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El "ciucidio" de Artur Mas

Los grandes empresarios catalanes rehúsan las fotos con el presidente de la Generalidad y prescinden de Duran como "encargado de negocios" en Madrid

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Los grandes empresarios catalanes rehúsan las fotos con el presidente de la Generalidad y prescinden de Duran como "encargado de negocios" en Madrid
Artur Mas | Archivo

La deriva separatista del gobierno autonómico catalán ya ha empezado a causar graves daños a la actividad económica de los empresarios. Algunos de los más poderosos, como el editor José Manuel Lara, o el presidente de Freixenet, José Luis Bonet Ferrer, han mostrado su malestar por la situación en público y han lanzado duros reproches a Mas. Bonet, por ejemplo, ha afirmado en The New York Times que "Cataluña es parte esencial de España", una declaración impensable hace tan sólo un par de meses.

Las "deserciones" del empresariado catalán respecto a los planes de ruptura con España de CDC y ERC aumentan día a día. En privado, se quejan de la presión de los consejeros autonómicos, de las peticiones de adhesión inquebrantable, del chaparrón de llamadas que reciben y, además, comentan que el presidente de la Generalidad les habría llegado a decir que los problemas económicos que pueda sufrir Cataluña con la exclusión de la UE son un "daño colateral" del camino "irreversible" hacia la independencia. Alegan que no pueden hablar porque están sometidos a un férreo marcaje por parte de personajes del entorno del president, como su portavoz Francesc Homs, uno de los más activos a la hora de recabar apoyos, pero también a la hora de recriminar la supuesta tibieza de una clase empresarial que en su mayoría ha optado por el silencio.

En público, el aislamiento de Artur Mas es cada vez más evidente. Ha tomado por costumbre llegar a los actos rodeado de consejeros autonómicos y asesores para evitar el vacío que suele formarse a su alrededor, dado que ningún dirigente empresarial de cierta envergadura quiere que le retraten a su lado. Esa situación fue particularmente evidente durante la entrega de los premios Planeta, el pasado jueves y, según fuentes del propio partido de Mas, influyó tanto en su plante a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría de ayer como el hecho de no presidir el acto porque el protocolo institucional lo había relegado a un segundo lugar. Hasta Joan Rosell, el presidente de la CEOE, que hasta hace unos días se había mostrado contemporizador con el "proceso" separatista, ha descalificado el "memorial de agravios" de la Generalidad al decir que todas las Comunidades se quejan del trato de la administración central.

Sin embargo, la mayoría de los empresarios y altos ejecutivos catalanes insisten en que no pueden hablar por "razones comerciales", pues temen la capacidad movilizadora del separatismo y que la más leve crítica pueda provocar un boicot a sus productos en el mercado interno. "Víctimas" silenciosas ante los medios, en privado se lanzan a relatar detalles sobre el mesianismo de Mas, su actitud altanera y su pertinaz tendencia a justificar los delirios radicales con frases como "prefiero estrellarme a pasar a la historia como un traidor a Cataluña". Así, los dirigentes económicos que antes prestaban su apoyo "incondicional" a la Generalidad intentan ahora escabullirse del "abrazo" de Mas. Y si Mas no está, de sus "enviados especiales".

Ese es el mensaje que recibió el viernes la vicepresidenta del Gobierno durante el acto de entrega de medallas de la patronal catalana, Fomento del Trabajo, cuyo protagonismo junto al plante de Mas dejó en evidencia la "voluntad de diálogo" de los nacionalistas.

Al margen de las cuestiones económicas, los planes de ruptura de la federación nacionalista CiU también han disparado las alarmas entre la clase empresarial, que ya no confía en el líder de Unió, Josep Duran, como "encargado de negocios" en Madrid. El mundo financiero catalán también le trasladó este mensaje a Soraya Sáenz de Santamaria, así como que ya dan por finiquitada la federación nacionalista. Auguran un panorama muy complicado para el propio Duran, que de ser un eje de la política catalana se ha convertido en un "bulto sospechoso", según la expresión acuñada por los talibanes de Convergencia. Pero la mayoría en CDC habla ya de la inmolación (o "sacrificio" en la versión de sus cada vez más escasos partidarios internos) de Artur Mas, una especie de "ciucidio asistido" por Oriol Junqueras y las encuestas cocinadas por Francesc Homs (las del sorpasso del líder de ERC) para justificar la creación de una plataforma separatista sin Unió.

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