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La semana más dura de Rivera

El líder de Cs rompe con Valls y rectifica sus palabras sobre Macron, pero el pacto del PSOE en Navarra alimenta su 'no es no' a Sánchez.

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La semana más dura de Rivera
Albert Rivera, el pasado jueves en Bruselas. | EFE

La historia ficción siempre es compleja, pero invita a hipótesis a las que a veces es difícil sustraerse. En el agitado panorama político español, hay dos sucesos de los últimos días que, de haber sido distintos, hubiesen podido cambiar notablemente el rumbo de los acontecimientos.

El primero, lo ocurrido en el Ayuntamiento de Barcelona el 15 de junio, cuando, de no haber mediado una mayoría contra natura de los comunes, el PSC y Manuel Valls y los otros dos concejales independientes de la lista que respaldó Ciudadanos, ERC estaría gobernando, por primera vez en su historia, el consistorio de la Ciudad Condal; el segundo, el acuerdo para la Mesa del Parlamento de Navarra, que gracias al PSN presiden los nacionalistas de Geroa Bai y en la que está Bildu.

Ambos han marcado la semana política de Albert Rivera, una de las más difíciles que ha vivido nunca el líder de Ciudadanos. Dos acontecimientos que le han dado oxígeno político en dos de los frentes que tiene abiertos, su ruptura con Valls y las presiones crecientes para que facilite, al menos con una abstención, la investidura de Pedro Sánchez. Peor parado ha salido del tercer frente, sus pactos indirectos con Vox, cada vez en más administraciones, y la incomodidad que generarían los mismos en sus socios liberales europeos, singularmente en el presidente francés, Emmanuel Macron.

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El presidente francés, Emmanuel Macron.

Rivera llegó a afirmar el jueves en Bruselas que el Elíseo le había "felicitado" por su política de pactos, una afirmación que apenas horas después Ciudadanos tuvo que matizar, asegurando que había sido el partido de Macron, En Marche, y no el Gobierno francés el que se habría congratulado de sus pactos. Así han sido cuatro días intensos en la tercera fuerza política de España.

Lunes

El Comité permanente de la Ejecutiva de Ciudadanos se reúne tras un fin de semana en el que la constitución de los ayuntamientos daba a los de Rivera el histórico resultado de ostentar la alcaldía de seis capitales de provincia, tres de ellas compartidas a medio mandato con el PSOE (Albacete y Ciudad Real) y el PP (Badajoz). Después de varias semanas, es la portavoz, Inés Arrimadas, quien realiza la rueda de prensa, en la que tarda poco en entrar en materia.

Cuando lleva hablando dos minutos, en los que hace una valoración general de los nuevos ayuntamientos, Arrimadas lanza el primer dardo contra Ada Colau por colocar un lazo amarillo en la fachada del consistorio. "Resulta que teníamos razón" presume, y añade: "La señora Colau ha hecho lo mismo que haría el señor Ernest Maragall. Como primera medida, poner el Ayuntamiento al servicio del separatismo" sentencia, antes de soltar la bomba: "Hemos decidido separarnos de Manuel Valls en el Ayuntamiento de Barcelona, y tendremos grupo propio, con nuestros tres concejales".

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Inés Arrimadas, durante su rueda de prensa del pasado lunes.

La hasta hace apenas meses líder de la oposición en Cataluña saca definitivamente a la luz lo que era un secreto a voces, la ruptura entre Rivera y Valls, que llevan meses sin hablarse, y que no compartieron ningún acto en la campaña de abril ni en la de las municipales de mayo. En el turno de preguntas, Arrimadas tiene que hacer frente también a muchas preguntas sobre la participación de Vox en el Ayuntamiento de Madrid. Con el guion bien aprendido, y blandiendo el texto de la composición de la Junta de Gobierno de la capital de España, Arrimadas presume de no compartir coalición con los de Santiago Abascal. "El Ayuntamiento de Madrid tiene nueve áreas de Gobierno. Cinco son para el PP y cuatro son para Ciudadanos. No hay ni un solo partido que no sea el PP o Ciudadanos que tenga áreas de Gobierno en el Ayuntamiento de Madrid".

Y también tira de guion para hacer frente a las críticas cada vez más elevadas de los fundadores del partido. Se pronuncia son suficiencia sobre sus "muchas diferencias" con Arcadi Espada y "con todo el cariño" acusa a Francesc de Carreras de haberse "equivocado siempre" en sus diagnósticos sobre el partido que contribuyó decisivamente a fundar en 2005.

Martes

Los concejales de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona no serán tres, como anunciaba veinticuatro horas antes Arrimadas, sino cuatro, aunque uno de ellos en calidad de independiente. Se trata del ex socialista Celestino Corbacho, quien fuera en su día ministro de Trabajo con Zapatero, alcalde de Hospitalet y presidente de la Diputación de Barcelona , institución a la que podría volver en breve.

El ex miembro del PSC mantiene la incógnita durante toda la jornada tras despachar con Valls y con la cúpula de Ciudadanos, pero finalmente anuncia que abandona al ex primer ministro francés y se queda con Rivera.

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Maragall, Colau y Valls, en el Ayuntamiento de Barcelona.

Aunque curiosamente Corbacho fue uno de quienes, con su decisivo voto, permitió la reelección de Colau. Una circunstancia que el presidente de Ciudadanos en Cataluña, Carlos Carrizosa, trata de justificar con equilibrismos retóricos, aludiendo a que debía obediencia al cabeza de su grupo, Valls, dado que no estaba sujeto a la "disciplina de voto" como los tres concejales de Ciudadanos que se abstuvieron en la constitución del consistorio.

Reteniendo a Corbacho, Rivera puede darse por satisfecho por el desarrollo de la jornada e irse a dormir tranquilo. Todo lo tranquilo que le dejase saber que el miércoles, a primera hora, Manuel Valls ofrecía una rueda de prensa.

Miércoles

A las 11 de la mañana, la sala de prensa del Ayuntamiento de Barcelona es un hervidero. Varios periodistas han tenido que sentarse en el suelo ante el exceso de aforo. Una expectación insólita para la comparecencia de un concejal, Manuel Valls, que apenas se representa a sí mismo y a su compañera Eva Parera.

El francés, zorro viejo, lleva milimétricamente escrita su feroz andanada contra Rivera, al que se dirige en términos que pocas veces antes, por no decir nunca, ha tenido que escuchar el líder naranja. En síntesis, le culpa de sacrificar todo a su estrategia de arrebatarle a Pablo Casado la hegemonía del centroderecha. Incluso, advierte, el espacio del constitucionalismo en Cataluña, lleno ahora, a su juicio, de "huérfanos".

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Manuel Valls, durante su rueda de prensa del miércoles.

Valls lanza un guiño a Arrimadas y también a los fundadores del partido, y aunque tira de símil futbolístico "pelota al suelo" para definir su actual situación, queda claro que está preparando una nueva aventura: erigirse en el líder de la Cataluña no nacionalista, seguramente con la vista puesta en las próximas autonómicas. Lanza también guiños a las bases de los comunes, de las que asegura que no se puede decir, sin "mentir" que sean independentistas, aunque al mismo tiempo arremete contra el PSC por frustrar la alcaldía del popular Xavier García Albiol en Badalona. Las intenciones se le ven a la legua.

La primera reacción llega, curiosamente, desde Pamplona, donde Inés Arrimadas asiste a la constitución del Parlamento de Navarra en la que el PSN termina allanando el camino a los nacionalistas. "No admitimos lecciones de constitucionalismo de nadie" afirma la portavoz naranja.

Jueves

No es el escenario más idóneo para afrontar una reunión con los liberales europeos en Bruselas ni mucho menos para someterse, como es habitual antes del encuentro, a las preguntas de los periodistas. Pero Rivera se pone a ello. Suelta la mano contra Valls aunque con el menosprecio medido de no citarle en ningún momento, y alude a la diferencia entre quienes "llevamos décadas luchando contra el nacionalismo" y los que llevan "un cuarto de hora". Para el líder naranja, que sus votos no podían haber ido a Colau "es de libro".

Asediado por los pactos indirectos con Vox y por la opinión de los mismos que pueda tener su familia comunitaria, comete un desliz, asegurando que el Elíseo les ha "felicitado" por los mismos. Horas después su equipo tiene que transmitir a la prensa una rectificación. Para combatir la imagen de líder con problemas entre sus correligionarios, su equipo se afana en mostrar en las redes sociales la foto de familia de los liberales, en la que aparece en un lugar muy preferente junto a la danesa Margrethe Vestager, a la que postulan como presidenta de la Comisión Europa.

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El líder de Ciudadanos en Europa, Luis Garicano.

El propio Rivera presume de que el grupo liberal en la Eurocámara tendrá a Luis Garicano como vicepresidente y encargado de los asuntos económicos. La relación con su gurú económico, sin embargo, vive sus horas más bajas después de un curso político en el que el profesor de la London School Of Economics le desafió y venció abiertamente en las primarias de Castilla y León, respaldando a su viejo amigo Francisco Igea.

Pero al margen de todo, Rivera se agarra a Navarra para reafirmarse en su particular ‘no es no’ a Pedro Sánchez, el único presidente, dice con énfasis, que ha "pactado con Batasuna". Un rechazo a la abstención o colaboración con el PSOE que esta misma semana pedía el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.

Que Rivera está más cuestionado que nunca es un hecho, tanto externa como internamente, donde el sector de Garicano ve con mucha preocupación que se supedite todo a una estrategia, la de acabar con el PP, "incierta" y que por el camino podría hacer perder las esencias de un partido nacido entre otras cosas, recuerdan, para impedir que los nacionalistas condicionasen la política nacional.

Pero no es menos cierta la robustez de su liderazgo, apuntalado en su extraordinario resultado en las elecciones generales de abril. Un liderazgo orgánico asentado en un núcleo duro, el que comanda su número dos, José Manuel Villegas, sin fisuras. Aunque alrededor del cual empiezan a surgir dirigentes con poder territorial, ya sea alcaldes o vicealcaldes de capitales de provincia, vicepresidentes autonómicos o presidente de parlamentos autonómicos. Unos niveles de poder que nunca nadie había alcanzado en Ciudadanos y que otorgan cierta autonomía política nada despreciable.

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