado: La economista africana Dambisa Moyo ha sacudido los cimientos del pensamiento progresista políticamente correcto.

En su libro Dead Aid rechaza las ayudas económicas de los países más desarrollados porque estas inyecciones de dinero son las que están hundiendo al continente africano.

La tesis principal del libro es que la ayuda de los países occidentales está matando a África. Una vez superado el rechazo inmediato que genera este argumento en nuestras mentes inundadas por el pensamiento progresista políticamente correcto la economista africana justifica su enfoque con sólidos argumentos.

Moyo aboga por detener las ayudas económicas a los países africanos, excepto en caso de calamidades o catástrofes puntuales (como sucede cuando hay un terremoto o una sequía en el primer mundo), dejando que el continente construya una economía propia en el curso de los próximos cinco años.

El principal argumento de la economista para abolir la actual estructura de ayudas es que la mayoría de gobernantes africanos siguen en sus puestos porque el dinero sigue llegando desde Occidente.

Dambisa Moyo dice que 50.000 millones de dólares de ayuda internacional llegan a África cada año y todavía se ve la evidencia abrumadora que demuestra que esta ayuda ha hecho más pobres a los pobres. Además, el crecimiento es muy lento y deja a los países Africanos más endeudados, más propensos a la inflación, más vulnerables a los cambiantes mercados financieros, y son poco atractivos para recibir inversión extranjera.

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