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Valeriano Gómez desprecia el 'consejo' clave de Merkel para crear empleo

Trabajo rechaza la principal receta que recomienda Alemania para crear empleo: ligar los salarios a la productividad y no al IPC.

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El Gobierno no ha dado la callada sino, más bien, la negativa por respuesta. El ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, ha despreciado el principal consejo lanzado por el Gobierno alemán a España para volver a crear empleo.

En la víspera de la cumbre hispano-germana que se celebra este jueves en Madrid, la canciller alemana, Angela Merkel, envió un primer recado muy claro al Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero: es necesario gastar menos de lo que se ingresa (reducir el déficit) y, sobre todo, desligar los salarios de la evolución de la inflación.

Gómez, sin embargo, rechaza esta propuesta. El ministro ha defendido ligar los incrementos salariales a la previsión de IPC, tras asegurar que este modelo "no ha tenido una mala experiencia" y también sirve para "recuperar" pérdidas empresariales, como ocurrió en 2010.

"Tuvimos un mal año en 2009, con desplome de precios y salarios ya pactados, pero en 2010 el crecimiento del 1,1% de los sueldos y la subida de precios más allá del 3% nos permitió recuperar las pérdidas de empresas que se produjeron por la estabilización de los salarios", explicó Gómez en el desayuno informativo Nueva Economía Fórum.

Así pues, el ministro se desvinculó del consejo ofrecido por Merkel, quien insistió en la necesidad de que el modelo laboral español, junto al resto de países poco competitivos de la zona euro, fije salarios en función de la productividad y los beneficios, y no según la evolución de los precios.

A este desmentido tajante le siguieron declaraciones en un sentido opuesto de otro miembro del Gobierno, Ramón Jáuregui. En declaraciones desde Sevilla, el mensaje, aunque más ambiguo, iba en la dirección contraria a la de Gómez. Los periodistas le preguntaron por la sugerencia de Merkel y él consideró, que esa reflexión "tiene mucha lógica". El ministro de la Presidencia admitió que el sueldo "sin duda tiene que ir ligado a crecimientos en productividad" algo que, dijo, "a veces es limitativo y a veces superador".

Coste del despido

Mientras, Valeriano Gómez también rechazó que el coste del despido limite la creación de empresas, y aprovechó para defender la reforma laboral impulsada por el Gobierno, pues aseguró que ésta persigue la flexibilidad en las empresas para despedir "menos".

"No es un problema de coste de despido, sino de insuficiencia de flexibilidad interna. La clave es facilitar los ajustes. Este tiene que ser objetivo. Tenemos que tener un despido mucho más barato, pero del que no se abuse", indicó.

La cuestión es que estos dos puntos defendidos por Gómez son, precisamente, algunos de los principales obstáculos que existen en España para crear empleo, según numerosos organismos internacionales y expertos en la materia. La vinculación salarial al IPC y la particular rigidez laboral española explican, en gran medida, la escasa competitividad y la elevada tasa de desempleo que sufre la economía nacional.

Altos costes laborales

Tal y como avanzó Libertad Digital, las grandes diferencias de competitividad que presentan Alemania y España se pueden resumir en siete claves. Una de ellas es, sin duda, la divergente evolución de los costes laborales en ambos países.

España es la segunda gran economía de la UE en la que más ha subido el coste laboral por unidad producida entre 1999 y 2009, sólo por detrás de Italia. De este modo, cuando comenzó la crisis, las empresas españolas se vieron atrapadas en una espiral de altas costes y baja competitividad que, como resultado, disparó la destrucción de empleo.

En concreto, desde 2003, la diferente evolución de los costes laborales se acentuó de forma progresiva, llegando a dispararse de forma evidente con el estallido de la crisis. Así, mientras que desde 2008 las empresas germanas han visto descender sus costes laborales reales (en relación a la inflación), las hispanas aumentaban.

Un punto trascendental para la competitividad de un país que, precisamente, está íntimamente ligado al grado de flexibilidad existente en el mercado de trabajo (un marco que comprende múltiples variables, entre ellas, el coste del despido y, sobre todo, la existencia de convenios laborales). Las profundas reformas laborales emprendidas por el Gobierno alemán a lo largo de la última década han terminado por eliminar el rígido cinturón de los convenios.

Y es que, éstos tan sólo se aplican a los trabajadores sindicados. Además, las empresas alemanas se pueden descolgar fácilmente de tales regulaciones debido a la amplia descentralización que existe en las negociaciones entre sindicatos y empresas. En Alemania del Este, apenas el 38% de los trabajadores están sometidos a un convenio sectorial y en Alemania occidental el porcentaje ha descendido en más de doce puntos durante la última década, hasta situarse en el 56%.

Por si fuera poco, en Alemania rigen las llamadas "cláusulas de no aplicación", que permiten modificar jornadas laborales, recortar salarios y bonus o retrasar el pago de ciertas retribuciones en caso de dificultades. Es decir, nada que ver con la regulación laboral española. De hecho, España cuenta con uno de los mercados laborales más rígidos del mundo, según los informes anuales que elabora el Banco Mundial.

¿Resultado?

El siguiente gráfico refleja la evolución de la competitividad económica a lo largo de los últimos años. España, curiosamente, es el país que he perdido una mayor competitividad en la UE entre 1998 y 2010. Alemania, por el contrario, es la economía que ha ganado mayor productividad relativa.

Gráfico: Evolución relativa de la competitividad en la Eurozona. Índice: 1998 = 100. Los incrementos representan pérdidas relativas de competitividad y las disminuciones aumentos de competitividad relativa. Fuente: European Commission.

Asimismo, España lidera, igualmente, la tasa de paro de la UE, mientras que Alemania goza de pleno empleo y apenas ha destruido puestos de trabajo durante la dura recesión vivida en los dos últimos años (empleos que ha recuperado de inmediato e, incluso, ha incrementado en cuanto su PIB empezó a repuntar).

El éxito del modelo alemán gira en torno a varios ejes estructurales: como la austeridad en el gasto público y la absoluta moderación salarial -sus sindicatos han entendido que los salarios deben subir sólo con la productividad-, tal y como señala el profesor del Instituto de Empresa (IE) Rafael Pampillón.

"Ese comportamiento sindical y empresarial [centrado en la inversión en I+D] les ha colocado en una posición competitiva muy buena que les está permitiendo salir de la crisis gracias a las exportaciones. Su oferta exportadora tiene, desde hace años, un importante componente de productos de alta tecnología (bienes de equipo, maquinaria, trenes de alta velocidad, camiones, productos químicos y farmacéuticos, coches de alta gama, etc.)". Una ventaja competitiva que se materializa en un amplio superavit en su balanza de pagos (comercio exterior).

Gómez desprecia la receta de Merkel y, por tanto, el modelo laboral alemán e insiste en que el mercado laboral español es un ejemplo de "éxito", si por "éxito" se entiende casi 4,7 millones de parados en enero de 2011... Y subiendo.

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