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El repliegue de los hombres fuertes de Rivera facilita la transición a Arrimadas

La presidenta in pectore se mueve con cautela ante las incógnitas sobre su futuro equipo y el rumbo ideológico de Cs tras su congreso extraordinario.

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La presidenta in pectore se mueve con cautela ante las incógnitas sobre su futuro equipo y el rumbo ideológico de Cs tras su congreso extraordinario.
Rivera, el día de su dimisión junto a Villegas, de Páramo y Arrimadas. | EFE

Albert Rivera despedía este jueves, en un mensaje en su cuenta de Instagram, a dos de sus más estrechos colaboradores, José Manuel Villegas y Fernando de Páramo, que apenas diez días después de la dimisión como presidente de Ciudadanos de su jefe tomaban el mismo camino, renunciando a la vida política, y en el caso de De Páramo a su escaño por Barcelona, obtenido el pasado 10 de noviembre.

Con el diminutivo de apellido y nombre que denota la confianza y cercanía con ambos, Rivera definía a "Ville" como "un trabajador incasable y una de las mejores cabezas que he conocido para la negociación de acuerdos y para la política" y a "Fer" como "un crack de la comunicación, un gran tipo con el que he tenido la suerte de cruzarme en la vida". Concluía el ex líder naranja sobre ambas salidas "de la primera línea política" que "es una mala noticia para España, pero también un ejemplo de honradez y señorío".

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Rivera, con Villegas y Girauta en el Congreso. | EFE

Lo cierto es que, tras el batacazo electoral del 10-N, Ciudadanos está empezando a trazar un "nuevo rumbo" tal y como en aquella aciaga noche para el partido anunció el propio Rivera, horas antes dimitir. Villegas y de Páramo son parte esencial de la cúpula riverista, integrada también por otro retirado de la política, Juan Carlos Girauta, y por los hasta ahora secretarios de organización y de finanzas del partido, Fran Hervías y Carlos Cuadrado, que de momento no han tomado el camino de sus compañeros.

Campaña para salvar al secretario de Organización

Hervías protagonizaba en la última semana una campaña en su defensa en Twitter a la que se sumaban muchos militantes naranjas y también dirigentes como el portavoz en la Asamblea de Madrid, César Zafra, o la portavoz en Educación y diputada por Alicante, Marta Martín (la única que conserva su escaño desde las elecciones de diciembre de 2015) quienes elogiaban su labor para implantar el partido, algo que en términos hiperbólicos hacía también Girauta, asegurando que implementó esa tarea "él solito".

Lo cierto es que en buena parte de ese territorio, como el norte de España, la implantación es prácticamente inexistente y Ciudadanos es una fuerza residual. Algo preocupante teniendo en cuenta el calendario electoral, ya que en 2020 se celebrarán elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, donde Rivera cosechó hace tres años su primer fracaso en las urnas, al quedarse fuera de ambos parlamentos regionales. Sin embargo, muchos de los que sí creen positivo el relevo en el área de comunicación o en la secretaría general, sostienen que sería un error hacer lo mismo en otro departamento tan sensible como el de organización.

La campaña en las redes en defensa de Hervías no es ajena a las tensiones del responsable de organización con el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, uno de los nuevos barones naranja, junto a sus homólogos en Madrid, Castilla y León y Murcia, Ignacio Aguado, Francisco Igea e Isabel Franco. Marín, Aguado e Igea ya han hecho notar su voz en este periodo previo al congreso extraordinario, que a partir del 10 de marzo (la fecha exacta la establecerá el próximo día 30 el Consejo General, máximo órgano entre congresos, que también designará una gestora) elegirá, seguramente sin oposición, a Inés Arrimadas como nueva presidenta, aunque está por saber con qué equipo.

¿Quiénes estarán en el equipo de Arrimadas?

Y es precisamente esta cuestión la que genera mayores incógnitas, así como si el nuevo "rumbo" al que aludía Rivera afectará también a cuestiones ideológicas. De momento Arrimadas, en sus contadas apariciones públicas y entrevistas, habla de fallos en la estrategia y la comunicación. Villegas, por su parte, en las dos ruedas de prensa que protagonizó entre la dimisión de Rivera y su propio adiós a la política, no dudó en desautorizar expresamente a Igea y Marín.

Primero por el cambio de alianzas en sus respectivas comunidades que llegaron a plantear para sustituir al PP por el PSOE, "no hay cambio de cromos" dijo, y segundo por la sugerencia de Marín de que cabría una abstención para facilitar la investidura de Pedro Sánchez. Además, el hombre que siempre fue mano derecha de Rivera rechazó que se pudiera volver a abrir, como en la IV Asamblea General de Ciudadanos celebrada en 2017 en Coslada, el debate entre socialdemócratas y liberales que se saldó entonces con una rotunda victoria de los segundos, encabezados no en vano por Rivera, frente al sector crítico que lideraba el hoy eurodiputado Jordi Cañas y que era muy fuerte en Cataluña.

"En el pasado congreso lo que hubo fue una ratificación de algo que ya se estaba produciendo de facto. Nosotros ya formábamos parte del Grupo Liberal europeo desde antes y en ese congreso se ratificó que nuestro espacio no está, hablando de grandes familias políticas a nivel continental, ni con los socialdemócratas ni con los conservadores. Eso está claro, es la esencia de este partido" sostenía Villegas, quien añadía que "no creo que en el partido esté instalado ese debate".

Queda por saber, por tanto, de quién se rodeará Arrimadas y ya está claro, tras las salidas de Villegas, De Páramo y Girauta, que su Ejecutiva no será de excesiva continuidad ni tampoco tan catalanocéntrica como la de Rivera, que aún seguía respondiendo al origen del partido más que a un correcto equilibrio territorial. Ciudadanos gobierna en cuatro comunidades autónomas y en varias capitales de provincia y ciudades importantes, ninguna de ellas en la Cataluña que vio nacer en 2006 a la formación, pese a que sigue siendo el primer partido del Parlament.

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Arrimadas y Villacís, en un acto con Rivera. | EFE

A nadie se le oculta el peso que tiene Madrid, donde Ciudadanos está ya tanto en el Gobierno autonómico como en el de la capital. Aguado deslizó a través de su entorno, nada más conocerse la dimisión de Rivera, que podría postularse para presidir el partido si Arrimadas no lo hacía o si, tras hablar con ella, no le convencía su proyecto. Un paso en falso que el propio vicepresidente de la Comunidad de Madrid rectificó luego en público, pero que no sentó bien entre la vieja guardia próxima a Rivera. Una actitud muy distinta a la de la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, quien en una entrevista en esRadio daba ya por elegida a Arrimadas. Podría estar en su Ejecutiva y quién sabe si en puestos de mucha responsabilidad.

Primeros pasos cautelosos

Por lo demás, la cautela marca los primeros pasos de Arrimadas, que al ser presidenta del grupo parlamentario tiene margen para ir ejerciendo de facto como líder del partido. Como tal esta misma semana realizaba su primera reunión en las dependencias del Congreso con representantes de la escuela concertada, a las que respaldaba tras las polémicas declaraciones de la ministra de Educación en funciones, Isabel Celaa, cuestionando que la libertad de elección de centro fuese un derecho constitucional. Arrimadas delegaba la atención a los medios en Marta Martín, quien lamentaba la "cruzada" del Gobierno socialista contra ese tipo de colegios.

También recibía la llamada de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, de cara a la futura investidura. En Twitter la presidenta in pectore de Ciudadanos mantenía un perfil bajo, salvo para valorar la sentencia de los ERE (sin pedir expresamente la dimisión de Sánchez, como sí hacía Rivera), recordar elogiosamente a Ernest Lluch en el aniversario de su asesinato por parte de ETA; poner en valor una iniciativa contra la contaminación realizada por Ciudadanos en Valdemorillo (Madrid) o arremeter contra el alcalde socialista de León, José Antonio Diez, por reclamar que su provincia sea una comunidad autónoma.

Sólo ella sabe cómo será la futura cúpula naranja, pero el repliegue de filas del riverismo le permitirá ejecutar su particular 'Perestroika' sin que haya demasiadas víctimas por el camino.

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