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Gritos de "¡libertad, libertad!” en la plaza de toros de Barcelona

La decisión de abolir las corridas de toros provocó la reacción de los aficionados a la fiesta nacional y de algunos políticos.

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Tal día como hoy, 24 de septiembre, pero de 2011, Libertad Digital contaba en su portada la reacción del público en la penúltima corrida de toros en La Monumental que contó con la presencia de "El Juli", José María Manzanares y "Morante de la Puebla".

Los dos primeros consiguieron abrir la Puerta Grande y las vueltas al ruedo que protagonizaron los dos diestros estuvieron acompañadas de gritos de "¡libertad, libertad!" y "¡Cataluña es taurina!", que también se pudieron escuchar en los descansos de la penúltima corrida de toros en Barcelona antes de la entrada en vigor de la prohibición de la ‘fiesta nacional’ que se iba a producir el 1 de enero de 2012.

Un día después La Monumental vivió la que hasta la fecha ha sido la última corrida de toros y comenzó con ovaciones cerradas a los toreros y gritos de "¡libertad, libertad!". El madrileño José Tomás cortó dos orejas, las mismas que el catalán Serafín Marín a "Dudalegre", el último toro de la historia. A pesar de que el extremeño Juan Mora no obtuvo triunfos con sus dos toros, también fue sacado a hombros por los aficionados.

A la cita también acudieron políticos catalanes contrarios a la prohibición. La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho dijo que "seguirá luchando" para que los toros volvieran a Cataluña. Por su parte, Albert Rivera, presidente de Ciudadanos y no aficionado a las corridas de toros, aseguró que "vengo porque estoy en contra de las prohibiciones y porque los partidos que han votado la prohibición no lo han hecho para defender a los animales sino porque quieren romper con todo lo que tenga que ver con España".

Tras el cierre de la plaza de toros surgieron numerosas teorías sobre su futuro. Desde que la histórica plaza sería donada a la Qatar Fundation para convertirla en la mayor mezquita de Europa hasta un centro ecológico. Propiedad de la familia Balaña, cedió su explotación a la Casa Motilla y se destinaría a eventos musicales y espectáculos circenses.

Al margen del aspecto cultural, también se habló de la repercusión económica que tendría la decisión adoptada por el parlamento catalán. Los abolicionistas sostenían que era "un capricho de unos pocos subvencionado con dinero de todos". Sin embargo, los datos no les deban la razón. En 2010 las corridas de toros recaudaron 350 millones de euros en taquilla, superando ampliamente a la recaudación del cine español que ese mismo año obtuvo poco más de 80 millones. Tan sólo en concepto de IVA el Estado recaudó de los toros casi 42 millones de euros por lo poco más de 7 del cine.

En el caso concreto de Cataluña, prohibir los toros le costaría a la Generalidad de Cataluña unos 20 millones de euros para indemnizar a la propietaria de la plaza de toros, la empresa Balaña y la sociedad gestora del coso taurino, Casa Matilla.

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