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Rajoy invoca la ley pero ofrece a Mas diálogo "sin fecha de caducidad"

Rajoy queda a "disposición" del "president" para trabajar "conjuntamente", pero desde "la exigible lealtad institucional" y el respeto a la ley.

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Mariano Rajoy, durante la reciente cumbre del G-20 | EFE

Compromiso de diálogo "desde la exigible lealtad institucional y desde el respeto al marco jurídico que a todos nos protege y que a todos nos vincula". Ni una palabra altisonante, ni una referencia expresa a las herramientas que le ofrece la Constitución -que no cita en ningún caso- para acabar con la insubordinación, pero Mariano Rajoy, con ese estilo que en ocasiones tanto exaspera, ya le ha dicho por carta a Artur Mas que no va a permitir el referéndum.

No hace falta comprobar el autor de la misiva para darse cuenta que lleva el sello del presidente y de su círculo más próximo de colaboradores -como Pedro Arriola o Jorge Moragas-. A tenor de lo que escribe, si por algo quiere ser recordado en este grave conflicto es por su incansable deseo de parlamento: "Siempre he sido, y creo haberlo demostrado, una persona comprometida plenamente con el diálogo como forma de resolver las diferencias políticas o de cualquier otra índole".

Los puentes con la Generalidad siguen tendidos a pesar de sus ansias independentistas, que volvieron a ser demostradas en la Diada. Pero las líneas rojas no cambian y no hay planes de cambiar la Constitución. El presidente invoca al "marco jurídico" de todos para rechazar la consulta secesionista. Ésta era la respuesta política anunciada por la vicepresidenta en la víspera y con la que el Ejecutivo ofrece su postura ante la opinión pública, y por escrito. La máxima parece clara: "El diálogo no tiene fecha de caducidad cuando se trata de atender el interés general de los españoles y, por ello, de todos los catalanes". Aunque, si llega el caso, se hará cumplir las reglas de juego.

Rajoy se presenta como el presidente de todos y se deja de amenazas. Con la Carta Magna en la mano, podría haber advertido a Mas de que, en caso de que prosiga su andadura, puede hacerse con el control del Gobierno autonómico. Nada de eso transmite la misiva: "Estoy convencido de la extraordinaria relevancia que Cataluña tiene para el conjunto de España y de la riqueza, pluralidad y singularidad de la sociedad catalana", dice en tono conciliador.

El jefe del Ejecutivo no habla de financiación autonómica ni de ceder más competencias. Sus letras nada tienen que ver con el discurso de José Manuel García Margallo, a favor de un marco más favorable para esta comunidad, ni tampoco con el de los sectores que esperaban más contundencia. Va anillo al dedo con la "firmeza" y la "serenidad" promocionada por Soraya Sáenz de Santamaría.

La mayor solidez de Rajoy llega a la hora de hablar de los lazos de los españoles. "Los vínculos que nos mantienen unidos no pueden desatarse sin enormes costes afectivos, económicos, políticos y sociales". Es ahí cuando el presidente deja claro: "Por supuesto, quiero transmitirle la firme convicción de mi Gobierno de que hemos trabajar por el fortalecimiento de esos lazos y huir de los enfrentamientos". Y vuelve a remachar: "Debemos hacerlo desde la lealtad recíproca y el fomento de la corresponsabilidad en las dos direcciones".

Es lo que un ministro muy implicado denomina, en conversación informal con este diario, "cordialidad y buenismo en las formas" y "contundencia en el fondo". Según asegura, el Ejecutivo tiene la determinación de no permitir el referéndum y la pelota ahora está en el tejado de Mas. Su tesis es que acabará tirando la toalla y, victimismo de por medio, convocará "elecciones plebiscitarias".

"Juntos ganamos todos y separados todos perdemos", exclama Rajoy en su breve escrito. Si una palabra se repite es la de "lealtad", pues la Generalidad bien ha demostrado en varias ocasiones no cumplir las sentencias, por ejemplo en materia lingüística.

Y, de nuevo y para terminar, buenas palabras: "Desde el profundo afecto que siento por la sociedad catalana en su conjunto y el respeto institucional a la Generalitat que usted representa hoy, quedo a su disposición para trabajar conjuntamente". Esto es, para seguir con los contactos discretos, la negociación soterrada, e intentar llegar a acuerdos. "Quedo a su disposición", asegura el presidente, para "trabajar conjuntamente y ofrecer así la mejor respuesta a las necesidades reales de todos los ciudadanos". Al "president" le despide "cordialmente", aunque el Gobierno se prepara para una etapa muy sombría y de alta tensión.

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